Vienes porque me añoras
- Che rechaga’úpa ajeve reju (guaraní)
Cómo te llamás. Pol ñi umán
Tenía la estatura incierta como su edad, aunque era innegable su digno origen sudamericano, en contraste con los transeúntes asiduos de Viena. Algo debió sentir en la voz de la pregunta para que rompiera su hosquedad y su secreto.
Y quién te puso ese nombre. Mi mama quién iba a ser, ella decía que tuvo cría y me anombró. Como no estoy arregistrao en un civil, desde que estuvimos lejos me contaba siempre el segundo en que me salté de ella y por qué me dio un alma llamada así, pa`que no lo olvide al presentarme cuando llegue.
A dónde. Al país que ando rastreando.
Chamigo mire que en la tele yo he oído ese nombre, y no es de usté, el dueño tiene cara gringa. (ya no tuteaba a pesar de que se le hacía, que, el olor del otro le resultaba cercano; sintió necesidad de mostrarle respeto).
No me entendió, es mío la mama lo dijo: te di el pol como el eco que se oía en la barranca cuando yo pujaba a grito de coraje y ñi umán había alrededor, sólo animales quietos, callando pa`acompañar mi alumbramiento.
Sabe que ahora que veo por su boca las palabras que pintan el sublime de su nacer, recapacito y nada que ver su nombre con el que yo decía conocer; me dejó temblando con su parición vea. Ahora si me permite le cuento algo de mi, siento que andamos raiceando parecido. Soy hijo del monte correntino, pero me crié en Austria, mis viejos vinieron en épocas de escaparse o morir allá en Argentina. Se la tenían jurada después que levantó el obraje en reclamo de paga justa no querían más el cuento de “conformate, bien pagado estás, con un lienzo bajo dormir y un sopero para todos”.Y así llegamos, tocando el acordeón en los paseos obligados a orillas del Danubio, engañándonos con que tenía sangre del Paraná e inventando la forma de entenderse con las manos ,menos mal que siempre las manos vió, trabajan nos salvan y nos miman. Un viejo amigo de mi abuelo nos hizo el mejor regalo de sobrevivencia y despedida con los pasajes; había sido anarquista acá en Europa y no le bajaban al austriaco sus rebeldías en busca de equidad, ni a sus 90 años. Y yo sigo resistiendo con la música de mi cepa criolla juntando un volver. Pero usté dice que busca el país que anda rastreando, cuál, cómo se apropició por estos pagos.
No lo sé. (sorpresa del otro y siguió). A veces sueño con un barco con velas y remos, con un agujero oscuro donde viajo; no entiendo lo que me dicen y me separan de mi mama. Digamé cómo tengo en mis ojos el lugar del eco aquel que le conté, si nunca viví allí, si paso las paredes, salgo por viejos cuadros o despierto encuereado solo con un tejido tapando el rabo. Me pregunto cuándo podré encontrarme conmigo mismo. El alma me la robaron en unos cartones que llaman fotos, pero ellos no saben que mi nombre la contiene y no voy a dejar que me lo saquen.
Y su madre. No lo sé (y enmudeció un rato mirando adentro a la mujer nombrada y abrazándose a si mismo la pensó Che sy, mi hacedora). La figura de la muerte estaba presente, alguna vez me animó a mostrar coraje a decirme que el mombyrygua, ese forastero extraño de lejos; se cansaría de mostrarnos como animales exóticos. Eso nos llamaba. Ella me convenció que un guaraní es hombre también tan igual hombre que los extraños. Después la sé muerta. Después me pierdo en calles de fronteras y fronteras de este lado del gran mar. Duermo muchas lunas, levanto y busco, soy el espíritu sin muerte; el paisaje completo de mi tierra con mi nombre, ahí debo llegar para aplacar todo el lamento de mi tribu y reclamar. Ganaré con pasos el asentamiento de mis huesos cansados en lo que me pertenece.
Desde que respondiera con su nombre cortamente, había ido componiendo una sabia manera de contarse, como si un eco guaraní repitiera arandu.
En su caminata sin guía se acercaban al parque con la vieja Casa de las Palmeras. El otro hombre se preguntaba, casi se afirmaba, que este pol ñi umán era el alma de algún indio de los que trajeron a exhibir durante la conquista, siguiendo aún en el martirio de su regreso. No estaba ya a su lado, miró en circular. Lo vió en medio de la explanada, entre anuncios de la nueva Casa de mariposas; atracción turística, bellezas exóticas en escenario “casi” natural, bosque miniatura. Patético ,indio o mariposa pensó y sintió asco, quién masturba la ley en morboso placer de desarraigar a los pertenecientes ,se preguntó impotente..
Volvió a mirarlo, entre la gente (la rareza era otra hoy) estaba en cuclillas, él y su resonancia de barranco…Ni un humano lo miraba, mas precisamente le huían…
Se acercó le tendió la mano. Vamos buscaremos juntos tu país reencuentro y ahora sé que también es el mío, el que siempre me conmociona adentro. Habrá regreso. Detrás quedaba un cartel preguntando: “What is a butterfly?”. Ellos ya estaban cerca de saber qué eran.
Continuaron juntos dentro de una neblina imprevista que parecía llamarlos a la permanencia de una tierra viva, real, que desde olores de albahaca hablaba de la vida sueño y de su sueño despierta: los hijos estaban volviendo.
imagen: "Noche de pobres" de Diego Rivera











