lunes, 12 de mayo de 2008

¿Qué es lo que se pudre?



Donato había hecho la pregunta, con el sigilo de un león, parado en su vieja esquina del pueblo. Es como mi bar, decía acercándose al asiento cercano; gracias a Lucinda enamorada de las plazas, que en su vereda había puesto un banco donde pensar cómo tomar camino, plaza, vida y ser mujer sin que le rasparan el rótulo y se lo volvieran atrás. ¿Atrás del hombre o atrás del hambre? Discurría.

Entonces, él se sentó, sacó su bandoneón y largó como cada tarde su concierto.

No sabía por qué no había nadie en el pueblo, sólo Lucinda un mate y esa súbita frenada fuera de ganancia, ya que nadie corría en la pacífica calle de tierra. Alguien bajó micrófono en mano, una verborragia sin emanación a cordura surgía del personaje. Preguntaba sin aire entre medio, quería saber de la carne al asador, quería primicia, queja, apoyo de ficción. Quería idiotas sin pensamiento, y repetía algo de tener un oro verde y una multitud en las rutas.

Lucinda calló, regó sus malvones de la verdad y Donato guardó su bandoneón. Pensaban: para hablar hay que saber de que se habla, o ¿todo es santo y castigo?.

Ambos iniciaron contra pregunta y reflexión, con la poca palabra llena de savia como turgencia de los árboles del pueblo: ¿Ud anda mendigo de dignidad o de mentiras? Parece un hombre de bares con café en palabras frías. Habría que interrogarse qué es tener, a los ojos de las miserias. Los necesitados que acucian futuro, aprenden como afilar el hacha para seguir la poda y no convertirse en hielo de los inviernos. Pero no tiran el árbol, sólo calientan el cuerpo para subir la cuesta buscando lo que se pierde y nos pierde. Sólo hacen la hoguera y reparten la sopa, siempre se cuida el bosque y se persigue trabajo.

Pero grábenos, publique, grite, muestre lo que le dijimos y a esta calle; solamente escuche luego, el murmullo del suelo que pisa…

Alguien con micrófono arrancó su auto despacio, llevaba esa pregunta del músico de esquina en su silencio.: ¿qué es lo que se pudre?, había repetido Donato. Y no sabía si apretar el acelerador hasta la ruta entre campos extensos de soja, o volver a compartir un mate y debatir sobre quién se está pudriendo y quién se pierde.

lunes, 17 de marzo de 2008

Camino de hormigas


“Hay amores que se vuelven resistentes a los daños,
Como el vino que mejora con los años,…

Hay amores que parece que se acaban y florecen

Y en las noches del otoño reverdecen"...
(del film "el amor en los tiempos del cólera")




La vida es un naipe de doble cara.
Jorge había terminado su programa con esa frase, el intentó ponerle su sátira genuina; pero esta vez no la largó al oyente profesionalmente, se le quedó prendida a él.
La traía colgando de sus sesos desde la noche de insomnio, en ciertas ráfagas de duermevela se le habían venido encima naipes como moscas, tarántulas saltando por la almohada y otras ampulosas como puertas de hierro le cerraban el paso. Las restantes eran enormes sequoias que repetían su propia risa, se vestían de él, lo cercaban mostrándole la paradoja de que pueden las cosas parecer un juego; pero siempre se alzan en mascarada y nos ponen al descubierto.

Salió de la radio intentando no saber a que se debía su alteración nocturna, y como queriendo huirle a las imágenes frescas; se preguntó: ¡a dónde van los besos cuando los soltamos?

No pudo abrir el auto, caminó hasta Las Catalinas, sabiendo que buscaba viejas cosas que ya no están; se sentó en una plazoleta, había hormigas en el pasto.( le zumbó una voz como de hoy: “viste , las hormigas se comieron las margaritas”.Sí, era aquella plantita de la feria que le regaló a los quince años; ella era, una pureza de margarita, los besos descubiertos, su primer ardor de hombre; el deseo inconcluso.
Me voy a vivir a Israel con mis viejos. Un ciclón…Y pasó. La partida. El simulacro de olvido.

El dolor ahora afloraba reciente…de 30 años atrás.
A veces todo se guarda se apila y uno cree haberlo vivido todo. Jamás pensaría volver a sentir chinchines de la pelotudez adolescente, que le endilgaran sus viejos y que burla hoy de sus propios hijos. Y sí, se confiesa, de eso hago migas riéndome más de una vez, ironizando a invitados u oyentes.

Anoche los sentí, cuando salía de la cochera y esa mujer con un ramo de margaritas se puso a la par diciéndome: “a estas las salvé de las hormigas"


La vida, sí que me la cobró en crudo. Puta madre, como sudé en un segundo reconociendo su voz ante los ojos caramelo. Acabo de establecer que nunca, se habían ido de mí. ¿Qué hago ahora con el reverso de mis naipes?.



fotografía de daniel muchiut (foto taller chivilcoy)

sábado, 15 de marzo de 2008

La fonda está cerrada, váyase!



Y se quedó, en la negra sombra del costado. Pura calle de tierra en la penumbra, metiéndose en las alpargatas ajadas.
Esa noche era para un trago, algo que de uva oscura le pusiera paisaje a las tripas.

Es que un hombre de llanura, necesitaba el cardo, el aire de los álamos y el gestual chistido en la lechuza.

Él se creía, que lo urbano era destino; que había ruidos alumbrados, faenas con sensatez y un obelisco. Si, él se creía, que allí estaba el tiempo que de campo había perdido; conocer los huracanes de autopista y una mujer que le floreara los días en su ascenso. Pero no. Encontró piedras cementadas en corridas, pobreza apurada e injusticias de bolsillo abultado. Parecía que nadie convivía mirada extendida.

Hacía 10 minutos bajaba en la estación del pueblo, puso un pié en el andén, y encontró aplausos en el aroma del hinojo bordeando los rieles. Un coro ancestral poniéndole polvo y yuyo para recibirlo alfombrado.

Si, necesitaba el trago, no por angustia; por inminente: agasajar regreso.

Le llegó unos pasos de colonia fresca, y escuchó: Antonio volviste! acompañamos unos mates?...Era Emilia, terminaba de vender sus dulces y volvía a la chacra: Aquella; a quién escribiera versos un día, viéndola en el trajín de sacarle monedas al peral. Por fin el trago, de nuevo el campo, un mate, la siembra. Y en Emilia, su destino.




en homenaje a mis abuelos

foto :daniel muchiut-http://www.fototallerchivilcoy.com.ar

martes, 12 de febrero de 2008

Continua mente, de la MIRANDA


Ni coordenadas ni azahar, fallas del tiempo .Se encontraron de frente fuera del agujero negro .Exótico medio en el que estaban paradas. Un pico de águila inmenso (de pié en él estaban volando)
Ella era ella.
Pero eran dos: Juana de la Miranda, sevillana y Juana Miranda, argentina.
Viajaban mirándose sin poder hablar. La una se preguntaba de la otra, a la vez que se estudiaban poco a poco.
El ave tan inocente en su vuelo, gigante en ese espacio, pareció decidir: se inclinó rozando el asfalto imitando un aterrizaje. En ese juego las mujeres cayeron.

Cambió el escenario.

Ambas caminaban, se dijeron a sí mismas "esta otra tan disfrazada y perdida, al menos camina como mujer normal"
Pararon a la par...Juana la argentina tenía solo una mínima enagua traslúcida… La sevillana un montón de telas apretadas a corsette. Una descalza la otra con botas altas inculpadas de cordones.
No pudieron más:
quién sos , de dónde salís así
quién eres mujer como te animas a salir de ese modo

Se dijeron sus nombres...sorprendieron más .Las preguntas caían como granizo: fuertes, golpeando; como haciendo huecos para verse adentro...Edad, procedencia, qué telas tenían sus ropas, sus pies, el cabello y ese preocupante parecido como espejo que tenían .No había forma de comprender; pero se entendían aunque usaban palabras tan antiguas o liberales según la que hablara. No. Decían, y se espantaban se alejaban se volvían; todavía no llegaba el atrevimiento de tocarse.

Juana Miranda era expansiva decidió contar como apareció sobre el águila...estaba en su cuarto puro verano no aguantaba el calor ,subió a la terraza de su edificio en el piso 33 allí se encontró con un tipazo vecino que la daba vuelta y se refrescaron en la pileta compartida .Después la charla , un pucho las gotas bajando , la noche por techo hicieron de las manos un lento concierto...el reconoció sus párpados que parecían pegados a los muslos...ella viajó mansa en el tren de sus vértebras .Sudor con vapor más que cómplices ...al fin emprendieron el vuelo....se elevaron ,ese Buenos Aires del 2007 era una cuna de luces , que empujaba hacia arriba un piano con Piazzola , envolviendo el tiempo...amaban...a cinco puntos del infinito.....
Se perdió por sus pechos el abrazo del hombre y se perdió ella sintiendo un beso erecto en la entraña. Creció un túnel desconectado atrapando esencias…
Hasta el pico del águila....sola.

Se sentó .Aún en la presencia del orgasmo, evocó sin comprender ese suceso mientras armaba un ovillo con su cuerpo de silencio y los pezones acusando.

Juana de la Miranda...sentía fugarse su aire...sus ojos abrían, casi estupor casi lágrima .Abrazó apenas a su casi ya compañera…retrocedió enseguida .De espaldas con pudor se empujó a contar lo suyo.
Era media noche, en su casa solariega todos descansaban de temprano; menos ella, el calor era imposible .Aflojándose un poco las ropas decidió salir al parque...no se había animado a quitarse demasiado por si algún grupo gitano habría acampado cerca, solían hacerlo en su Sevilla bulliciosa de 1807 .Caminó hasta la alberca...se metió vestida. Tenía que secarse para entrar a la finca. Pero también había un hombre en el agua que salió con igual propósito, se enfrentaron en una curva del sendero. Ella se había alborotado pero en su recato y temor no podía ejercer un paso....él se presentó como Mauro con voz calma que tranquilizó a sus pies .Por lo que siguieron andando, hablaron de sus hábitos distintos, de las sierras que rodeaban el sitio, de los perfumes que viajaban la noche hasta que subieron a una de las cimas Morenas
Las ropas pegadas un beso en la mano... estrella perdida atrapó el abrazo y hubiera muerto sino seguían...
Le costaba continuar el relato, solo agregó que ahí tan alto sintió como nacían sus pechos, como un filo de hombre la conocía....y volaban .Los dos conscientes que amaban....a cinco puntos del infinito.
Se colaron en un túnel peregrino comunicándose esencia…
Hasta el pico del águila... sola.

Se apagó la voz.... sus manos cubrieron el pubis....se sentó junto a su siguiente vida dos siglos después…
y entonces el abrazo de las dos fue prolongado y comprendieron.....

Solamente, la confusión fue del tiempo.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Será de un 2006 en más…




a Violeta Cielo


Eva, que me seguirá un día, será guerrilla, reina, seda, amor, y el agua.

Tendrá el posible de las musas y las lobas. El horizonte con fronteras de sus pasos llegando al arco iris.

Vestirá el gesto de mis hijos, las pasiones, las pancartas, la terquedad de no dejar de perseguir toda utopía.

Eva no cederá.

Eva pondrá cuero.

Eva volará más lejos que su madre/padre y la madre de su madre/padre.



esto fue escrito en 2005
ahora tiene fecha de nacimiento 23-12-07 y nombre
y sé que mi primer nieta es de mi hija,gracias sangre mía...

sábado, 22 de diciembre de 2007

Perfumes invisibles




Antes, antes de ese amanecer; ella lo sabía o lo creía, o ambas cosas.
Él era el mito, la caja de música constante

Cuando lo conoció pasaron horas de lluvia y manos profundas, paraguas comprado y frases seguras. Tanto.

Él no usaba perfume, desnudo descubría un aire fresco debajo de sus brazos.


Intrascendentes y circunstanciales las galerías Pacífico, ponían una luna llena plástica y consumista; al explayado balcón. Así era el primer encuentro artificial y natural. Mundanal de shoping y de pasos de show. Parecían Bonnie and Clyde de tiempo flamante, en un Buenos Aires indiferente. Sólo cuando él acercaba susurros a las gotas de esencia en su nuca, un oasis ocupaba lo urbano en punto y aparte.

Huían siempre huían de sus algos, sentidos o inventados; pero no era cuestión de darse cuenta. El engaño era no dejar pasar la gemelidad de las palabras. Y hubo trechos sin perfumes que giraban mejor que cualquier voz y gemelaban de verdad.

Cobró espacio transcurrido, un sin verse. Los perfumes desvanecen o quimeran, o se tornan dueños de las cosas en otros ornamentos. Asombros cobran cuentas, revelan que una evocación no perdura igual, en el ser bálsamo de las personas.

Después de aquellos amaneceres, en la única vez que se hallaron de nuevo, ella cerraba el mito; percibiendo el piso real. Él no sería quién volviera al perfume de su nuca.
Ahí fue donde comprendió una frase anónima que alguien le diera como disparador:
"A veces el tiempo tiene perfecciones y miserias hasta en los más ínfimos actos de su transcurrir."

domingo, 16 de diciembre de 2007

“Halló cartas en una alcantarilla”…






Había sido ciudad de mitos. No podía recordar nada más que los días después donde ya no era.

María ,escritora y Pablo, periodista, eran extranjeros; fueron allí en busca de datos distintos cada uno. Pero así como circunstancialmente cruzaron sus pasos al llegar. Así causalmente siguieron juntos, en el desaliño abandonado, que sólo les silenciaba secretos sin moverse ya nada.

Resultaba riesgoso, para mantener la calma, aventurarse a descifrar la utopía sedienta de llenos que parecía gritar el vacío. Percibían que un efecto “limpieza profundo” de rastros se había efectuado, donde nada tenía que perdurar para ser testigo y menos testimonio.

Irse era inminente, las cuevas del pensamiento se estaban cargando demasiado. Un giro, una zapatilla que se frena y la revelación que los detiene, baja la vista. Casi normal, aunque algo corrida, una alcantarilla denunciaba que lo urbano estuvo ahí; junto con esa bolsa pequeña, impermeable, bien atada, sobresaliendo incierta en el extremo deslizado.

La necesidad del indicio movió las manos, levantarla abrirla vaciarla fue arrebatante; casi sudando, casi como espías detrás de una cortina íntima. Un manojo de cartas cayó ante sus ojos. Exacto instante en que comenzó a lloviznar, mientras leían nombres tras nombres, remitentes, sucesos, amores, noticias del lugar que había sido. Sin darse cuenta empezaron un alejarse del sitio que tomó vida. Regresó el ruido, palabras risas notas.

Cuando subieron al auto estaban convencidos, ciudad hubo, era ella la que lloraba, no lluvia. Ya no había vacío. Y al fin había recordado la geografía de quién fue y desde los destinos de esas cartas volverían, había logrado denunciar su destrucción.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

¿Cuánto cuesta?





Hay quienes preguntan, por escasos, y otros, por excesos, jamás preguntarían.

Renata, pertenecía al primer estrato, ¡Ja! Sí, debería reírse satisfecha la narradora; en ciertos casos, al fin, se está primero; sino sabría que hoy no es verdad real, sólo un capricho literario. Pero alguna vez…alguna vez podríamos proscribir estas pirámides que mucho tienen de aquellas, las del Nilo…
Le alcanzaba, era como encontrarse su digna adentro. Pagó. Volvía lisa, por un rato, su áspera no maldecía desde el monedero.

Llegó. Genaro cargaba batifondo, golpes clavos ritmo inquieto y apurado; un adagio andante allegro vivace, se anunciaba por la casa.
Los dos en sorpresa, los dos en asombro. Dos regalos, para quien sería una identidad reconocida. Ellos eran uno solo en coordenadas y dos cuando les brillaba el silencio y sus afanes necesarios.
Desenvolvió su paquete, él dio su último fine enmartillado. Se descubrieron, una tela sabanitas de crío ella, cuna él; y un “para el que viene” a todo unísono. Los dos lo confirmaban.
Tendrían el hijo en unos brazos más de lunas. Serían, un acompañarse juntos de tres; por pasos, en guía hacia la acrobacia propia. Había proyecto y manos artesanas. Había presente y apetito de futuro sin cautivos.

Eran dos de esos, de la sana costumbre, sabían lo que cuesta. Querían y podrían.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Autenticidades







Estaba vestida de damasco, sabía a damasco, con el blanco del jazmín regando escote.
Había jugado con plumas; que el roce los ojos, que el verde el pezón y los mantones deslizados.
No le hacía falta canción que la bautizara señora de todas las putas, ni felicidad ® que por comprada le daría las agriedades de aditamento artificial. No, tampoco era necesario un amor inteligente o sometido, mentira de la cultura y del buen dios.

Era mujer como cualquiera de su género, de nombre nombrado al nacimiento, tanto podría ser la Magdalena o María, pero siempre la sabedora de que el destino es el destino.

Y ahí estaba en complicidad aún en ausencia, con su amor surgido impredecible, trabajado. Único. Con los trenzados de alejarse nunca demasiado ni secarse su aljibe por excesos. Ahí estaba. Entre sábanas urdiendo la lectura en soledad de a veces, o rompiendo las bolsas de las fuentes con su hombre, cuando se olían en presencia.

Y algunas, sólo algunas noches, simplemente cuando el silencio sin razones, provocaba. Desvestida del damasco, esa mujer se masturbaba.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La iniciación

Ella tenía su nombre de documento, era una mujer en lucha; pero entre su atadito en la cintura, había un cartoncito .Un boleto de tren, ese que levantó, cuando era una niña aún, en la estación más próxima a El impenetrable y estaban volviendo a los montes que dieron nacer a sus padres.
Lo había tirado una mujer extraña, que la atrajo como una estrella sola, en medio de un cielo nublado Tenía la bruma a su alrededor, la exaltación del fuego que despedía, acaloraba el anden, como si fuese saliente magma de las entrañas de la tierra. Sintió que alguien la llamó "Simple mente”. Se sorprendió que la tremenda imagen se diera vuelta, extendiera una mano al horizonte, que parecía ser el único presente de donde venía la voz. Cuando se preparó para presenciar un acto como agorero, como esos que inventaba en sus juegos, el andén se vistió de arco iris un segundo; se posaron todas las palomas de los techos en cada franja y un trino de campanas impulsó a su nariz un aroma que penetraba. Inmenso. De azahares de naranjo.
De pronto ya no quedaba nada en el andén. Miro a sus padres, a los demás viajeros nadie puso cara de ¡Oh...Virgen santísima! Nadie se estaba persignando espantado. Se dijo es tuya la visión, ¡te han aceptado!
Levantó el boleto y detrás escribió: te bautizaron " Simple mente".
Supo que nunca saldría de El impenetrable, y que las tierras a donde iban serían su rueda, su fogata.
El lugar donde sus juegos se doblarían para recibir a la wichi, simplemente, que ya era.
No le dio la mano a su madre.
Un paso firme la sacó del andén. Tenía sus dedos en la cintura donde colgaba su bolsita de hierbas silvestres que la atrajeron de siempre; mientras una niebla tibia la seguía anaranjando poniendo silbos por su boca.
Era solo placer de cinco sentidos. Apreciación de tribu, que la nombraba "Simple mente".
Quedaron atrás los rieles. Paralelos. Brazos. Los de sangre la estaban esperando.

La confirmación...
Fue por parajes de tierra polvorienta.
El carro casi retirado de girar por los años quietos debajo de un tinglado de ramas secas, intentaba el apuro de pasar los vados agrietados. .Nada daba resultado no había agua ni en los picos de los colibríes. Sus familiares mencionaban acobardados un extraño cultivo compulsivo, como causa de pérdida de vegetación, sequías o torrentes por súbitas lluvias que todo lo llevaban. Soja era el efecto que se veía alrededor.
Simple mente, ausente del espacio árido, apretaba preguntas y respuestas a sí misma: Lo viste todo. Te asombró pero ¡sucedió! Me siento entrada a la heredad que me pertenece; como si un gesto de aquella mujer me hubiera crecido.
Sí. Cuando tomé el boleto vi mis ropas cambiar. Mi cuerpo ocupa una historia legada de siglos.
Algo tendremos que hacer juntos este pueblo y yo; por que la tierra vuelva a florecer monte y hermanos con vida.
Percibo.


Percibe hoy, que con su comunidad andan aullando, simplemente por todo, todavía.





gracias a
Elena Poniatowska (México)que con su personaje Lilus Kikus inspiró el nacimiento de la niña de este cuento con su propia idiosincracia y realidades difentes.


domingo, 11 de noviembre de 2007

Secreto de putas



vete con dios-me dijo con un rictus de tristeza, y volvió a su
vida real
-
...(“historias de las putas tristes” de g.garcía márquez)


Su vida real, ¡era esta su vida real? .Pura, la griega, que seguramente ya nadie recordaba en Milea; allá donde quizás su vida había sido real, allí donde su nombre es Aikatharina Milabas. Cuando llegó, la costa caribe la envolvió en un arco iris desconocido de palabras, pieles, destellos, follaje y olores.
Diez años habían pasado desde que la siguió del puerto, Engracia, menuda entonces para sus cuatro años; sus dos ojos como caracolas de miel le bailaban tan grande que Aikatharina había sentido que la recolectaba su colmena interior como bienvenida
Hoy era Pura, de tanto explicar el significado de su nombre, eligió quedarse con él.

Engracia también había elegido esa mañana y la bendijo. ¿Acaso las madres no bendecían a sus niñas cuando se casaban? Eso había sido ojos miel para ella (secreto de putas). Ambas lo sabían, ni la una ni la otra tenían alguien de su sangre conocido. Ni la una ni la otra tenían claro su designio. La Milabas soñaba ser arcángel de su canto, aquél viaje creyó abrirle las puertas de la ópera. Pero la gran mentira era la vida, y el director de orquesta un vende muchachas desprovistas. Al fin ella también había elegido: cantar para ella en las mañanas y ser su propia dueña por las noches; antes que un hijoeputa se enriqueciera de su cuerpo con excusas de ubicar su voz.

Así fue puta, fue ama de su cama, crió a Engracia preservándola. Pero Benito Batista, el sí era un señor decían, diez años saciándole el deseo, él pagaba y todo en regla.
Jamás pudo pensar que desde entonces; su mente en desfasado se había calentado con Engracia, se había enamorado con Engracia, se había acostado con Engracia siempre en su cuerpo, en el de Pura, y le pagaba.
A medida que Engracia formaba sus pechos caderas, su sonrisa dulce más envolvía.

Esa mañana en un abrazo interminable había subido al barco con un gracias madre en la boca. La bendijo como si casara con su propio regreso. Volvía a Grecia por ella. Olería Milea por ella. Sería budza por ella; como Pura ahora era puta por todas las Engracias ingenuas que ataca el desorden del orden mentido. Ya volvería.
Ya volvería Pura también al mediterráneo, quizás cenizas, pero ahora no urgía; tenía una hija a quien proteger.

Comenzó a ordenar la anarquía de su cuarto. Se dijo, carajo acá no más.
Benito había quebrado a su paso todo, hasta los espejos. Vociferando su lujuria perversa cuando supo que Engracia se había ido.
Pura no necesitaba los espejos, por fin sabía quién era y a qué había venido al nuevo mundo
Sería ella ante el hombre que la ame sin paga y sin reflejarle a ninguna otra mujer.

jueves, 8 de noviembre de 2007

“Para Elisa” para Laura…


Muerdo del anzuelo, y vuelvo

a empezar de nuevo, cada vez…

"costumbres argentinas"

andrés calamaro



Se puede caer. María tiene tesón. Los circos y las costumbres argentinas se parecen. Corrientes de abismos, resbalarse de las cuerdas con red, sin red; resistir.

Y ella vuelve a trepar. Juan sabe que tiene una tercera dimensión en su cuerpo, que la comunica desde un raro sustancial, incluso con Beethoven que le liga desde Para Elisa: el trance, la seguridad de que alguien ofreció esa música para ella, por eso la deja fluir bajo la carpa del circo. Sabe que no volverá a caer.
Por que María no tiene a nadie, se hizo familia del circo, por eso busca respuestas desde el trapecio. Sabe que por el aire están los secretos de su infancia y por el oscuro agujero negro de la caída, la revelación de por qué no sabe quién es.

Aprendió a ser, de bebé a niña en una casa hosca, mandataria; llena de palabras escondidas ausente de respuestas. Decían somos tu familia y no había un puto abrazo que lo confirmara. Percibía un odio en cada orden, mientras le repetían no serás germen de semillas fermentadas. No entendía. Y apretada en tanta represión, la adolescencia la empujó escape. De trenes a rutas, de pueblos a fronteras, de equilibrios al diario que pedían empleada para boletería de un circo. No era un gusto estar inactiva detrás de una reja, algo en sus genes la repelía. Por eso rogó a Juan le enseñara a volar, nada en miedo, siempre en búsqueda.
Su número alternaba de fondo la música de sus musas, Claro de Luna sonaba esa noche por primera vez en Buenos Aires de nuevo; bajo la carpa del cirque Soleil.

La fama del espectáculo era mundial. Demasiado caro para Chicha que deseaba llevar a los nietos que le llegaron después de aquello. Fue con ellos a ver los carteles, la fanfarria de atracción en la puerta; la actuación había empezado; se oía a Beethoven desde adentro.
Recordó a Laura, cuando embarazada pasaba las tardes ante el piano enamorada de su música, acuciando el miedo que nunca imaginó tan monstruo. Nunca más supo de ella y su nieta, siempre presintió una niña. Corrió, corrió tanto entre cuarteles, gobierno e iglesias. Nada, mentiras de una época que la trituró como si hubiera caído de ese trapecio de la foto. Tenía en el bolsillo unos folletos que prepararan en la sede de Abuelas, con sus compañeras de búsqueda y de resucite; los sacó y comenzó a repartirlos impulsada por las notas que oía, algunos los tiraban sin mirarlos en esa indiferencia que muere la calle últimamente.

Terminó su rutina, ese día necesitaba ver el claro de luna afuera, ingente, llena como escrita de presagios. Levantó un papel distraída en la contemplación, Juan se puso a su lado, siempre Juan a su lado; miró las manos de ella y por curiosidad leyó el texto en vos alta. Causalidad.
Fue una sonata, una sinfonía un concierto por todos los parlantes inéditos de las bocacalles.
Al día siguiente fueron. Otro vértigo otra cuerda, ahora sí la ansiedad, el miedo de no tener certeza y sí.
Fechas, coincidencias, ADN.
Era Elisa su nombre, la hija de Laura, la nieta de Chicha.

El circo y las costumbres argentinas, la llevaron con Beethoven a saber cuando un abrazo es familia; siempre con Juan a su lado: su amor compañero.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Contra el muro



Detrás, detrás, detrás; caballo y galope atacado; delante, lante, lante en los ojos de Inot. Un flash, dos flashes, tres y más y más…, cada árbol un bosque se juntaba en su propia estampida. Se decía en esa especie de vértigo delirio: sos Inot, veloz, saltar, saltar, muros, saltar… (todo era un rugido latir del galope)
Si alguien chocara al paisaje, igual no podría con él, solo se veía la línea de una carbonilla negra casi volando detrás, casi empellando delante; que zigzagueaba y se descorría como una mina de carbón abierta por el vientre.
Inot llevaba la búsqueda, el evite de pérdida adentro, la consigna de ser de acero, resorte que pueda; mientras la voz…la voz…picaba en aliento su martillo de oído…más Inot…más Inot

Allá el muro, oscuro humedecido intenso; espada hacia arriba, montaña de ancho. Sin siquiera plantearse ser traspasado, se transcurre en poder de infranqueable, se deja seguro.
Después la cueva, la reja, el tiempo de aura de aparición en hembra; morada cerrada por odio de celo. Allí Surindia solo permanece, sabe que se brilla en luz que se muere encierro. Flamea y refleja cintura cadera pechos gacela, con olor a cruda. Sobrevive. Gracias a la voz que le susurra entre un rayo de armonías que salen de sus manos. Porque Surindia es maga puede sonar chinchines en su boca, hacerse vestido con los pétalos, perfumar su cabello con los ojos, pintar la cueva con sus piernas…saldrás Surindia…sólo espera

Dos voces se pararon sobre el muro, lo acusaron en hueco de sus timbres…sos de lluvia…fundite cause
En el preciso instante que caballo e Inot emprendían el salto homicida de estrellarse; sólo lluvia abrió paso al decidido; sólo lluvia movió barro desvirgando los barrotes, sólo lluvia mojó el cuerpo de Surindia.
Se puede, podemos, con los muros.
Sólo lluvia vio el abrazo del jadeante y la señora de la calma, bajo el cielo de esa noche con dos voces.



viernes, 19 de octubre de 2007

Tributo popular (r/evolucionario)





Saca que saca chispas, la cumbia en el parlante.

Chorrea el sol, anuncia, aunque hay invierno rezagado por la calle, varias sombras se desatan. No necesitan la perfección de sus contorneos ni un coreado de alta fama.
Van queriendo ser. Bailan fiesteando la tarde, un carro, un tren improvisan bailanta. ¿Quién escucha? Y el silbato desde la estación contesta, ¿qué color? Y explotan a risas juntas: ¡un rojo!

Che Rulo colguemos el pasacalle, ayudá!, mi sombra ya sube escalera. La escriben, la tienden.
La Miya le suma sus cerrazones chinescas, aparecen pájaros, elevan la tela; la Colo sombrea un pañuelo, recibe, despide, alegra el propósito.
Tan seguros, compactos; adentro de lo soleado, inspiran respeto, hasta les piden permiso los transeúntes para pasar entre ellos.
Listo. Se explayó el pasacalle; y el parlante sigue poniendo los gritos de flores en la gala.
Leela vos Loqui. No me jodas, lo de loqui no me cae, bautizame en grande: loca de lunes; así, sí me va.
¡Leo!: Bienvenidos a la calle de los permisos. Y cada sombra salta, se apropia de sus cuerpos, aplaude y ríe.

Ahora se sienten ellos.

viernes, 5 de octubre de 2007

Gemelos







Y si, yo lo parí, dijo Casildo. No estaban muy lejos del poblado donde se arreglaban los conchabos por temporada; podían no haberle preguntado nada. Entre esa tierra roja del camino, a veces abrir la boca era lanzar serpentinas teñidas del paisaje y alguna quedaba raspando adentro.

Pero dos comadres con el peón que echaran los Ledesma, se intrigaron. Le dispararon la burla primero aunque querían saber la razón de lo dicho. En las pelotas no se gesta un crío don, y usté no tiene pinta de mariquita pa andar soñando maternidades.

Casildo, con arrugas y achaques, llevaba su cara tan ufana como su gesto cargando al niño. Sonrió como quién se toma tiempo, ante los curiosos; sonrió como todo padre lleno de orgullo, sonrió cuando dijo pausado. Metí la mano, lo acomodé y en un pujo de resto de la pobre diabla; lo traje al aire, corté la tripa, lo envolví en el poncho .Le di la bendición a la madre cuando ya no estaba en este mundo, donde sola su cuerpo tenia por familia.

Les dije, lo parí. Anduve de montañas a papeles de abogados, de jueces a señoras agrias de patronatos de menores; hasta que con mi mujer entendimos y peleamos desde lo natural que es lo más sano. En lo que llaman lo legal, entraba el asco, la discriminación a nuestra humildad y la pobreza. Ni que hablar que nadie se paraba a pensar en el niño. Nosotros somos safreros, viajamos a pié como ustedes de predio en predio, sin domicilio conocido nos registraban en tanta planilla que ni para remate sirvieron.

¿Y consiguió la tenencia? Preguntaron los curiosos de antes, ahora turbados por el amor incondicional sin valores de mercado; esos que ponen precio a la caña de azúcar y determinan el magro pago a destajo que siempre reciben.

Casildo se paró, esperó que se acercara su mujer, Juana venía retrasada con un bebé de pocos días en los brazos. Sólo cuando pasó su brazo por los hombros de ella contestó. Sí, somos grandes ya pero no teníamos hijos, por esto de andar errantes; y en esta corta vida que se alarga en sucias trastadas de política y donde nuestros brazos se repiten en los siglos para ser los trastos acopiadores de los altos ingresos que esas gentes se gobiernan y se pagan. Entonces nos dijimos y si alargamos nuestra historia de pasados en este presente rudo repetido de cansancio y dejamos al futuro dos crías con la fuerza que podamos enseñarles; y quizás de los fracasos de ser ambulantes de los días de cosecha a cosecha, de sí patrón a sí patrón; dejamos dos hombres que se animen a decir No cuando sea necesario y crezcan motivadores de juntarse grupo para reclamo y proclama.

Una noche oscura hicimos el amor, sabiendo que esa era la señal, la pachamama hacía que veía nuestros genitales casi cansados del todo. Nació el Ernesto, prendido ahora al pecho de su madre; parió sola en el monte con mi ayuda. Cuando fuimos a anotarlos eran gemelos, los que habían nacido, dos cumpas de la cosecha pasada fueron los testigos del parto. Firmaron como lo legal manda.

Si, tenemos los papeles, Ernesto y Fidel, este que cargo de ojitos vivaces y mi sonrisa es un poquito más grande por rarezas de la naturaleza nomás... Así que la patrona y yo parimos juntos y a la par dos hijos.

Y los presentó a todo el grupo que como enfrentado a la utopía de lo posible para sus propias proles, siguió caminando con la sonrisa contagiada de Casildo (esa que dice más que un pensamiento y sirve para tomarse tiempo para contestar lo justo). Iban detrás de la familia recién conocida, cómo si fueran siguiendo cimientos en cierne; referentes nuevos de una lucha social que sabían, deberían emprender en tiempo.


jueves, 13 de septiembre de 2007

El recreo de los miércoles


Como todos los miércoles, el parque y París.

Marie pisaba los jardines de Luxemburgo y dejaba el tiempo. Era como si rollos de tela verde, se desplegaran con ligereza de homenaje a sus pies. Cada cinta de vereda la llevaba a discurrir hacia las rondas de la tierra, se sentía satélite, luna, curiosidad de los científicos. Pleno día, sol de invierno y sus huellas girando en charla de universo. Pierre la alcanzó como cada miércoles a las cinco de la tarde, con un libro bajo el brazo donde se leía “Displicencias de los tiempos”. El resto del paseo fue un intercambio de creencias sobre órbitas musicales de vendedores ambulantes y planetas; el recreo de un helado en el inmenso parque se disfrutaba más en pensamiento, ignorando el frío. Así se distrajeron y el helado resbaló sobre el abrigo de Marie dejando una mancha como sombras de una vieja casa en ochava; esa sensación la remitió de súbito a su abuelo desconocido y lejano, quién no sabía de su existencia. Sólo tenía la referencia que su padre había nacido en una zona rural de su país natal al que había vuelto por una urgencia que nunca le explicaron. Lo demás en días, intentaría desentrañar.

Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, Argentina. Mariano Ascatarán con sus ochenta y cuatro, aún abría su almacén de ramos generales a orillas del camino real; se asomó por la puerta que daba a la ochava, el recreo se leía calado en el dintel; miraba prendado de la avenida polvorienta que parecía flotar como la tierra en el universo. Juraría que una pieza de tela para camisas de trabajo, la marroncita, se descolgó de pronto por el aire y la verde seco para las bombachas de los peones extendió jirones en las orillas. Como todos los miércoles llegó María a buscar yerba y azúcar para reponer en la cocina. Eran compañeros de siempre, parecían unidos por el tiempo en el trabajo, en las pocas palabras y en sostenerse amor en viceversa. Mientras preparaba el mate hablaba de su hijo, que queriendo volver a la tierra de sus bisabuelos se había ido. Los vascos franceses hacían unos quesos de montaña, ella había traído en sus manos las recetas. Nunca más habían sabido de él. Hacen tantas lunas que se fue. Viste la luna, ya se la ve detrás del monte. Ofrecía el primer mate y era una bomba de agua subiendo y bajando para seguir sacando sus palabras, tan ahogadas. Pleno día y parece que adelantó la luna para hablarnos de él. Hay mujer déjate de alfileres con el hijo; estará bien tendremos nietos de seguro con tus celeste ojos, irse y volverse de aquel lugar era deuda de ancestros; afloja ya de ennegrecerme el alma en extrañarlo. Del ímpetu en su casi ruego, derramó el mate sobre su camisa blanca. Pedro son la una de la tarde, mucho calor para sacar tu mancha ahora y es tan extraña, parece la sombra de un helado; no te rías de mi vuelo por los jardines de París inventó, el calor mi viejo, el calor…y rieron, ambos sabían que ella recurrió a un absurdo para alejar la tristeza.

Se mueven, están nerviosos. La murga que se prepara en el barrio porteño de Boedo, debuta el sábado; habían discutido sobre atuendos, piruetas, nombre; al fin como apenas hacía que habían salido de la secundaria le pusieron el recreo callejero. Como todos los miércoles: ensayo. Sudaban, improvisaban, reían, fundaban y daban círculos sobre la plaza perfeccionando detalles. Parecemos los planetas decía María, y Pedro que siempre la mira con dulzura; preguntándose donde habían salido sus ojos celestes en esa tez oscura heredada de la madre con raíces indias. Sentenció vos sos la luna. Si es de día, reía ella tierna por la comparación. No ves detrás del pino le señaló él, la verdadera te acompaña, transparentita nos anda hablando.
El tiempo, pensó María, siempre extraño; se había llevado a su padre a Los Pirineos allá en Europa; su madre dice que era un buscador de su lugar raíces, pero no resistió quedarse cuando supo que los años de proceso militar aquí, se comían a sus amigos. Al volver militó junto a su compañera y nació ella, le repetía de pequeña: eres mi segunda niña ojos celestes, si pudiera hacer que mi madre las viera…y no le entendía .No entendió tampoco entonces su desaparición entre miedos y silencios, ni donde fue el fin de su viaje vivo. Sabía que venía de Chivilcoy, algún día, se decía, escribirá el acabo de la calle lo que pasó con él; ya tengo por fin los datos de aquel almacén que contaba era de sus padres en el campo.
La murga los ponía bien, había un filo de buscar alegría, de escapar, de rotar sentido a la vida, evolucionar volver, trasladarse; ante los saltos, la realidad y la música: De cada uno nacía un rito de pueblo originario, un grito de “esta es mi ofrenda”. Terminaron, urgía un helado, imperiosamente corrieron; lo tomaron. El sudor en la remera de María era una sombra un signo de interrogación, una pregunta aún no dicha pero en pié. Estaban seguros, anunciaba que algo bueno estaba por pasar. Eran la una de la tarde y el sábado estaba cerca.

Sábado 22hs. Buenos Aires, capital. La murga en su explosión estrena. Ansiosos turistas, familiares y navegantes de lo bohemio bebían el espectáculo.
Dos turistas franceses quedaron sorprendidos, una chica de las que contorneaba a ritmo, era igual a Marie. Una pareja de campesinos por primera vez en la gran ciudad vieron dos jóvenes muy parecidas a la mujer, que aún en sus arrugas era bella.

Era hora, tiempo y lugar. Al final del paso de la murga el recreo…, irían todos al cabo de la calle donde se dispersaban, para conocer la magia de esos parecidos por fin y por principio.

Como así debe ser mientras los planetas sigan girando.



miércoles, 22 de agosto de 2007

Hace dos horas…




La llamaban Noche y sudaba el tango.
En 1945 cada esquina tenía el anochecer como flores de ojal mustias pero olorosas aún; zaguanes por donde se salía un bandoneón a fuelle abierto melancólico. Sangrías de arte, carencias, bares, cortejos y Buenos Aires.
Julián subía las escaleras, se sentaba en su rincón del fondo a escribir letras anónimas, huidizas de testigos. Es que aquel angosto balcón sobre la plaza Dorrego lo atraía. Se sentía tan pegado desde esa mesa, que oía abrir sus puertas y nacer lenguas atrapando presas del afuera, lamiendo sus papeles como una mujer desnuda.
Hace dos horas que te miro…, escribió. Hace dos horas te respiro…, dijo una voz en su nuca.
Creyó que había explotado su lujuria en bacanales de la tinta acusando su locura.
Creyó ver una mano de uñas rojas, emergiendo de sus hojas, un cuerpo de olores agridulces con cabellos cortos negros resbalando hacia sus ojos.
Es de noche y acabo desbocando mis fantasmas; mucho tabaco Julián y esta copa de tinto sin tocar. Sin embargo le persistía un sabor a uvas oscuras. Dantesco Julián, se te saltaron las cuerdas.
Hace dos horas que te miro; y me pregunto si decorás el lugar hecho en cartapesta, tenso parece que escribieras; es que si sos de hueso y carne no podés ser indiferente a este tango, que a mi me detona la cabeza.
Recordó, como rebobinan las películas en el cinematógrafo de la vuelta; hacia atrás, más atrás, la vereda. Sí, de afuera se oía música, cómo sucedió, quién desató los hilos de sus neuronas. Corría hacia atrás, más atrás, la escalera una tarima un cuarteto y un minón. Ésta frente a él, bailaba con un rubio desteñido con cara de estar al borde de un naufragio en el pacífico; no, no entendía nada de esa danza.
Él tampoco hasta allí, ahora sí. Ahora sí ni locura, ni apariciones ni el vino: Ella.
Bailás, dijo él y se asustó, nunca lo había hecho. Me llamo Noche escuchó transpirando su paso fatal de levantarse hacia la pista
Iban cada atardecer, y no se separaban, cuando el balcón cerraba; cruzaban en silencio la plaza y al llegar al medio, se enlazaban y seguían bailado como si el empedrado y San Telmo compusieran compases mudos que ellos aprehendían por las suelas y les crecía en sus desnudos apretándolos.

En el 2007, el balcón aún sigue estando, la música reggie suena este viernes, ya no se fuma adentro Entonces el balcón sigue siendo la fiesta de las lenguas, ahí si el humo y la plaza siempre mostrando. Negro y blanco abandono de sillas, ajedrez desertado, un borracho como peón olvidado de partida en irónicos gestos, más allá un Sabina en fiesta mariachi; misturas de este Buenos Aires. Otra magia y la misma.
El balcón. Y nosotros. El balcón y Ellos.
Noche y Julián no se pierden como nosotros, mantienen su tango, aún bailan tan lánguidos, abrazados y juntos en su historia; en la pared del costado. Ahora son los ladrillos, las altas y angostas ventanas quienes les pasan la fiebre a la sangre de notas desde cada postigo.
Ellos bailan. Yo los veo, los sigo, me imantan más vivenciales que nosotros, aún se aman; fieles permanecen, mataron al tiempo.

Hace dos horas que los miro…y te los muestro compañero mío.
Antes de irnos brindamos con Pablo, y tres copas de vino que no pedimos para des pedirnos.
Se nos acabó el tiempo y el beso de amor que hicieron dos horas de engaño en la magia del balcón. A Noche y a Julián les queda la danza, lo adherido y toda su eternidad.


agosto,17,madrugada 18-07

lunes, 20 de agosto de 2007

Despertar del siglo y de las enaguas





Buenos Aires, 26 de septiembre de 1902

Estimado ¿cómo empezar? , simplemente escribiré, Amado León:

Tiembla mi mano, parece que el papel se me escapa...usted es el motivo de mis noches despierta....ecos de lluvia y de estrellas a través de su voz. Recuerdo aquella primera misiva que arrojé a vuestro paso noctámbulo. Y su respuesta entre las glicinas del balcón, que esperaba con ansias florecidas en los bordados de mis cortinas…

“A los tres señores que pasan a la medianoche debajo de mi ventana:

Atreviéndome a saludarles desde aquí de mi pequeño escritorio secreto....con el balcón abierto que da a las lilas; luego que el reloj ha dado las doce y como todas las noches he oído el concierto de sus voces de hombre pasar en la calle. Escribo.

Ruego a ustedes disculpen tamaña imprudencia; pero sus murmullos revuelven mis sombras por dentro y necesito identificar a una...aunque solo sea para saber su nombre.

Nunca los he visto, no logré la fortaleza del desparpajo; para asomarme a la ventana. Mi vida es callada, nunca paré frente a un hombre...Jamás voz masculina pronunció mi nombre.

Criada entre tules...Cerradas las puertas mi madre leía, yo, solo escuchaba. Mi padre dicen, se fue de caminos; pintaba sus cuadros volaba en colores, no encontró en esta casa lienzos posibles.

Las mujeres que tengo en familia, me callan de los hombres, son mala palabra, que ni te acerques a uno, que no lo respires....que su oler te atrapa y luego te abandona.

Pero yo voces mías...los tengo penetrados por miles de orejas; ellas funcionan, los conozco a todos. Sé que uno de ustedes por su voz precisa, es duro y esconde dolores de niño. A otro lo escucho canturrear muy leve parece que tiene fuego casi en cenizas; pero hay solo uno de ustedes que a veces silba o apenas pronuncia expresiones vagas. Parece que asiente, que comenta al aire o quizás recuerde alguna dama en fragancia...Porque a veces, a veces...lo escucho como exhala un suspiro; y yo imagino roces de él con el sueño y su dama.

A ese yo quiero...por sus sonidos profundos; cuando pasa me estruja, acalora y me ataja en el cuarto...Una recatada muchacha como yo, según mi madre no debería decir estas atrocidades; pero nadie me ha dicho como paro mis sensaciones despiertas.

Solo imploro saber su nombre, así cuando pase de nuevo podré decirle en susurro mudo detrás de la ventana: a ti nombre de la voz, TE AMO

Eleonora “

Cuando encontré su mensaje, lo guardé entre las ropas y no atrevía leerlo; pero los lilas del aire parecían decirme que solo encontraría en sus letras el por qué de la ansiedad cada medianoche....

Mi sangre no podía reaccionar, paralizada como vuelo de ave que de golpe planea y goza el estarse suspendida en la infinitud del cielo, y se posesiona en su libertad.

Al fin lo sabía con su nombre: León!...Deseaba tanto jugar con su nombre y ahora sé lo que es rozar los cuerpos; pero aún necesito escribirlo...como mi dedo lo ha dibujado durante los días, en cada borde de la falda.

Usted me decía que al pasar olía y alzaba sus ojos imantado por mi cortina…y yo detrás oyéndolo; marcaba hora con sus suspiros.

Llevo sus cartas adheridas a mis enaguas, disculpe mi desenfado; pero debo decirle lo fuerte que ha sido poseer su letra. Es como si dijera que tengo su mano, su mirada, su gema en cada palabra... ¿Cómo entonces? ¡Santo destino mío!! No vibrar sabiendo que, carente de todo...ya puedo acariciar una esencia fuera de mi: al tener su nombre, su tinta, su voz y esa boca que hoy besó la mía. Imposible no respirar agitado cuando escribo esto, ni evitar sudores y un afán extraño que nace de mi cuerpo. Si bien nunca lo he sentido; percibo que me place, que me enerva esparciendo aromas de una mujer que no conocía dentro mí.

Quizás León, usted... sepa explicarme por qué esto me sucede...ya que debe saber de la vida, juzgo por lo que me dice de sus noches vagabundas...que hubo margaritas y cardos en su camino....que usted contiene agua de azahares...manojos de tierra en sus brazos. Luchas de cauces dormidos, pájaros tempraneros y troncos de montes protectores; mientras aguardo el trigo de sus manos que alimenten mis sombras.

Gracias León a sus pasos por haber elegido mi calle, la de nuestros suspiros, para transitarla cada noche con su voz que me abrió el arrojo de escribirle la primera vez y de darle ahora el ardor que sale por mi boca......

Eleonora

PD : no me arrepiento de este coraje desconocido de escaparnos del recato absurdo de esta época en que vivimos; como un llamado suyo, mío....quizás del silencio, que nos permitió esparcirnos entre los perfumes de la noche. Hoy me bautizo, mojo mi mano, la paso por mi frente y en nombre de vencer prejuicios, me libero mujer con usted .Si me ama, lo estoy amando.




martes, 14 de agosto de 2007

Del realismo mágico a la mágica realidad( a dos voces)


de los éxodos necesarios


Capagris el diarero, gritaba el titular “de Tokio a Nueva York las jirafas invaden en millares”

El río de pies apiñados que corrían por las urbes en distintos idiomas; metidos en sus propios torrentes, ignoraron.

Un semáforo pudo haberlos parado en seco, como electrodos que reaccionan a la luz; simulando ser humanos por la ropa, aunque adentro
computaran sus urgencias de rutina.

Pero no fue un semáforo, fueron borbotones de jirafas en cántaros amarillos. Tenían flores en sus manchas, estrellas por orejas reflejaban sombras transparentes y sorprendentemente hablaban.

Marquesina era una niña feliz frente a esta visión, apostada en la ventana de su casa junto a su amigo Lunes. Habían apostado toda su imaginación a que ese comienzo de semana, le mostrarían al mundo que pueden abrirse los grifos mágicos, volviendo a sentir. Impulsando la fiesta de lo insólito y lograr que las ebulliciones del gentío indiferente se detengan en su marcha obsesionada en perseguida; ganando abrir ojos, respirar en ancho y de total instante juntos dejarse chupar por el aspirador de las fuentes; metiéndose entre páginas de creación para volver a percibir, imaginar y vivir pausas. Hasta descubrir que queda tiempo para discurrir hablando y durmiendo con jirafas, regresando a ser personas con el asombro de frenar y ver diferente.

Una pantalla de TV en una tienda repetía hechos similares. Tumultos de calandrias en el Nilo, grillos entre el obelisco en Buenos Aires, elefantes rojos en Tierra del Fuego, vientos en el paraíso y lluvias en el infierno.

En tanto en un paso casi olvidado de la Cordillera de los Andes, delineado por aquel camino del Inca; Nacarena (joven originaria del lugar), escribía con tintas de su montaña, el reinicio de los cuentos de la Tierra.


mabel casas



De las migraciones cardinales.


Capagris el diarero, gritaba el titular: “ de la cordillera patagónica a Buenos Aires “ vientos de nieve invaden la reina del plata…Como si se tratara de un cuento de Maby Casas, "...hay éxodos tan necesarios…” que por absurdo o milagroso conmocionan. Obviamente, que nieve en baires, es tan imposible como encontrar un diariero de nombre Capagris. Esto solo ocurre en los cuentos. Por que si esto sucediera, un asombro colectivo haría detener el transito, y agotar los rollos de fotos de digitales japonesas, y niños y abuelos saldrían a jugar a la vereda a las 2 de la mañana y hacer muñecos blancos en la acera y las monjas a persignarse de rodillas a Sor Presa. No. Esto no es material para un cuento, lo descarto, por pecar de imaginativo o novelero. Ya nada puede ganarnos el asombro, lo impensado es solo tierra de poetas, es polvo en el terreno del parnaso.

Si nevara en baires en algún mágico julio solo los orates podrían verlo, esos fenómenos no son para los ojos de los cuerdos, esas migraciones cardinales de apocalíptica madre cambiarían el tenor de la crónica, dibujarían la sonrisa perdida del bobo de la esquina y el lector ávido de amarillas prensas cambiaría de género para leer poesía. No. Indudablemente si nevara en Baires Capagris no vendería. Por que en Baires, en Baires Lo que mata es la humedad , por eso es imposible que la nieve sea noticia. No sea que los éxodos infecten a una humanidad en búsqueda de” borbotones de jirafas en cántaros amarillos.”


Altamira, un Juan de los Palotes