No cualquier día de agosto, en ocio,hace contratos con él.
Pero este veintidós, sin viento de locos, los papeles fueron firmados.
Una carrada de brotes apenas inicialados le dieron carácter de prefundador, la calle disipada por un sol cansino señalaba rejuntes cartoneros; carne de cañón en pliegos de poetas.
Los dueños del trato sudaban placeres de culantrillos en los muros, moliendas de olores entre sequedades y jazmines trasgresores. Dos machos en busca de las hembras, dos cortejos reflejados en el rojizo de las piedras, tres tiempos verbales por sus utopías y sentarse frontera
de fuente con sostenes doncellas.
Osado el sortilegio breve, ocurre fraguarles el amor. Escudados en ir perdiendo las capas y reverdecer juntos a puras noches de verano.
Era la siesta. En alborozo de sentirse libre. No importaba el externo calor, ni las pocas sombras, donde el revoleteo de moscas hacían causa común con nosotros. Volar el momento. Llenarlo de juegos sin nada, sólo con la fantasmagoría infantilla tierra el agua y entidades desparramadas utilmente viejas, desahuciadas por los grandes.
Momentos de verano en campos de Chivilcoy, ciclos de siega y trigo en madrugadas y atardeceres; entonces cómo no iban los adultos a necesitar sosiego de siesta. Un instante en la memoria del saber las manos al hombro haciendo trabajo a pulso sin tecnos monopolios de la tierra; encuentros de parentaje, jornaly esparcimiento en compartido.
A la prole le dan la fiesta de la hora más sofocante, el permiso de excepción a dormir. La causa: nosotros. Que veníamos de la ciudad de fábricas y obreros con goce de vacaciones. Y hermanos con hermanos, familias con familias; volvían a sentir que no había distancia. Hasta a veces de noche ellos tambiénse volvían chicos y jugar a las escondidas nos encontraba risa conjunta entre las sombras.
No había miedos, nada lo causaba; así en las siestas amasábamos barro. Placer ancestral de las texturas. Incapaz de cruzarse son ese elixir
de amase contaminado. Condena hoy, del glifosato. Conjuro real, de temerle a los sueltos de locura en síndrome de trata, violación o secuestro.
Bajo los pocos árboles de ese monte ralo, alejado de los cuartos; condición era de los padres alejar las risas de su siesta. Nacían cacharros, personajes los castillos y las tortas en viejos tazones enlozados aún coloridos, entre su descascaraje medio enterrados en abandono. Qué historias tendría cada uno. A nosotros se nos presentaban como tesoros de la tierra Llenábamos el té imaginado de manjares térreos, adornados con flores celestes de navidad; que en honor a la cocina surrealista, cosechábamos de los jardines de la casa.
En cuadros como ese, se olvidaba la odiosa siesta obligada del lugar urbano; donde los pequeños en la calle solitaria por la canícula eran custodiados en la casa a la vista de los progenitores, poca libertad permitía el cemento; por eso en paisajes como aquel se grababan las huellas de una infancia que nada tenía de cruel y que aún se respiran de adultos. Se prendía un aprendizaje amplio, lleno de vivencia mágica y de progenitores laburantes, con espacios de descanso y frondosa tenacidad para saber qué es libre; pero laboriosos cotidianos y preservados de identificarse con los años, a los monstruos humanos que hoy acosan vulnerando.
El río era dulce. Mansamente, los moradores a su orilla hablaban de hermano a hermano, con él .La vida soplaba sobre la hierba en las barrancas vírgenes. Adobe, paja, tejidos, cacharros. Su dimensión: en armonía. Escuetamente como entre magia "vivían de la caza y de la pesca.".
Para beneplácito y regocijo de este río (nunca él se creyó esto). Lo vistieron un día naves de conquista. Colonizadoras, jesuíticas, campañas del desierto.
Una fiesta de civilización transportada. Una muerte de civilización ignorada.
Entonces comenzó el río a ver la profanación del crecimiento. Rozagantes pieles claras, ojos traslúcidos, contrabandos y negociados en auge; vicios alegres de gobiernos que prendían con pólvora.
Los políticos en progreso, los milicos en contacto, los indios en extinción.
¡Próspera Argentina!
El río vio en silencio.
Después, ("qué importa del después...") .Muchos tangos pocos tangos. Y perdidos, flotando a la deriva en aquel río, los kultrunes, las quenas, sus culturas.
Ynacimos con la sangre trasladada y nacieron los pocos con hilos originarios en las venas .Aún el río nos bañaba a todos y nos regalaba verano.
Años, oleajes profundos.
No. Jamás las aguas creyeran lo que recibían sus entrañas. Tumba y anegación descontrolada.
Ahora, si, ahora, llora.Se va, en playa impureza. Ahora vuelve y se desata; por que está inconciente.
Quienes excluídos, rancharon a sus orillas, hoy ni paliar el hambre con sábalos pueden.
Murió la cordura de aquellos días que mansamente los moradores a su orilla le hablaban de igual a igual...
Y los que estamos, bebemos su horizonte desesperadamente como único alimento, porque ya ni deliberadamente como entre magia " se puede vivir de la caza, de la pesca.”, ni de nada...
El río tan oscuro, ya ni puede ver su color de león y pura raza.
Ramiro de la Cruz, un proyecto sobre sí mismo. Desde sus espejos columpiaba el narcisismo; de sus inversiones y caudales: los secretos.
Gran señor de la vida postmoderna. Ganador de los objetos, los esclavos y banderas. Cambiante de rieles y estaciones, según su escalera de subida al poder y la mentira.
Ramiro de la Cruz, un contemporáneo que compró el túnel del tiempo y viajó. Su codicia dijo es cool haberlo transitado. Falló el doble cálculo. Ampliaría su fama de pionero, los resultados en las cadenas de favores; y sería un éxito el marketing que lo impulsaba. El tiempo del destiempo le jugó la lógica y el absurdo a sus certezas de soberbia. Y por ese agujero negro cayó entre jíbaros con sus propias costumbres. Estaba muy lejos de la nueva vida feudal del siglo XXV que le prometieran los folletos de la aventura.
Y fue la gran sopa mal digerida, con demasiados trastornos digestivos para sus ilusos captores que no descubrieron su carne de carroña.
Fin del proyecto de sí mismo. Desproyectado para trabajar entre y con sus congéneres, en algo más que sus personales tiempos de ingresos brutos, fiesta, votos y manteca al techo.
Martina gira la ciudad, o es la ciudad que la hace girar a ella. No quiere ese lugar, el pueblo la repica, el pueblo la reclama en rechinar de su chango de supermercado. No está haciendo compras, junta basura. Esa inmensa basura que tiran los edificios que comen. Los que ni conocen ni les importa el poblado que dejó en La Rioja, porque mataron la vida, intoxicado por abuso de usufructos ilegales.
Rueda, ruedan, aglomeray piensa. En qué tumbos de dioses y de diablos vivimos. Me alimento con la basura. Pero deben ser robots a controles lejanos los que viven por aquí; nadie tiraría comida: Allá de donde vengo, la carbonada de todos de las huertas de todos. O será que el dinero existe y a muchos les sobra. Como no lo veo aquí ni lo vi allá, cuando vivíamos del trueque: capaz que no es una visión por tanta coca masticada y el dinero vive en las bolsitas de algunos.
Caminaba entre calles en sombras y grupos recogiendo bultos; en estas viviendas duermen como pachamama manda se dijo, sólo nosotros afuera. Llegó a la esquina donde esperaban al camión que los sacaba de la ciudad a cada noche, para ir a la provincia, al cuatro chapas de cobijo. Tardaba. Todos en cansancio se entretenían en tirar piedritas a un tacho vacío. Por el pueblo dijo uno, tiró a la basura lo que es basura: “el maltrato”.Y en un rodar de ascos, cada uno asió una piedrita y gritaron a vomitar lo que querían despegarse. Tiraron a los matadores y a las muertesanticipadas, las soberbias y mentiras, el manoseo y la discriminación sufrida. Martina emocionada, como si lanzando todo aquello lo lograran, tomó un botón flojo de su saco, lo sacó y al tirarlo dijo casi en lágrima. Aquí dejo el desamor que me dejó sin ojal.
Ricardo, que no podía dormir en el local -casa, donde arreglaba zapatos, los escuchaba. Ellos tiran, ya pasé por eso; pero lo vuelvo a hacer ¡carajo! Salió en calzoncillos y ante el estupor aprobación de los otros, lo escucharon decir tiro con lo que no me reconcilio ni puedo:”el olvido”. Por mi hijo, repetía temblando de impotencia: por mi hijo desaparecido. Y pequeños clavitos fueron votados con fuerza al recipiente ya no tan vacío. Su vos ronca, austera, túnel de resonancia; erizaba la calle. A punta de tambor agregaba no perdono lo violento, las dictaduras, la tortura, el desempleo, el desamparo, la injusticia, la presión que nos mete el poder de siglos.
El silencio habló a los otros, no estaban solos, eran más los que desangraban el alma; por otras cosas y las mismas que ellos.
Dalmira, la mujer de Ricardo, estaba a punto de abrir su puestito de flores. Cerca amanecía, también oyó desde el principio, se acercó, saludó y puso un florero en el medio del grupo. Repartió una flor a cada uno y como si son su voz acarreara el sol para entibiar esos huesos doloridos de vida mal vivida; invitó a decir qué se guardarían para que no se pierda, en ese cesto casi lleno de basuras más estiércoles de fatales errores de otros, tirados.
Martina fue la primera: me guardo el amor por todo lo que no me agreda, y las caricias. Se oyó luego: quiero retener el horizonte, es el único que me mantiene con aire, era la voz de Ricardo. Y así casi esperanzados, aparecieron repitiendo construcción de vida y deseo. No estaban medio muertos, sino medio latiendo, se guardaban un poco de feliz, y trabajo, paridad, justicia, identidad. Sonreían.
Dalmira y Martina, sin haberlo conjurado juntas, dijeron nos guardamos un cielo. Y esa palabra fue el milagro y la crucifixión. Cielo pronunciaron todos a grito de necesidad. Había sonido y comunión de pueblo.
Una sirena. Un batallón oscuro, unas balas, el desparramo; la lluvia desatada ayudo a esconderse. Llegó el camión, subieron, incluso Ricardo y Dalmira que se puso con honor su querido pañuelo blanco de las marchas de los jueves en la Plaza. Martina le rogó al chofer, no pares en la villa en que sobrevivimos. Apretá a fondo el acelerador y llevanos directo a un cielo, que sea el lugar de los amanecidos..
Afiche: "recuperar" estractado 28-10-06,comisión contra la explotación minera en la cordillera(límite Chile/Argentina)
A esta horapuede que llegue a mi casa y me encuentre con la comida que yo misma estoy haciendo...y me convide a comer compartiendo la misma silla y el mismo plato...
Claro que no se como vamos a hablar, seríamos dos locas adentro de una.
Tenía la estatura incierta como su edad, aunque era innegable su digno origen sudamericano, en contraste con los transeúntes asiduos de Viena. Algo debió sentir en la voz de la pregunta para que rompiera su hosquedad y su secreto.
Y quién te puso ese nombre. Mi mama quién iba a ser, ella decía que tuvo cría y me anombró. Como no estoy arregistrao en un civil, desde que estuvimos lejos me contaba siempre el segundo en que me salté de ella ypor qué me dio un alma llamada así, pa`que no lo olvide al presentarme cuando llegue.
A dónde. Al país que ando rastreando.
Chamigo mire que en la tele yo he oído ese nombre, y no es de usté, el dueño tiene cara gringa. (ya no tuteaba a pesar de que se le hacía, que, el olor del otro le resultaba cercano; sintió necesidad de mostrarle respeto).
No me entendió, es mío la mama lo dijo: te di el pol como el eco que se oía en la barranca cuando yo pujaba a grito de coraje y ñi umán había alrededor, sólo animales quietos, callando pa`acompañar mi alumbramiento.
Sabe que ahora que veo por su boca las palabras que pintan el sublime de su nacer, recapacito y nada que ver su nombre con el que yo decía conocer; me dejó temblando con su parición vea. Ahora si me permite le cuento algo de mi, siento que andamos raiceando parecido. Soy hijo del monte correntino, pero me crié en Austria, mis viejos vinieron en épocas de escaparse o morir allá en Argentina. Se la tenían jurada después que levantó el obraje en reclamo de paga justano querían más el cuento de “conformate, bien pagado estás, con un lienzo bajo dormir y un sopero para todos”.Y así llegamos, tocando el acordeón en los paseos obligados a orillas del Danubio, engañándonos con que tenía sangre del Paraná e inventando la forma de entenderse con las manos ,menos mal que siempre las manos vió, trabajan nos salvan y nos miman. Un viejo amigo de mi abuelo nos hizo el mejor regalo de sobrevivencia y despedida con los pasajes; había sido anarquistaacá en Europa y no le bajaban al austriaco sus rebeldías en busca de equidad, ni a sus 90 años. Y yo sigo resistiendo con la música de mi cepa criolla juntando un volver. Pero usté dice que busca el país que anda rastreando, cuál, cómo se apropició por estos pagos.
No lo sé. (sorpresa del otro y siguió). A veces sueño con un barco con velas y remos, con un agujero oscuro donde viajo; no entiendo lo que me dicen y me separan de mi mama. Digamé cómo tengo en mis ojos el lugar del eco aquel que le conté,si nunca viví allí,si paso las paredes,salgo por viejos cuadros o despierto encuereado solo con un tejido tapando el rabo. Me pregunto cuándo podré encontrarme conmigo mismo. El alma me la robaron en unos cartones que llaman fotos, pero ellos no saben que mi nombre la contiene y no voy a dejar que me lo saquen.
Y su madre. No lo sé (y enmudeció un rato mirando adentro a la mujer nombrada y abrazándose a si mismo la pensó Che sy, mi hacedora). La figura de la muerte estaba presente, alguna vez me animó a mostrar coraje a decirme que el mombyrygua, ese forasteroextraño de lejos; se cansaría de mostrarnos como animales exóticos. Eso nos llamaba. Ella me convenció que un guaraní es hombre también tan igual hombre que los extraños. Después la sé muerta. Después me pierdo en calles de fronteras y fronteras de este lado del gran mar. Duermo muchas lunas, levanto y busco, soy el espíritu sin muerte; el paisaje completo de mi tierra con mi nombre, ahí debo llegar para aplacar todo el lamento de mi tribu y reclamar. Ganaré con pasos el asentamiento de mis huesos cansados en lo que me pertenece.
Desde que respondiera con su nombre cortamente, había ido componiendo una sabia manera de contarse, como si un eco guaraní repitiera arandu.
En su caminata sin guía se acercaban al parque con la vieja Casa de las Palmeras.El otro hombre se preguntaba, casi se afirmaba, que este pol ñi umán era el alma de algún indio de los que trajeron a exhibir durante la conquista,siguiendo aún en el martirio de su regreso. No estaba ya a su lado, miró en circular. Lo vió en medio de la explanada, entre anuncios de la nueva Casa de mariposas; atracción turística, bellezas exóticas en escenario “casi” natural, bosque miniatura. Patético ,indio o mariposa pensó y sintió asco, quién masturba la ley en morboso placer de desarraigar a los pertenecientes ,se preguntó impotente..
Volvió a mirarlo, entre la gente (la rareza era otra hoy) estaba en cuclillas, él ysu resonancia de barranco…Ni un humano lo miraba, mas precisamente le huían…
Se acercó le tendió la mano. Vamos buscaremos juntos tu país reencuentro y ahora sé que también es el mío, el que siempre me conmociona adentro. Habrá regreso. Detrás quedaba un cartel preguntando:“What is a butterfly?”. Ellos ya estaban cerca de saber qué eran.
Continuaron juntos dentro de una neblina imprevista que parecía llamarlos a la permanencia de una tierra viva, real, que desde olores de albahaca hablaba de la vida sueño y de su sueño despierta: los hijos estaban volviendo.
La jaula del Zoo. Da lo mismo cuál. Tiene un olor de sujeto y predicado. El animal tiene miedo porque extraña. Así todo él y la celda se quedan impregnados de alimentos y defecaciones varias, subiendo aún más el sudor de su tragedia adrenalínica. En su hábitat natural el aroma es limpio.
El cuarto de Rosario. Éste sí, es cuál.
Produce el mismo efecto. Rosario tiene miedo y extraña.
Cuando salió a buscar trabajo; ese aviso de diario prometía Cristales de la Capital.
No pudo. Gritar ni pedir ayuda. A quién allí dentro. Las amenazas eran comprobadas. Los turros clientes eran cómplices, iban por sexo y por violencia.
Rosario era un animal manso. Pero arrancado de su follaje original, temblaba y odiaba. Venganza, se repetía.
Comenzó su periplo enajenado; puliendo las manijas de las puertas, raspando canillas. Enhebrando cada araña que encontraba en el tugurio. Cuna de las chicas atrapadas por la trata.
Quiero esa pendeja, dijo el cliente, y quiero un brindis compadre, usted sí que la hizo fácil y nos hace fácil desembarazarnos de la calentura.
Rosario preparó las copas. Puso pisco, gaseosa, ron, tequila, vodka y lo pulido, lo raspado. Dejó caer unas arañas de su collar y completó con aguardiente. Bebieron. Borrachos descuidaron su guardia, el arma en la cintura.
Fácil Rosario, fácil. Sacá el arma. Dos balas, en el medio de la frente otra al corazón. Cayeron los dos cómplices. Apuntando al miedo, a los esbirros, a los cogedores y las cogidas; levantó el teléfono, llamó al Diario, a la Radio y al Destacamento.
Como pudo escapó, con el arma demasiado fresca.
Al día siguiente, las noticias no hablaron, todo siguió igual con las chicas y más cómplices.
Ella usó el arma.
Se desprendió del olor del miedo que la perseguía sin rendición.
En esa plaza que se había refugiado, mariposa cansada, sólo la muerte para liberarla.
Debajo, detrás, arriba, delante; hay como un pincel cansado en rojizo y ocre. Revuelto. Ha hecho ronda en rumor de barro.
Un río. Desprovisto del color del agua. Una pierna. Despojada de la visión del cuerpo.
Dónde estará el resto, aunque el resto también esté unido. Dónde sus manos, que hasta hace poco se juntaban como pájaros cortejando, con las manos de Calixta.
Cuelga. También la soga, la trampa, las vizcachas y el error fatal; ante el sobresalto de un tiro y luego el quejido gutural. Irreversible. Cercano, tanto que sintió el desplome en sí mismo, como el escalofrío segundo antes; al oír al patrón a través de la fronda: hay que matar al…Luego todo fue impredecible.
Calixta, está regresando a su comunidad wichí, lava ropa en casas ajenas; viene presagiada por el viento y el río marrón al que zigzaguea. Arruga y desarruga su delantal, entre espirales y círculos desbordados de su pensamiento. Qué sucede en este día frío, dejado a la deriva de las suertes, se pregunta; me apura abrazar a Nemesio. Tiembla mi presagio, tendrá que ver con él y esa changa tan peligrosa de desmonte. Ese maldito desmonte, que deja al río descontenido y a nosotros sin vida de alimentos, sin hierbas para curas y sin hebras para tejer lo necesario.
Todavía lleva el ardor de los golpes en sus mejillas, de la patrona. Había resbalado un plato, pobre plato común con tanto entierro de lujo por rotura y sólo lo usaban para la comida del perro. Mejor mis platos, de la madera que talla Nemesio con el aroma del palo santo, pensaba.
Sintió el tiro. Corrió. Escuchó el grito de Nemesio. Sintió perforarse al medio del pecho, su boca estaba ahí en ese hueco y en el agüero. De su cara sólo quedaban unos ojos desorbitados, cosidos en único agujero en el centro de su frente. Parecía la sombra de una máscara india. Llovía.
Vio la pierna colgando, y sintió un olor de pólvora, que se unía al de la madera de algarrobo recién cortado. Quedó de rodillas entre el barro, tuvo la sensación que nunca más pasaría aquella lluvia.
Reaccionó. La pierna se movía, sus manos soltaron el lazo del delantal y lo ató a una soga adherida a un tronco llorando aún su propia matanza de monte; entre los tres: delantal, Calixta, algarrobo: lograron sostener el salto desesperado de Nemesio para asirse y deslizarse hasta la orilla del Bermejo.
El esfuerzo desplazó ramas y quedó a la vista azorada de ambos, un chango consternado frente a un caballo muerto. Preguntaron, les contó. El patrón dijo: hay que matar al caballo. Mancado estaba, pero yo lo hubiese cuidado, era mi hermano animal; pero a él le sobra sangre de nuestros hermanos.
Seguía la lluvia Qué hacían sus antepasados en las tormentas, se preguntaron, seguro no talaban algarrobos ni mataban caballos. Si hasta les prohibieron su uso, porque con ellos podían defenderse mejor cuando las campañas de exterminio. Ellos cocinaban y atersanaban bajo sus enramadas, esperando que la hermana naturaleza necesitara dejar de llover.
Es tan fácil matar a un caballo, como matarnos a todos sin balas, corriéndonos de las tierras. Masculló la voz gastada de Nemesio
Pasaron elatardecer bajo un cerrado lapacho que comenzaba a florecer, es octubre, pronto habrá pesca les decía el abuelo. Manipularon arcilla del río para hacer sus cacharros y venderlos en la feria del pueblo.
Entre ambos y sus manos nació una máscara india, eran dos pájaros en cortejo tomados de la mano, con un hueco en el pecho como boca grande y dos ojos dentro de un mismo sitio.
De la unión de las manos, algo pendía como un turbión de dolor y de reclamos.
Caramelos surtidos y bolsitas. Hizo el pedido. Lo atendía una muchacha despreocupada, llevaba el compás de una música cadenciosa. Él aguzó los sentidos en ese andar por la vida.
Se fue pensando que las reuniones de fin de año, dan permisos para decretar. Y había decretado su regalo. Lo recibirían en familia de edades creciditas, entonces por qué no los caramelos.
Le faltaban algunas cosas. Pasó por un cotillón, compró globos, ruidos y pelucas muchas, coloridas, rulos ondas pelos largos. La vendedora se las probaba y le hacía mohines, me invitás a tu fiesta le dijo. Y estimuló, estimuló sus sentidos…
En el subte, calor de olores, paquetes caros, apiñados ellos y los hombres. Las mujeres, mirada aparte, desprendían botones a sus jugosos escotes con el gesto innato de seducción, aún en deslizar las faldas al bajar. Seguía absorbiendo una manera de existirse género.
A la salida entre los empujones, una pareja paró en seco como un agujero negro en el espacio. Ella cómo lo hizo, mi diosa, qué estilo se dijo; prestancia sudor y actitud al escape de alguna lágrima atada a su decisión. La escuchó decir: vos a mi no me jodés más, te quiero para mi cama, de velador para mi mesita de noche, de platos en la mesa; entrada, principal y postre; no de calzoncillo barato que se usa y descarta.
Y vos, mi querido, te descartás solo. Salite de mi frente, vía, aire; alameda vacía desde hoy ante mi; y se fue.
El escuchó y volvió a valorar la fortaleza que deseaba ser, la actitud aún ante lo vulnerable o el involucre de la vida.
De adentro una de las tías preguntó, quién es?
La respuesta fue: “la tango”.
Apresurados se echaron a la puerta, abrir, descubrir, gritar. No entender, quién?
Una admirable mujer, con compás de movimiento; coreando la música que venía de adentro les habló. Me invitan a su fiesta dijo con mohines, extendió los regalos y agregó: ustedes a Raúl no lo ven más, era un calzoncillo descartable.
Actitud, se recordó a si misma. Quiero que todos nos veamos como estos caramelos: surtidos, agridulces, aceptados en diferencias. Por eso el cotillón, festéjense y festéjenme hoy, soy lo que soy y familia; sé que son la mía. “La tango” es la segura, decreta la sexualidadque la identifica, sólo venía en envase genético confundido.
Y el desmayo fue integral, pero subieron el azúcar con los surtidos; y el cotillón hizo tanto ruido, descarga y soltarse; que el veinticinco, doce encontró a “la tango” recreando su falda y osadía entre el beso de su gente.
“El remedio que no entiende al hombre, es peor que la enfermedad” médico cubano
“La salud consiste en tener buenas razones para vivir”
Puede terminarse octubre, pudo ayer haber sido un domingo y de elecciones. Y es seguro que podemos hoy darnos cuenta que poco
apostamos como ciudadanos cada día incluyendo noches; para después de cada cuatro años poner quejas y pérdidas,perdidas en una sola cola de dos horas para llegar incauto a la urna investida de cartón y no de entidad unívoca, de decisión pertenecida.
Matilde fue una que soporizó en la cola, cuestionándose el cuarto oscuro sin boletas, sintiendo sátira y enojo con escrutinios anticipados a su propia hora de libreta no firmada.
Hoy se propuso darle rienda a su derecho de delirio, a su derecho de recuperar la parentela que la tierra le regalaba, a creer que aún en quiebra la industria de pensamiento popular podría reciclarse; si plantamos con fuerza los troncos, volamos semillas libres tibias con flores de estío, entre flamas silencios ausencias desde un movimiento hierba de mares de aire y contactos de suelo en rodares de carros defilas cartoneras, comunicaciones de nuevo de gentes por serse de nuevo parientes entre barros y sangres malgastadas.
Desvaría Matilde.
Habrá un diario que no se venda por que cada uno podrá contarle al otro las solas cosas calmas que ocurran
No habrá alambrados ni rejas ni robos por que todos serán una tribu.
Nadie dirá que le faltatodo porque no habrá quienes les sobretodo.
Los maestros, los árboles, el agua y los niños se dedicarán a que todos crezcan parejos.
No habrá podas ni perreras, ni armarnos ni cárceles; por que cada uno no necesitará más que ser hermano del otro como las piedras en loslechos de río.
No habrá más locos, que los locos de risa, de abrazo, de arte.
Y si todo esto se empieza entre pocos y después se esparce como lluvia mansa;crece el conjunto y los ministros de economía deberían aprender jardineríaporque no habría faltas en sus cuentas.
No habrá un líder, todos lo serán de todos, nadie será soberbio porque no puede Matilde siquiera, delirar pensando en que los ricos podrían tiernizarse pero agrega quizás…la tibieza de un beso podría ganarles…son tan fríos los ricos y sus parentelas tan mandatarios… ¿piensa, coherente dentro o fuera del delirio incoherente?
Entonces Matilde disparata una meta, la próxima elección será lenta, segura, una manuelita la tortuga. Bullicio amplio de jóvenes codo a codo a su progenie y al viento, serán los mejores candidatos sin campañas, sólo mostrando su vida de inicio.
Matilde por primera vez en sus cincuenta, ayer, votó en blanco por repudio y se repudia. Debió, debieron, seguir militando por su delirio.
Conciencia cada instante y todos los días del año , de cada año. La mujer vale como el hombre, merece respeto, cuidados, justicia, protección y ser escuchada.