lunes, 17 de octubre de 2011

Inicio y posdata


" hasta la soledad de esa mujer, no se abre camino nadie..."

Laura Restrepo




En un cuerpo de seda, todo era más fácil. Sin arnés. El equilibrio era una mera rutina de alpinismo. Jamás la obligación de ser topo en subterráneos con carteles extranjeros y combinaciones ambiguas.

Ema sabía quién era, con sus dudas y deseos. Era abanico de su carne y pensamiento, inquieta en búsqueda y silencio; consciente y convencida de que entregaría su aire a brisas en nítido, sonora y crédula.

Ilusa Ema. Socavada Ema.

Abaniquera. Agitada deseada, deseante.

P.D:

El túnel fue corto, oscuro estrecho.

Su puntilla al borde del desnudo supo bambolearse, supo entregarse. Luego aprendió.

La mentira representa muy bien su personaje. Se traga el aura y en el medio del ir y venir, se abre en topetazo, te cruza la cara y te roba tu seda de abanico y la creencia.

Es apenas, ahora, un papel plegadito que se cuida de los fósforos.

domingo, 18 de septiembre de 2011

mea culpa colectiva













Musiquita.
Como rosas del siglo pasado llovía desde algún misterio; poniéndole violines y caminos de piano a las miserias de vereda, remendada y vestida de luces por “obra y gracia” de un jacarandá. La pachamama no resta por cuánto vales.
No sale de una casa tomada, no, Cortázar hablaba de otra cosa y sin embargo una coincidencia: no es ni anónima ni mágica. Viene de unas latas debajo de la autopista, sólo un tiempo de rincón, sin dádivas como mala palabra.
Un puñado de seres sin nombre, apodos apenas, pocos años apenas y un equipo reproductor caqueado. Muchas bocas para una bolsa aspirada, para una ficha cualquiera de muerte.
Pero ahora que tampoco nadie los ve, la musiquita dulce como cuna, brota allí con sabor de chocolate.

Después un “trabajo” el miedo y el odio fumado, el riesgo que se busca cuando la vida no se festeja al nacer ni recibe mirada; parida en violencia de los que ignoran fingiendo. Mentira el trabajo, mentira la escuela, mentira la infancia. Verdad, que nacieron buena gente. Verdad los narcos y la riqueza de los que contaminan. Verdad.
Ellos los de la piedra de latas en el medio del pecho, con la musiquita de niños con el fierro temblando y el fuera de control firme.
Sangran, expiran, eran oxígeno para el mundo a pique. Nadie los vió ni de muertos.

Aún llueve la musiquita y maldice el olvido de los niños vivos.



gracias Teresa Parodi por tu canción "esa Músiquita" y regalar tu voz a la par Mercedes Sosa
picar para oirla


Enlace

domingo, 11 de septiembre de 2011

En ráfaga del hijo









Se desdijo, me desdigo. A veces hay que hacerlo, sintiendo burlada la intuición, desdeñándose a uno mismo; por otra vez incrédulo.

Hay personajes que nunca logran sacarse las tinieblas. Negras y barro, aunque los vistamos de conejos blancos y se hagan los refundados de sí mismos.

La justicia ha apretado a veces, la venda demasiado fuerte. Ella legal, con amparos y trampas de interpretación, aplica artículos que dan escape. La otra, la ella social, por dolor de madre eterno, dando la lucha por sus hijos perdidos en turbios momentos de dictadura; sabiendo de manos negras y entuertos que se tapan con la sangre de corderos; para construirse de nuevo, se dijo madre de todos.

Ambas ellas, venda apretada.

La basura, genera gangrena, se mete en las cloacas del blanco conejo mentidor; tira adelante. Carcome y sigue. Y vuelve a matar en off, y vuelve a desaparecer un hijo. Aquel que murió primero por utopía, es ejecutado en perverso, en traidor, en verdugo, en hambrienta enfermedad de poder.

Por eso ella se retracta, como Eva, Abel fue su mentor, su mano de marcha, su dolencia; el que acabó todas sus lágrimas. En su nombre ella con otras se desmurieron, paso a paso, ronda a ronda, trabajo a trabajo hacia paridades sociales, desde aquella primera plaza. Para ser hijas de la memoria.

La segunda oportunidad, protege y abraza como el fuego. Pero hace cenizas de los Caínes que reinciden y burlan a quienes se les ofrendan como madres.

¿Parieron así otras incredulidades?,no, no quisiera desdecirme de nuevo.



domingo, 4 de septiembre de 2011

La pobreza consultora










¿Vale la pena buscar la “e” en el diccionario? ¿Un día con invierno?

Se me ocurre que aparecen enano / esperar, espiar, evolución/ esperar, encumbro, estadio/ esperar, Eva, eco / esperar, exposición, embarazo/ esperar, elefante, enrosque / esperar, energúmeno, embotar / esperar, eternidad / esperar.

Enésimas veces influyentes de esperar, complejas desabsolutas; aunque en sentido de reloj, instante que aparece indefectiblemente círculo perfecto. Efecto y causa.

Arenales en los que se pierde la esencia de uno hasta que quizás vuelva a empezar otra.

En tales atribulaciones ajenas, Safir esperaba en un consultorio médico, ¿vaya a deducirse que hacía con un pequeño adminículo y un palillo; donde parecía escribir, sajar pagos, rezar runas, ta te ti?: Era la prueba de la espera.

Mientras iban y venían, recetas, obra sociales y pacientes, celulares, toces y silencios que sólo parecían; por que ahí de fondo se oía una estación de radio que placía o agredía, es decir moqueaba folklore o ¡hablaba! En ese punto que se hacía notar caía grandota otra vez la Conciencia Espera.

Un nombre fugaz, tenía ella, sentada al lado de Safir; pensó en escribir sobre un escritorio vacío ahicito nomás; pero tan salvador, digamos borrador de ese punto no querido de sentirse demás en cualquier lugar.¿Qué estoy haciendo acá, dónde está el espacio de ser yo y no ermitaña?

¿Cómo de que otra cosa podía escribir? La música pasaba de la ternura del otoño a pesadeces de antaño. Hablaban de la tropilla y una rima absurda con la trilla. Entonces, cómo no colarse la mención reiterativa de la espera, el clavo de plantear su validez, el descifrar cuándo es paciente y plácido un niño. Cuando esperar asfixia, obsesiona, presiona no crea control del Hombre, la controla desde la mirilla de la celda; la descontrola desde la falta de lo justo; la plantea en todo el rito inútil de esperar sin el ritmo lógico de la vida.

Estudio, estadío, evolución, elevación. Elevar fluir navegar codearse musa, madre, primogénito o continuadora, en trascender hembra en copla, hembra en macho.

¿A dónde iba ella en su escribir, delira? Ah…se llama Eva, paradójico, patético, no sólo fugaz-

Vale más discurrir tinta, ojearse del papel, perderse a puro tumbo; (las interferencias son muchas) los bombos de la radio las puertas que se van las que vienen, la doctora que pregunta chistea, y ya va sultana, ya va fulano. Safir ya entró. Ella no. No, no puede ser tan litoral el paisaje prefiere el surero, la pone mejor en trance; sólo escucha “Molino viejo” y le gusta (medio imposible hablan mucho las sillas cercanas igual que el acordeón.)

Por ahí se cuela la canción “Al pajonal”, se dice si fuera Eva la del paraíso, que manzana ni paraíso; pajonal y tumbarse a olvidarse de cualquier espera incontrolable; conocerse cuerpo con Adán… coloquiar con Adán ¿para qué es “esto? Y no sé pero tibio tu roce con “esto”…Dulce,dulce el deseo cuando se descubre y se correlaciona saciándolo.


Y la puta, hay fichas y toces. Y yo vine medio sana. Me quiero ir igual.

Milito para sacar la espera del diccionario cotidiano; quiero el reírme y no antesala infinita; me voy; llegué en junio y ya será diciembre.


domingo, 28 de agosto de 2011

La roca







“no celarás la mujer del prójimo”


Guerrero el mar. Lo sentía resistir y venirse. Soy su hija, se decía,cunas de Tritón enarbolado fueron las nodrizas de Marina.

Nacer allí no se puede explicar, se crece enamorada, enarrimada con él; hasta que éste va reconociendo cada orilla de su desnudez. Ya era una mujer, no su hija.

Marina lo escribe, lo dibuja, lo canta y lo odia al fin.

Cuando se casó con Manuel, comprendió su obediencia a las mareas. Con un hombre como su marido, descubrió que era amar y convivir sin sentirse cautiva e invadida,

Pero cela el océano, espía, enfurece; maltrata a sus amadas.

Atrapó a Manuel, no lo dejó volver y anegó la casa en que vivían.

Ella se arrancó hasta su propio nombre: Marina. Desapareció.

En el fondo de su desierto, se afincó entre montañas, no, ellas no la celarían; las sintió sus hermanas. Les contó del líquido asesino, ella ya era una más. Ahora, Roca, su nombre.

Con el tiempo, convenció a sus iguales para desmoronarse juntas, rodar y acabar con el mar.

No habría más celos que violen al género, ni maten a sus amores.


lunes, 22 de agosto de 2011

El jardín de la luna











Junio es premeditado. Rabioso del hoy ecléctico. Desconcentrado.

No eran así sus reglas. A que pensar en el invierno se dijo Juana, que se sentía ella misma junio. Pensaba sí, en el otro hemisferio, el verano estaría en incertidumbre también. En bataholas. Como estamos los humanos, desordenados, igual que los amores líquidos.

Y entró sin alertas, sin despedirse del suelo de todos los días. Entró al túnel de las calamidades.

Vió señores de corbata firmando oro x glaciares, agrotóxicos x vida, papel diario x poder, familias x particiones, monopolios x hambre, tierras x originarios y más demasiado más.

Entre todos se vió a ella, una renegada, una sin fe, descreída de dioses, estados y justicia. Giraba de rodillas, giraba contra los suelos y los techos. Giraba vestida y desvestida. Parada y en el aire.

Una visión y cientas. La muerte, la locura, la implosión de las premoniciones, el conjuro de una vieja; el cansancio de la pachamama. Preguntas. O mi propio cansancio, Juanaaaaa. Se llamó a sí, se rogó que regresara a su silencio opaco poblado de rutinas, torturas y a veces una risa.

De pronto alguien dijo: “El jardín de la luna” y comprendió que junio devolvía el sol, que anunciaba frío, que le daba la mano. Le pedía con su luna abierta que plantara esas tantísimas semillas que guardaba en una caja. Ciento dieciocho días para la primavera y los brotes nuevos volverán a su lucha contra tanto tóxico, incluso en los amores.

Juana comenzó a desmenuzar la tierra, hizo los surcos; ovulo semillas y quizás un poco de resistencia nueva con otros que salieron del túnel. En ese jardín que estaba gestando copulada por junio.




título del cuento: gracias a una personita llena de luz

imagen: "el jardin de la luna" de suzana villaverde

domingo, 14 de agosto de 2011

Patagonia al sur.











La puerta verde estaba ahí.

Juan en su mente, daba vueltas desquiciadas y se repetía: la puerta verde estaba ahí. Sin saber porqué había llegado tan lejos o tan cerca de lugar de nacimiento.

De qué verde sus ancestros le hablarían, Allí no había apariencia que denunciara la existencia de color, ni de algo que lo hubiera tenido. No había nada.

Todo era un paisaje amorfo, sepia. Algún montículo, pura ciénaga interminable, agujas sobresaliendo sin engañar la vista. No eran resquicios de nada conocido.

En la urbana ciudad donde Dalia huyera hace años, los colores estridentes y el morboso movimiento violento de los nuevos motores humanos y de tracción, la hacían agacharse, taparse los oídos y retener ese fuerte vómito en desconcierto. En cuclillas intentaba abrazarse a la puerta verde que flotaba ente sus ojos.

Ambos, en distancia, concentraban y desmenuzaban su cordura, ninguno podía descifrar la obsesión de la imagen. Juan la buscaba, Dalia la tenía abstracta en su mirada.

No podían saber, que sus padres tapados de cenizas del volcán activo y cercano, hace años, habían sido obligados por supervivirlos; a dejar un paisaje que había sido un cuenco de pájaros y verdes, dónde hablaban todos los pasados más cerca del cielo y la montaña. Ellos eran gemelos aún en la panza de la madre.

Dalia a los pocos días recibió un mensaje de su hermano Juan “encontré debajo del sucio, una puerta verde con un cartel raído que tiene el apellido del viejo”.

Ella pensó en las flores de su mismo nombre, que la madre le contaba haber tenido alguna vez en aquel su primer hogar, como reventando primavera. Compró unos bulbos, Si la puerta aún conservaba el verde, había esperanza. No dudaba que ellos habían salido de allí. Cuántas cosas se habían perdido de su génesis allá en el sur. Hasta de sus propios padres vivos y luminosos.




imagen: "cerrada"por josé calmaestra juteau

lunes, 18 de julio de 2011

Esas cosas de la moda
















Le dijeron falta serotonina. Le gustaba lo natural.

Le dijeron hay alimentos que la producen. Pastas, dulces, pan.

Sin psicofármacos tan consumibles, se dijo.

Comió, comió, comió.

Mejoró obesa su depresión. Sin reconocerse en el espejo, no encontró su natural fisonomía.

Las hierbas eran su especialidad. No estaba más triste, reía todo el tiempo. Ignoraba ese otro cuerpo, no era suyo, sólo iba perseguidor con ella.

Sabía de las malas hierbas (le sentaba lo natural); feliz las juntó, preparó la infusión y convidó a ese cuerpo extraño que la perturbaba invadiendo su interior exterior.

Al fin llegó su necesidad, venció la depresión y murió ese cuerpo obeso.



imagen : "El cuerpo abandonado" de Silke Seybold

lunes, 11 de julio de 2011

Mediodía de sol / opaco







Iba con ella de la mano.

Un hombre oscuro rayaba la esquina con su inquietud.

La miraba sin perder el merodeo, sin perder la mano asida, que llevaba en inocencia pisando la hojarasca.

La risa, el ruido de la hoja, era otoño y el hombre oscuro crecía en ansiedad, aturdiendo la esquina.

Le hablaba de la urgencia, del viento, de la casita en espera y tironeaba de la mano que invitaba a seguir tras una hoja.

Le tensionaban los alertas, un ojo en cada lado. Un ojo en la dulzura, el otro en el peligro.

El hombre oscuro ahora cruzaba alterado de vereda a vereda; en aguarde o en asecho.

Al fin la alzó, abrazada a su único valor a preservar; rodeada del rumor de realidades abusando la ciudad. Entró en la casa. Giró la llave y saludaron a la música a los chiches al refugio.

El hombre oscuro se desvaneció en la esquina, bruta historia llevaba entre sus cejas. Hostil. Quizás premeditando lo ilegal, quizás por propia tragedia, más lejos de la esquina y de quines pasaban por ella. Portaba cara y condena.

Rieron de nuevo; pero no se borró en la abuela aquello que destilaba el hombre oscuro que se le quedó inquietando.

Esa sicosis urbana cundiendo como epidemia. Previniendo, preservaba.



lunes, 4 de julio de 2011

Hoy












La calle .Mis pasos el apuro en delirio de siempre, sin cambios había puesto tercera en las suelas; sabiendo a donde iba, me ausente del por donde .De golpe me parecía a mi misma una mariposa liberada de un frasco sin oxígeno, una hoja regada en la sequía, un trozo de témpano descubriendo que desarmarse ante lo tibio era todo pedal todo empujón toda carrera en estampida.

Entonces llegó él...disperso inocente gratuito penetrante y me dio el brillo....una mano de olfato para el alma ,una escena ,una novela , un escenario solo mío...ay bendito ese freno .Freno de aroma ¡Pasto recién cortado!



imagen: encuentros al desnudo,
recogiendo primaveras-annia alonso

lunes, 27 de junio de 2011

El árbol del fruto demolido









Desquiciado, pendía del cordón de su zapatilla. Ese equilibrio conseguido le producía carcajadas traslúcidas de su infancia. Demasiado tiempo muerto .La ciudad descuartiza entre tantas manos derechas e izquierdas tironeando .

NN pusieron en el libro de entradas donde la sirena se lo llevó.

Cuando alguien encuentre su nombre y la última ficha del rompecabezas de su historia , quedará en crudo, quiénes son los gusanos que carcomen los frutos humanos por las calles.

Indiscutiblemente la obligación será fumigar o admitirnos frutos demolidos o lo que es peor todos gusanos.



domingo, 12 de junio de 2011

asombros









Setenta y dos escalones la miraban desde abajo ,desde arriba. Del cuerpo eran sus amantes. De sus pies gozaban cada día cuanta queja o latido era su estrago .La despedida nocturna , la más esperada ,pasaban descalzos húmedos de ducha.

Aquella tarde no alcanzaron casi a verla , solo un tumulto de golpes descarados violentos sobre ellos y un seco estruendo al final.

Ella quedó agazapada en el hueco , nunca comprendió...(.la escalera había muerto por excesos de amor).

domingo, 5 de junio de 2011

Grillos











Prendió la radio, la escuchaba hacía tres años, puso un plato en la mesa para ella y el locutor .La cena fue algo pesada. Habló tanto él (encima le dijo:" 35 grados de temperatura"). Aburrida ,comió lo de ambos .Le pidió que al menos lavará los trastos , la publicidad lo tenía ocupado ,a cambio pasaba la música que más le gustaba. No era esa una relación adecuada, no había silencio entre ellos; pero nunca lograban un orgasmo a la par.
Decidió.
Lo dejó hablando solo, salió, cerró la puerta; tiró la llave y buscó una plaza...
A los grillos no había que darles de comer y sobre el pasto podría masturbarse con aire fresco.



imagen : "ashridge"-jane carr -06

domingo, 29 de mayo de 2011

despedida












La última silla del salón de baile y ella , que se decoró sentada desde que llegó. No se dio cuenta cuando las otras sillas se fueron. Vacío entre cada extremo , sin los rancios temas en el parlante ; la espera ya estaba sin nombre. Olvidó caminar donde paradójicamente había llegado un día por bailar...

Estaba desnuda (como siempre se mostraba) , cuando cayó en el contenedor junto a los escombros.



"la fonola"-pintura de roberto volta

domingo, 12 de septiembre de 2010

Entre fango de autopista










Sería confidencial. Augusto haría el viaje. Extremo, urgente, los motivos no permitían dilatación.
Muchas horas de volante, pocas paradas y de mágico silencio se sorprendió al oscurecer. Hubiese sido ridículo traer la brújula; sé donde voy; pero no quería confesarse que lo perturbaba un paisaje desconocido, una verdosa vegetación oculta, ancha áspera y gris; pero endemoniadamente bella.
No podía seguir sin intentar adentrarse en esos caminos rojosucio polvorosos que se abrían y gritaban alertas, pedían conocerlo, hasta un aullido de pájaro en riesgo lo imantaba para olvidar su destino.
Entró. Fueron mil paradas en sendero, imposible no registrar con su cámara lo que veía. Supuso que nadie vivía lo que él; que podría impactar a su regreso con una muestra de esas fotos en alguna galería de arte con renombre. Pero un paso de retumbe le recordó la inquietud, eran dos tres muchos, golpe en golpe le sonaron la sangre; golpe en golpe los vio en éxodo de humanos agrietados, ausentes de mirada; angustias de rastros sus caras.
Su jefe de redacción hubiese sentenciado: feos, sucios y malos; demasiado repetido ya no es noticia. Se estremeció nada de eso eran. Preguntó y apenas entre señas y texto poco le dijeron: no más casa, ni animales, ni alimento. Y le mostraron un recodo del camino.
Como citadino acostumbrado a cuatro ruedas, se subió aceleró y comprendió; cuando al girar la curva, cayó en medio del agua. Ni palas, ni brújulas, ni fotos ni grito. Eso era anegación pegajosa. En esfuerzo animal a cambio de nada, lo ayudaron a sacar la camioneta.
Abrazó a cada uno y prometió: esto se sabrá. Quedaron incrédulos y siguieron la huída del espanto sin punto de llegada.
Retomó el camino, llegó. La reunión que debía cubrir para el diario de tono confidencial, terminaba. Festejaban el primer tramo construído de autopista internacional, lo divulgarían al comenzar el siguiente trayecto, por eso las fotos llevarían un escueto texto de posible acuerdo oficial y empresarial a largo plazo, pero intereses patéticos exigían un registro en los medios del evento festivo íntimo.
Invitó a los ejecutivos a subirse en su transporte para inaugurar el tramo flamante. Mintió. El rumbo era el pantano, dejó irse al vehículo al centro del mismo; se bajó y se fue, a sudores entre el barro. Renunció al diario y denunció al mundo, la obra programada borraba comunidades rurales humildes, ya que encajonaba el correr natural del agua de lluvia.

Cumplió su promesa. Amplió sus fotos testigo y las expuso en las calles del centro de la capital.

martes, 17 de agosto de 2010

Combustible originario










     Achique de islas. Hilos de agua escondidos. Un delta de silencio, hablado por los pájaros y los remos del viejo Bartolomé. Viene entre vientos de octubre y frescos de soles. Lo veo, llegando a mi muelle.

      La vida y sus ancestros se le han quedado en el rostro, dibujado por hendijas y marrones, como quién vive en el barro. Pero es limpio de sonidos en su cajita interior de resonancias.

      Él pesca. Para comer, para ganar jornal y para recordar; esas fantasmagóricas historias de su abuelo en aquel puerto africano de pescadores. Siempre le contaba. Ahora, Bartolomé me cuenta a mí.

      Sentados acá entre atardeceres donde se compran sin un centavo cielos rojizos, lloviznas de cuentos y flores azules de las hortensias. Estamos colgando los pies sobre la viveza del agua; pasando un mate de boca a boca; tentando mosquitos y respirando juntos. Te dije, me mira y yo tiemblo. Siempre fue así, cada semana a su regreso, al habitarnos juntos; soy un aljibe de mariposas.

      Te dije, repite, del sueño que me persigue. Hay un mar callado, voces de niños, es afro la luna afro la playa y yo no puedo tocar los atabales; algo me acosa y grita dónde están tus manos, tus manos, mis manos.... Me duele real, este no lograr retumbar un parche, por eso mi carencia ancestral se mete en el sueño. Tengo el paisaje…es mi no poder ponerle música… y hace silencio

      Cae una hoja, siento que el mundo incomprensible me cae encima; entonces se despide, y sí, nos besamos. Vivo con él casi desde que nacimos.

       Vuelve a sus remos, aún le falta vender la carga; me levanto, empiezo a caminar hacia la casa. Cae otra hoja, percibo, dioses distantes y nosotros humanos, hacemos el milagro de comprender nuestros minúsculos mundos nativos, hacedor paridor; este que veo explotando huerta y orquídeas a mi contorno. Y allá lejos poniendo tambores en los remos de mi Bartolomé. Lo tiene logrado suenan afro suenan a parche negro al golpear sobre el río. Ya no será perseguidor su sueño.

      Tendremos noche para ser unitivos de cuerpo y apareo.

      Sonrío y comienzo a preparar nuestro pescado.


imagen: "sorgo rojo" de m. casas

domingo, 8 de agosto de 2010

Jesucrista










      Goteaba su sangre, sobre una oscura vasija de terracota. Podía discernir aún. Se preguntaba por qué ese árbol gigante, de un supuesto cactus de maceta. Por qué en la casa de un pequeño patio. Por qué en la noche fresca, de este verano saturado de vida barrosa, se cayó de la farsa; recordándole las vidas continuas de errores y faltas; de padres a hijos, de ignorados genes hablando por nuestra boca; golpeando herencia hasta dejar un dedito torcido o una torcida violencia. Cachetazos. Borrones. Y cuentas a empezar en sartenes poco usados o braceros con grietas de tanto hervir para sopa; porque también esta vida continúa con o sin su sangre circulando presa en las venas.
    
      Su sangre goteaba.
      Había virado el segundo de su pensamiento, se quedó sólo un respiro colgada de aquel punto negro de causas y consecuencias; olvidó
el árbol más aún las espinas, ácidas, bruscas, amontonadas; troncos de punta de cinco centímetros.
       Ahora; estaba incrustada ahí. Sintiendo el atrape, sintiendo escurrirse roja mojada, sintiendo que ya poco percibía en la cárcel encajada
a casi toda su entidad humana. Coronada de espinas como redes de trampa.
       En sudor y delirio, pasaban asombros de imagen, la pollerita amarilla con la alegría soleada de lentejuelas, la vocecita que aún no sabía de palabras gritando ¡una araña!, el velo de novia, la gervera roja, la escena de empalme que le movía su pubis.

     Sangraba en gotas, como al instante llovían aguas en gotas, goteras de universo en torrentes sobre ella. Bendice, bendita; afloja las rejas, apaga el ardor, despierta su letargo. Lucida.
     Un tirón de mil muelas sacadas, un tirón en pujo de fórceps, un tirón  del tirabuzón de la vida que le pone el tapón a la muerte.
Despega; ya no gotea, su vida no se va del todo; comienza arrancando sus ropas lamiendo cada agujero de su cuero herido. Desnuda y la lluvia. Se lava, duele, duelo a fondo a mente a vida continua que continúa, a curar a cicatrizar; a mirar la noche suya, sola con la sombra del hombre que extraña. Vivirá  y es verano.
     También vivirá el árbol, ella no es venenosa.

     Entonces se abrió la noche y sobrevino la ofrenda, cerca, al fondo, contra la oscuridad entera y sonora. Se levantó ella hembra mujer, que llegó a casi muerta y volvió a escuchar la voz de su hombre, continuando sus vidas, que corteja y llega.




imagen: afiche de película "espinas" mexicana

domingo, 1 de agosto de 2010

La niña del miedo











    Santa Sombra, estaba en esas tardes mansas. Pocas casas enracimadas sobre el giro del camino donde viejos árboles espesos, fundaron sus primeras sombras cercanas a la arena; sobre una orilla de mar, aún no aventurada de pasos y dineros.
    De ahí el nombre del paraje, se lo dieron los padres de Juan, los primeros en llegar y enamorarse de ese remanso. Ahora él estaba solo en la casita primera, la de dos plantas, ésa con escalera de madera en la que había vivido en cada escalón un sueño de partidas y llegadas.
    Farah y Mahud hacía años eran sus vecinos, los de aquella construcción con torre y diagonal en teja, poco hablaban; pero mostraban una manera de flotar bajo las hojas, de buscar conectarse con musas esmeraldas, de oír una cítara lejana y un inclinarse en el saludo.
   La edificación de al lado era la más alegre, una joven tarareaba con el sol prepoteando madrugada y llevaba su sonrisa metida en los ribetes coloridos de su ropa hasta el mar, donde caminar y perderse era un motor extraño en sus días: Nadie se había preguntado nunca que querían perder los pasos de Maritka.
    Alguien más estaba en el cuadro casi pueblo.
    María, la niña muda, impávida en su mirada, en el tesón austero de sus ropas en el turbio contenido de sus ojos y en la boca. Su boca, que nada sabía de sonidos anonimando palabras. Quizás era que sólo por su boca lloraba pero el ruido de esa tormenta la podían contar unicamente sus ojos.
    Ella contrastaba con todos y sin embargo era parte de todos, en realidad cada casa era su casa y de cierta forma, aún era uno de ellos algunos días.

    De cómo fue Juan cuando llegaron, solo cantaba alegre, aventurero; puso nombre a las sendas, a los nidos, a las olas y a sus hermanos a medida que fueron naciendo. Los escalones de madera lo embrujaban, contemplaba desde cada uno horas distintas y marcaba en ellos lo que lo atrapaba en devoción. Se fue como sus hermanos empujado por lo que creía debía ser. En la ciudad eligió estudios y facultad.
   Nada fue como en el pueblo, eran tiempos políticos fuertes, pertenecer al centro de estudiantes, proceso militar que ahogaba todo grito de cambio. De aquellas sesiones de mirada que lo fascinaban pasó a la lucha grupal por lo social. Sentía que el mundo era como su escalera, un espacio de maderas nobles en igualdad para observar, con tiempos de búsqueda y llegada; nunca para deshacer y vedar.
   Allí dentro de él, vivió María no como niña sino como miedo mudo, por eso después de escapes a la tortura enajenante; sin explicarse el por qué yo logré sobrevivir; volvió con cuarenta años a Santa Sombra donde a veces esa mudez interior de años, aún lo ronda. Había deambulado años en preguntas incluso en dolor por su familia ausente en exilio forzado.
    
   También en sus vecinos hindúes, suele habitar María, casi no logran revelarse como están vivos y gozan ese paraíso de Santa Sombra.
    No les fue fácil huir, cuando Farah fue impuesta a matrimonio negociado desde su nacimiento, entre familias de ralea en su país; Mahud hijo de un artesano no debía tener la osadía de cruzar amor entre ellos. Pero sucedió. Escaparon casi niños, en un carguero chino. Entre medianoches y descubrirlos sin entender el idioma y terminar vendidos en Calcuta, pasó una eternidad y un segundo. Prostitución y servidumbre. Red de tratas humanas. Maduración temprana y desarraigo, fue allí cuando María y su silencio, se añadió a ellos en miedo. Prolijamente aprendieron a programar un sueño de autonomía. Y fue su última escapada, tenebrosa perseguida. Serían de sus vidas, dueños. Con huellas en sus cuerpos y ahorros escasos en sus ropas, se encontraron comprando pasajes de tercera y una libertad de primera.

    Maritka, había elegido el país, el paraje, es feliz; como entonces tiene a María algunos días dentro de su piel, cuando camina sin tiempo a lo largo de la arena, incansable en extenderse kilómetros a orillas del mar. Allí deja de cantar, deja de ser feliz y pide perdón a su tierra y a sus jóvenes camaradas por su cobardía de huir ante el fracaso de la nada. Guerrillas y odios separatistas, su orfandad, la impulsaron a callar sus planes ocultar su comida e ignorar, viajando lejos, lo que había muerto mil veces en cada lucha armada inútil con tendales de cuerpos y de hambres.
María fue aquietando su tormenta en los ojos adentro de cada uno. Mientras pasaban años. Ya no se la ve en el cuadro de Santa Sombra.

   Hay algunas casas nuevas de contemplarios como Juan, que es igual que decir meditadores como Farah y Mahud o caminantes como Maritka.
    Llegaron por algún motivo con una María muda dentro para lograr darle voz e integrarla a ellos en curación colectiva.
    Los hijos de Juan y Maritka ya aventuran caminatas de arena y ponen nombre a las cosas como sus padres; los pequeños hindúes son sus íntimos compañeros de sus gestas. Casi se sienten los fundadores de las risas nuevas.
    La más pequeña dibuja mientras el cascabel de su voz no deja de volar alientos a los senderos y a sus hermanos, escuchas ansiosos de esos sonidos brillantes, festejan sus incursiones de pincel y lienzo. Entonces ella triunfal levanta el cuadro donde hay una niña vestida de rojo, llena de risa y ojos de luna, soles, pájaros y espuma; como las marcas en la escalera que hiciera su papá.
    En tanto los otros la aplauden, cuenta a los gritos, feliz, ausente de miedos; la nena que pinté se llama como yo, María.


lunes, 19 de julio de 2010

El último gran mago











       Dulce espera. Espejos siniestros. Diagnóstico de imágenes.
       Frases. Modelos del decir  y del ser. Clínicas de la historia. Historias privadas, secretas y a veces siniestras como los espejos; que nunca nos fueron contadas: Reales. A fuerza bruta de verdad. Retazos nos llegaron; y de costura entre ellos, un hilo de mentiras acomodadas a los  fines de contadores permitidos.
        Manuel y Dolores quedaron en ese pasaje a lo no dicho. Él por austero, por protector de pueblo recién iniciado y del otro ancestral originario con autoridad pública de territorio y raza
        Manuel no quería la guerra y debió ponerse el disfraz de comando. Entonces su conciencia jugó en limpio y su privacidad con Dolores quedó lejos. Hay amores crucificados y lenguas espinosas que hieren por cerrarlos
         Manuel en el Paraná y una bandera. La primera casi extranjera, la única hoy que nos cobija.
         Detrás aún en su muerte. Dolores lejos.
         Detrás aún de su muerte, la wilpala, bandera que de raíces lleva colores de la tierra madre Pachamama y del último gran mago, el inca Tupac Amarú

Si editáramos junio? 
      No por nada Belgrano Manuel, puso su muerte para evocar el día de nuestra bandera, sorprendentemente al inicio de cada año nuevo “Inti- Raymi” para los originarios de Suramérica. Solsticio, 21 de junio, llevan hoy 5518 años de existencia. Y apenas un Bicentenario en el siglo XXI de otra nación sobre esa nación, que nos regala si queremos oírlos, toda su sabiduría y su cultura, aún no reconocidos como habitantes de primeros derechos.
      Rectifico, Manuel también fue un último gran mago.
      Será por eso que en Jujuy existen los Milagros. Con la Puerta del Sol otra vez abierta.

      Cruzando el Atlántico aún existe otro último gran mago ; de tanto resistir y jugarse por su raza veinte años contra rejas: Mandela y la tierra de Sudáfrica. Es tiempo de reconocerlos reales, en la vida, hay muchos más. No solo el último gran mago fue Houdini en su ficción.


lunes, 28 de junio de 2010

Futuro pasado mío











    Vení pequeña Pompadour, sacudite por un rato el papel picado, sentate, ¿puedo contarte algo?
     Dicen, ¿sabés? Que el rosa es de nenas, de sueños, de horas ingenuas; así como la tela que está en medio de tu disfraz. Curiosamente te pasa por los botoncitos de tu pecho, el centro de tu cintura, acuna tu vientre y casi como sagrado o salvaje te tapa agujeritos, te roza de seda los pies. Que sí que parece un milagro este cuento; porque veo tus blancos zapatitos tirados, que me gusta que me escuches descalza.
     Te hablaba del rosa y de tu vestido, porque…

     Érase un abanico que te tenía por dueñecita rosa…Cuando pasó tu edad a ese color se sumó el verde como tus ojos, amaste los horizontes abiertos; entonces ya no te ponías en la piel disfraces sino que buscabas espejos.
      Espejos de veras, de agua de ojos, de papel escrito de sueños de trigo, de lazos de sangre, de pares, de pueblos con pies liberados. Caminabas y aprendías, descubriste la arena, el asco, el deseo, el sudor de ganarse comida; el apuro por ser lo que decían se debía ser y la sublimidad de ser madre.
       Sí, caminabas pero también te caías; con el tiempo que pasa y se queda, se va y no vuelve y que al fin no cuenta porque nuestro tiempo en realidad es cada día, una gota, una gota como un día, a día, a día…
       Dicen también que toda fruta: madura, que toda raíz: subsiste; que la vuelta a la tierra siempre es posible; entre topadas, arrastre y corajes, en esas gotas cada día…Encontraste, aquel minuto de huída y regreso.
       Sumaste pulpa a la carne viva.
       Y al verde se agregó otro color, este que es ahora tu piel a punto…y  seguido. Sumadas tus tintas escribientes, a seguir sin puntos suspensivos.
Colorín colorado…la niña rosa, es ahora una mujer roja. Vos. Hoy. 

       Ya vez, pequeña Pompadour de mi foto, acabo de contarte tu futuro pasado mío.
 

martes, 22 de junio de 2010

Descariciada











     Me mata Damiana. Su mirada, su gesto, su pose desprotegida e indefensa; me mata. Qué nombre tendrías Damiana desde tu etnia aché. Quizás tu tribu, esperaba hasta ese año, en que te ahuerfaron de todo, para definir como llamarte de acuerdo a tus maneras y tus dones. Seguramente sería bello ese modo de nombrarte, porque seguramente eras una niña amada y amadora, feliz. Tan genuina e inocente entre tu tribu y la selvavirgen, tan virgen como vos, Damiana. Si te hubiese encontrado como en esta foto, que muestra la tortura que le hicieron a tu esencia libre; desgarrada de pertenencia, de madre, de voces y lengua, de cultura y paraje. Te hubiese nombrado Lágrima, Dolores, Descariciada reina.
      Hay que ser animales humanos, bestias; para no conmoverse ante vos, viva, para que aquellos te consideraran Nadie, menos que ninguno, más que para ser esclava y  para  interés de los mengueles de la ciencia, de los putos museos de seres como nosotros mismos. Que pasaría Damiana si mañana yo fuera la muestra en un observatorio de Júpiter, el esqueleto sin cabeza arrumbado en una bolsa, un dato en un papelito que le cuelga. Que pasaría humanidad, si todos nos convirtiésemos en cosas ocupando una vitrina, qué justicia te usó Damiana. Qué justicia nos desusa y desusamos.
       Mierda que me duele, que me avergüenzo de mierda ajena. Mierda que pido perdón por los cómplices y el silencio. Mierda que esto se sigue repitiendo con otros nombres de las causas, con otros nombres de los individuos, cáusticos asesinos que no merecen ni tener cráneo ni vida nacida. Percibo que te amo, mi niña.Necesito extenderte mis brazos, para consolarte y abrazarte.

      “No sería lo que fui si hubiera vivido la paz de mi grupo. No sería la esfinge del no entender y pedir a grito por las manos que siempre me tocaron de parida, por el pecho que aún me daba leche, por las hojas que me hacían de vestido y unas cosquillitas de narices que mi  madre , mujer niña,  me hacía y nos reíamos. Su olor, no me puedo despedir de su olor, tan mío y tan de ella, tan raíz y pulpa y abrazo y cuidado.”

      Su voz  acaba de dictarme el párrafo, no se si en su idioma o en el mío; pero llegó. Seguramente este aroma a flores blancas viene de ella y de su largo pelo que no debieron ultrajar. Gracias Damiana por ser tan intensa y dejar que te sienta carne fuera de la foto. Merecés la vida y tu reencuentro.




disparador: un artículo de Osvaldo Bayer: “Damiana” 1893-1907
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-147899-2010-06-19.html