domingo, 30 de marzo de 2014

En coraje, en beso




       No subas.
           Estás loco, arriesgo vida para seguirte.
           Si subís nos matan
           Sofía tiró el escaso equipaje, lo tomó de los brazos; Simón no tuvo reacción, lo inclinó hacia ella. Se apretó a su boca. Estrategia.
           De lejos se olía pasión, desgarro, desesperación, “danger” decía el cartel luminoso, arrancaba el tren. Se arrancaron del abrazo.
           Ella y su disfraz, modelo de alta costura, quedó mustia, desconcertada. Intolerante por dentro, a qué se enfrentaba ahora, se preguntó en un andén vacío, gris anochecido.

          El hombre que la vigilaba sombra, sonrió; era malo el dato que me vendieron, sólo son dos comunes cobardes de amor o quizás el vendido soy yo.
          A Simón también lo controlaban aunque vestido tan exquisito hacia dudar que fuera él. No le fue difícil, sabía quién miraba, se escabulló en la primera estación de un pueblo habitado en su mayoría por gente de su raza negra.
          Los dos eran militantes de un país medio isla del caribe, llegaron con la misión de presentarse como eruditos de la moda en un canal líder de este país, que ejercía su poder sobre ellos. Denunciarían, reclamarían e informarían que su pueblo no quería ser adjunto, aún cuando a los ojos del mundo eran beneficiados desconociendo bloqueos, imposiciones de comercio y bases navales contaminantes por sus secretas actividades.
         Toda tierra anexada, como la suya en esas condiciones, los imponía ciudadanos de segunda ante quién excusaba patrocinarlos para darles más oportunidades. Mano de obra barata eran, puertos y hombres tomados eran. Punto estratégico eran.
        
          Sofía tomó otro tren en dirección contraria antes que su guardián viera la jugada. Si los habían descubierto, alguien los había vendido. Había que deshacer el plan. El problema: cómo  salir de allí o enredarse a todo sin simulacros. La traición allí se paga con una bala, lo sabían ambos; pero lo que les martillaba era ese beso en el andén superando la maniobra. Nunca se habían visto, la operación lo requería.

         A días, salieron con sus ropas rutinarias de siempre; pero no al lugar de siempre, dónde reciclaban planes con otros. Hicieron lo contrario, sin ponerse de acuerdo se metieron en el centro de la boca del chacal. Lo sabían. Cada uno hizo llamados a la prensa extranjera, citándola frente al máximo organismo oficial que los subordinaba.
         Se sorprendieron al verse, se entendieron en las pupilas, Dijeron a corresponsales del mundo todo lo que querían decir. Aún después de las dos balas certeras, lo sabían, se arrastraron, se besaron.
         Luego las fotos y los titulares. Los diarios oficialistas anunciaron: Fracasó atentado de dos terroristas armados, fueron arrasados antes de que dispararan contra la prensa extranjera.
         Los diarios extranjeros informaron: Frente a nosotros fue ultimada una pareja de militantes por la independencia de su país. Unidos, denunciaron su lucha  y su intenso amor, así murieron: en coraje, en beso.


fotografia de annie leibovitz

sábado, 8 de marzo de 2014

viernes, 28 de febrero de 2014

Era libre, antes, ahora más














         Siempre desafiante, aún cuando lo espera enojada.
         Por que llegás siempre tarde Juan, me ponés los puntos, me perseguís en lo que hago, nada tiene que estar fuera de tu conocimiento; no me explicó yo misma porque sigo atada a tu obsesión.
         Porque me adorás guacha, sin mi no sos nada. Pedazo de carne diosa, susurraba y luego reía compulsivo agregando; pedazo de carne idiota. Quién te va a mimar en la cama y marcar la cara como yo.  Si te perdono todo mi amor. Sabés por qué, porque sos mía.
         Carla, toda ella atributo, era libre, antes, ahora más. Su único error ese hombre, su desdén, su rabia, su verdugo.
      
        Juan la sueña, la cela enfurecido, la ve desnuda en la cama, quisiera decirle perversidades y ternuras. Ella quiere un hijo, la odió por eso, por querer compartirlo, a quién le interesa un pibe. Solos, margarita mía. Solos, le decía usurpada por los pelos. Solos. Sos una cualquiera, te banco de lástima de asco de loco por vos nomás; no debería si tengo a la Elvira loca por mi, santa mina. Pero a vos, yo, a vos, no te dejo ni un segundo; viví para mí.

       Carla preparó algo en un bolso, decidida, había resuelto sacarse la esclava del cuerpo, sacó un pasaje, se sentó a tomar café en la terminal de micros. Algo le temblaban las piernas, arrugaba miedo su cabello; pero no volvería atrás.

       Juan le muestra una foto a su compañero (no era la mujer que le conocían), no es una brutal mujer pregunta; le dije…le dije…viví para mí, pero ese día fue: morí para mí (no era la causa que contó). Y ahora me tengo que bancar un hijo mío que tuvo la Elvira, la muy yegua, no preguntó, no consultó; en cuanto venga los boleteo a los dos (no era un arma lógica, pero artera, la faca que le mostró). Yo siempre la sueño a Carla, la tengo conmigo acá y golpeaba su aplastado colchón de cárcel.

      Cuando Elvira vino el día de visita, Pedro el compañero de celda se adelantó y le dio un papel arrugadito a escondidas, ella sorprendida mientras aguardaba lo leyó de un saque: “te va a matar a vos y a tu hijo, andate lejos por un tiempo”. Elvira desapareció corriendo. Entonces era cierto que él cometió femicidio, no fue como le contó, una encerrona de la policía.

      Puede ser que los dos se salven de este hijo de puta; se dijo Pedro, él que extrañaba tanto a su mujer y a sus tres hijos; desde que su jefe lo usó de gil expiatorio para robar  la empresa. Aquí, se aprende por presión a dejar de serlo. Por eso “el cobra cuentas” tenía que saber la verdad, te digo que mató a esa bella mujer que tiene en la foto, solo por posesión siniestra.

      La cárcel tiene distintas formas de hacer justicia.


imagen: l vuitton


lunes, 27 de enero de 2014

Eslava Buenos Aires


















          Ella brotaba del aire y del agua. Llueve en Buenos Aires. Camina, mana sobre mojado, debajo, entre. Su mirada en las gotas de vereda. Encuentra en su mente lo que pisa, el río urbano lamiendo el cordón, un papel arrugado, un cigarrillo inerte, el manojo de pastos verdes agradeciendo los desagües.
          Lenka debería parar, secarse; vuelve hacia ella, es verano se dice y se vuelve a ir
          La música del aguacero la embatió. Igual que aquel día, empapados huían abrazando los instrumentos. Estaban en pleno ensayo de la  filarmónica de Belgrado con Milko; ejecutaban a Dvořák. El techo se desplomó, retomaron los acosos aéreos. La vieja Yugoslavia lloraba impotencia, los intereses políticos enfundados en luchas étnicas enmascaraban una oficiosidad internacional. No se pueden estropear los negocios. Y el pueblo muere, odia, huye, vencen y son vencidos, sin elegir el horror.

         Pero revirtió definitivamente a ella, aquí solo hay truenos, “tormenta de verano” dice doña Clara la dueña de la pensión en que logró sobrevivir,  y vivir luego, lejos de su tierra y de Milko. Ni siquiera supo donde quedaron sus huesos, mientras la separaban de él, mientras caía su viola, mientras la violaban.

         Porque lo amó, a su hijo lo nombró Milko; aunque no era su padre, le contaría al ser  mayor la historia. Esa identidad que hoy la lluvia y sus sonidos le impusieron, hasta las lilas florecidas arraigando viento, los balcones labrados de este antiguo barrio de Buenos Aires. Si hasta oía la danza eslava número veinte, lo último frustrado de aquel ensayo.

        Bajo un balcón cercano un hombre sin luz en sus ojos, ejecutaba una viola, tenía a sus pies un cartelito junto a un desteñido sombrero: “Soy Milko, gracias por su moneda.”



imagen:  Evstafiev-bosnia-cello

domingo, 15 de diciembre de 2013

Negro y blanco















     Celesta, cerrados sus ojos, su boca placiente, el vino cerca y Enrico lindante. Lo tiene en el cuerpo, lo drena, lo escalofría en derredor de su desnudez sentida. Le suena Paganini, metido entre esos árboles y el pasto verde que sostiene la mesa, se apoya en ella como en las sábanas de anoche.
     Que importa su vestido negro, largo y recatado, su viudez inventada allá en Génova, donde el cónyuge designado la dejara sin palabras. Por eso huyó no sabía que era vivir un violín ni esa sonata N°6 que arrullaba, que arrulla que descubrió cuando se redescubrió sintiendo, volando un sexo desconocido. Explorando, siendo explorada.
      Lo sorprendió, sí, Enrico no esperaba esa mujer, ni ella. Lo incitó a sagrados altares detrás de sus cuerpos, los adoraron, los lamieron, los dedos y los labios cómplices; Paganini en la fonola. Se miraban y gozaban sin dejar de flotarse en un espacio que ahora rodeaba la mesa, que ahora sonaba violines. Luego el acto de amor medieval, renacentista, modernidad de género. Concierto de violín y viola en el hueco genital de hembra, Paganini y ellos en sueño de oro.
      Ahora, la mano sobre la madera, la mesa es cuna de instrumentos, sabe que volverán al viaje, que se despedirán en medio de ese campo surcado de música con sabor a uvas y orgasmos. Pero vivió, reconoció, la forma de ser de un hombre y él de ella. Mutuos. Entregarse.
      Se acercó Enrico, su aura era de cuerdas, de madera áspera como el vino y tersa como la del violín, se oía, se abrazaron entre mesa y botones sueltos, no más vestidos negros, dijo él, y la vistió de encajes con linos blancos pura brisa y movimiento eterno como la sonata.

      Esa mujer que sube al tren a fin de siglo, no es aquella cuando se casó niña sorprendida por un hombre esposo que la tomó vestida en una furia sin amor ni sabiendas que la espantó entre sus bragas puestas.
      Celesta entra al año 1900 de falda a media pierna, segura de que hoy sabe que valor de goce tiene su entrepierna y que los violines tienen el vigor del árbol fuerte esperándola en su concierto; por el tiempo que le queda.



imagen :

Annie-Leibovitz-black-and-white13

miércoles, 30 de octubre de 2013

Danza barroca (suite 6)














Revuelve mi ancestro de aldea....ella era feudal yo la plebe.
Sorprende la sensación creciente de que curiosamente era feliz.
Para quién eran los sembrados ? sino para mi , libre para desnudarme con mi pena o llenar alforjas de cosechas...juntarme con las brujas soñar con el juglar
Ya volvería...
Yo sería....
Me gustaba pararme en medio del camino posarme en cada árbol y seguir la torre la pérgola el túnel del conjunto abrazada hacia cada recodo, cada olor que se llevaba y se traía en sus pasos reflotantes.
Ya me convertí estoy con el cántaro con el amase de mi pan.
Hoy, debo bailar...


imagen :"danse" de henri rousseau ,el aduanero

sábado, 31 de agosto de 2013

Estado del paisaje












    El entrerriano perseguía hormigas por el andén. Sí, Don Braulio se tomaba seriamente esto de conservar las reliquias pasadas. Bien sabía que el tren ya no pasaba, fenómenos del país que perdió en las vías; contra los intereses que rodaban por las rutas. El truculento avance de los emporios vence a  los pueblos y  dejan a sus gentes aisladas, sin aquel medio ferrocarrilezco que acompañó sus necesidades, comunicaciones y soledades allá lejos.
     Ahora su vida descascarada solo tenía el interés por la belleza que representaba el pastito en la estación en trance suspendido, cuidado; así como sus frutos de la huerta en los terrenos abandonados que antes servían de estacionamiento. Nadie venía por allí, así que él se instaló su casa, en la boletería cocinaba y en la sala de espera dormía; todo pulcro hasta los baños, Gracias a la bomba manual que perduraba y su bracero, hasta bañarse era una fiesta de hogar.
     Aquel día agachado en su viaje con las hormigas, no vio a Martina que se acercaba, peligrosamente transparente desde su piel a sus ojos grises y su vestido. De golpe escuchó a una hembra con un vaivén gramatical desconocido. Se levantó como un caballo instigado por un trueno, no la conozco pensó, iba  preguntar cuando ella le ganó el inicio de una partida inacabable.
     Será que vos y yo somos ratas de nuestras propias madrigueras. Lo sorprendió, lo ofendió, ni rata ni madriguera le dijo, quizás vos…
      Que sabés lo que es la vida de una rata, que entendés por la dicha de tener tu madriguera.
No me corras con tu lengua señora, y tu afán de dejarme fuera del conocimiento. Mirá entrerriano, vos y yo sabemos que mis palabras encierran una metáfora. Él se adelantó ante lo impredecible, lo conocía, esta mujer, lo estaba envolviendo y a la vez le sonaba que dentro de esa transparencia, la leía, la escuchaba dentro de sus historias como de siempre; haciendo esos arabesco con las palabras. Quién sos, madeja de misterio aunque a la vez te percibo. Tenés ese olor que queda evocado en húmedos pasos de mi Entre ríos, quién sos.

      Ella  le pidió agua, se sorprendió con la casa aquella envuelta entre pasados de guardas, silbatos, boletos y valijas. Se vio pequeña, jugando a ganar con sus frases y chispas de vocablos ante aquel niño que jugaba con trencitos de juguetes, le contó cosas de su vida, de su nombre y del de él, de aquella quinta que juntaba familias de peones en trabajo y los juntaba. De un primer beso debajo de los sauces y el baño en arroyo que quitó su virginidad y creó su bronca y su huída, no era justo que un capataz ajara a una niña de ese modo. Braulio recordó, y odió a ese hombre que fue odiado por todos los gurises por la misma causa y de cómo un día su padre no pudo contenerse y lo dejó fuera de juego.
      Cada uno había tenido viajes pausa, agujeros, montes florecidos y de golpe, sólo estaban de frente.
      Ella pálida, el rojo por el sol de años, ella mucho encerrada por un viejo miedo y viejos hombres.
      Ahora los dos de cara, tomaban mate, era como aquel tiempo de chicos, con la experiencia de los años. Entonces sabían que la piedra también se gasta, y era tiempo de ofrecerse en la madurez a jugar
la inocencia respetando las migas de las piedras.
        Querés quedarte, los dos como ratas sin pasado…en esta madriguera signo de abandono, impunidad de destierro;  pero con este olor que trajiste de nuestra tierra origen, y el calor que mis manos le ponen cuando cocino.

       Y los malvones florecidos dijo ella y lo abrazó, comenzó lavando un repasador, y poniendo su saco en el respaldo de una silla. Quizás sus vidas apaleadas habían llegado a encontrar un trébol de cuatro hojas en el andén de la estación. Y ella también podía guardar el sueño de volver a oír el bullicio de un día en que paren los trenes y los campesinos carguen sus bultos resucitando.
      Braulio pensó que tenían derecho a vivir las hormigas.



imagen: 

http://1cruzdelsur.wordpress.com/2012/04/06/detenido-en-el-tiempo-en-una-vieja-estacion-del-ferrocarril/



miércoles, 31 de julio de 2013

Autoescape




Consagrada a la sumisión. Petrona se rebela, jamás volvería el escozor de compartir aliento con el que fuera su descompañero. La llevó el viento, los inviernos, los partos, los veranos y cada otoño soportado aún en primavera. Tantos años…

    Levantar la almohada y abrir la puerta.

    Petrona tiene una cama doble, una cama sola, medias en los pies y la misma almohada. Le pesan las tintas y las piernas viejas. Pero cuenta cada año los días faltantes para beber nueva primavera; porque no mata su deseo, ahora puede ser libre por todos los minutos restantes de la tierra.


imagen: 
La Dormeuse (1932) de Tamara de Lempicka

domingo, 30 de junio de 2013

El borda, ellos desbordan...












     Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 
Locura. 
Solapada, soslayada, sorprendida, así no debe ser y lo estamos viendo. Esta alocada pose de ataque y furia, de combatir o morir, los otros, de te apunto a la cabeza pero dame la nunca dame la nunca, así gozo más. De lejos, no no. De cinco metros, cuatro tres dos, te dí…quién soy que estoy haciendo. No, no son ellos los que se lo preguntan ellos avanzan como soldaditos de plomo pero en serio con el chip que era para los perros, se acuerdan; pero este es brutal loco contra la sanidad buscada, prestada, aguerrida, en luchador no desintegrarse en locura en chalecos de fuerza en frustración de hacer tu trabajo bien con ellos, ciencia, práctica, asistencia,  siquis, orden, hábitos, arte, oficio, resilencia, higiénica mente, fotos, noticia, diario, pantalla, legislar algunos para el pueblo, gremio, protección. Balas, encierro, juegos de matar de enserio enserie. Negocios inmobiliarios. La tierra es nuestra, hey me escuchan no se vende, es ciudadana, los enfermos podemos ser todos. Ustedes ya enfermaron hace mucho, repelen con su olor a desquicio y no se dan cuenta, nosotros los de a pie lo sentimos nos damos cuenta. Él dice eso, mientras consigue poner a resguardo una lija, que como lo calma, que como le deja pensar en otras cosas, que como alisa sus conflictos y la madera, que mesa el hizo al terminar con la lija.
“Los pacientes se comportaron con una cordura”. La radio “la colifata” hablaba en sus sillas de lo que ocurría, sobre el mismo pasto, sensatos, frente  a esa locura.




referencia a un hecho real:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-218896-2013-04-27.html

sábado, 18 de mayo de 2013

Cuidar lo que queda











     


       La Plata, Pcia de Bs As, Argentina. 
       La muerte sobrevuela en tierra, lluvia de torrente, anegación. Malos tratos del clima o de los hombres que construyen. Saben los dos metros en las casas la verdad, nada es casual, ni suenan campanas. Los castigos (si no mintieran las siembras de miedo), deberían ser para los descuidadores y no para los que merecen ser cuidados. Aquí sí un pueblo sorprendido, ni mirarse puede la mujer en el arrastre, no suelta de la mano a su pequeña; ni humo blanco ,ni agua clara; sucia como la consciencia de los que ni siquiera la conocen y ni siquiera la ejercitan. Estaría bueno hacer justicia de una vez.
       La solidaridad después, nunca antes volcarse a entender carencias, causales, querer al otro siendo parte de un todo conmigo. Las disputas después, por muertes y cantidades, es que el número perdona o sanciona más la lágrima. Los jóvenes después, aprendiendo a acercarse, pensando que es otra forma de empezar, esperando no se olvide y no se vuelvan a encerrar los brazos compartidos.
       Si no se empieza por ver más acá de las palabras, de las tierras bajas, de los ríos naturales y desnaturales a beneficio de unos pocos, y las artimañas del negocio vende lujos que expele la pobreza a ciénagas ocultas, sin oír la verdad geológica ni los preanuncios que vecinos investigan y presentan en oficinas burócratas de archivo de expedientes. Cada vez serán más las anunciadas desoídas.
       Estaría bueno hacer justicia de una vez.
       Estaría bueno cuidar lo que queda.



martes, 30 de abril de 2013

Imposible posible










     

 Roma. Un hombre sortea multitud. Quizás sería muchedumbre, gentío, masa, aglomerado, turba; nunca pueblo; de eso está seguro. Sobrevuela, o cree flotar incertidumbre, en la certeza que logró y no vuelve. Estrategias. Nunca se sabe como terminan con la psiquis y lo humano contenido. Sería el humo blanco que lo desatinó. O quizás se sabe que hay dentro de las cuevas sólo cuando el crujido alrededor ensordece y la garra roza tu osamenta. Campanas. Sí, escucha. Jubilo sí, siente. Miedo se preguntó, no encontró la respuesta, tenía las dos. Si o no, sería admitir, no dimitir, no retroceder con la obediencia debida. Qué hace en esas calles, en las que no puede pasar inadvertido, y mientras tanto su vuelo parece entrar en la locura y su tesón des consuela en la cordura. Arreglaré todo con un perdón, muchos, o debería re fundarme y des fundar. Mostrar un colectivo humano igual, sin  prohibiciones y aún poder amar como cualquier vecino, verme con hijos y seguir mi fé y la nueva fundación. Hace frío, se ve bajar de esa cosmogonía en que había entrado, abrir los brazos y sus manos toman la foto inicial.

    Mientras una pareja argentina, llega por los placeres turísticos, lejos o tan cerca en fotos, de igualarlo o jugarse por la diversidad.


domingo, 31 de marzo de 2013

De encuentros y encontrados









   Ese encuentro ,cara a frente no estaba programado .
   De golpe pasearse era una urgencia combinada de manos que atrevían .Se descubrían en los ojos los gritos de emergencia genitales. Una puerta, un gancho salvador, un baño medio muerto , fucsia de paredes .El aliento mezclaba las miradas y las ropas , que se dejaban correr para allegarse; entre costados malabares ,el amor se hizo.

   Distante muy distante... la traba cede y una comarca de gentes circula normalmente .
   Desembocaba en aquel baño, una ancha escalera cómplice de público .
   De saludos y asombro ,se despidieron los encontrados; ya eran la multitud con las mismas anónimas ansiedades.

miércoles, 27 de febrero de 2013

De los éxodos necesarios







 




Capagris el diarero, gritaba el titular “de Tokio a Nueva York las jirafas invaden en millares”
El río de pies apiñados que corrían por las urbes en distintos idiomas; metidos en sus propios torrentes, ignoraron.
Un semáforo pudo haberlos parado en seco, como electrodos que reaccionan a la luz; simulando ser humanos por la ropa, aunque adentro computaran sus urgencias de rutina.

Pero no fue un semáforo, fueron borbotones de jirafas en cántaros amarillos. Tenían flores en sus manchas, estrellas por orejas reflejaban sombras transparentes y sorprendentemente hablaban.

Marquesina era una niña feliz frente a esta visión, apostada en la ventana de su casa junto a su amigo Lunes. Habían apostado toda su imaginación a que ese comienzo de semana, le mostrarían al mundo que pueden abrirse los grifos mágicos, volviendo a sentir. Impulsando la fiesta de lo insólito y lograr que las ebulliciones del gentío indiferente se detengan en su marcha obsesionada en perseguida; ganando abrir ojos, respirar en ancho y de total instante juntos dejarse chupar por el aspirador de las fuentes; metiéndose entre páginas de creación para volver a percibir, imaginar y vivir pausas. Hasta descubrir que queda tiempo para discurrir hablando y durmiendo con jirafas, regresando a ser personas con el asombro de frenar y ver diferente

Una pantalla de TV en una tienda repetía hechos similares. Tumultos de calandrias en el Nilo, grillos entre el obelisco en Buenos Aires, elefantes rojos en Tierra del Fuego, vientos en el paraíso y lluvias en el infierno.

En tanto en un paso casi olvidado de la Cordillera de los Andes, delineado por aquel camino del Inca; Nacarena (joven originaria del lugar), escribía con tintas de su montaña, el reinicio de los cuentos de la Tierra.


imagen: arco iris lunar

domingo, 27 de enero de 2013

Terapial












       Desde dónde se puede encontrar una mano que acaricie, una fuente de calma que se coma la ansiedad, troglodita / apurada/ mediadora. Neutralizar la causa, aún, a casi, Manejar el miedo, los nervios, las ganas exigidas de los puchos. Nada ayuda y sabe, que todo ayuda: La palabra tibia, el amasamiento relaje, el cómplice sereno; hasta lograr detener el pico que provoca su estado de intemperie. Lo entiende, lo pasó, le pasó y  no estuvo más que poco, no podía, las circunstancias de ella y de él. Al fin la vida. También un decir perdón. Lo quiere y le pone el aire tranqui. Esta lejos, y a veces tan cerca.

       Y todo viceversa.
       Y él, y ella.
       De esos hablo.

        Desde dónde le viene este malestar antiguo y a la vez nuevo. Se levanta del abandono, se alegra y después sobreviene al color del frío, de la ira de su cuerpo; esa sensación de alterar sus pautas, y ese esfuerzo que hace por volver a tener espacio para  aplacar tanto y nada.
        Desde dónde se puede aplastar la tensión del cuello que sostiene su cabeza, la campana del pecho quizás del inconsciente, el ardor de tripas, la flema el sudor, la sed, las inserciones hinchadas, los sacudidas que retuercen. Escribe y trata, escribe y le pone puño a distraer la furia del estado. Escribe y se aleja pensando, intentando su control posible.
      Desde dónde se puede conservar esa misma furia, ese mismo control/descontrol  de cuando existe un erotismo, dejándose llevar (y es tan distinto a lo anterior), quién se altera, quién teme gozar de enlazarse al amor. Sensual, sexual. Calando conmoción, poniendo esa agitación plena abarcante de decir te amo. Escucharlo y sentir que todo crece en necesario, suficiente, en orgasmo cosquilleo en libres alas de estómago, en estarse amada, amando, compañero compañera, con las fiestas de la cópula, de los susurros, de lo que se dice y sale solo en el tiempo del después. En el poder que tiene no separar los cuerpos y quedarse remando cucharas aún con olor a polución, que confirma que de a tientas el amor llegó a sentirse, mientras el silencio abraza con las manos, y los pies calientan como para no soltarse y queda el sueño, o la pasión dormida mientras las esencias continúan en su diálogo de encuentro.

      Ahí nada es afección, todo es cuerpo en mejoría.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Por el fuego trayendo










Parece que el verano está rondando el aquelarre.

      Ella come con alguien, alguien gira su llave, tiembla su reja, alguien sube la escalera a la par, se acuesta en la cama casi se tocan sus pies.  Carmela conoce los alguien y profundamente los desconoce. De sentidos percibe, de sentidos rebasa, pero es todo por fuera. Casi palpa. Falla. Nada huele en sus pechos desconvenidos, ni en su boca vacía.
      Su casa contiene fuego y charcos, se destartala, se desmorona, todo es su espejo y su sombra. Voltea para ver el verde de la cortina, solo verdes de los patios. Alguien le habla desde la tele, quiere engatusarla borrarle la imagen del pensamiento, se pelea con ella y con las voces, el tiempo tiene vencimiento, buitres y sobresalto. 

      Es verano y alguien le falta a Carmela. En el advenimiento de no saber ya que espera, discurre por los calores, ama a los frutos y a su vientre. Aunque en instante se pregunta, será que somos fuego saltando el aquelarre, para no terminarnos ceniza sino abrazo brasa con verano.

lunes, 15 de octubre de 2012

Aviso de inocencia











      Juancho rasca en la tierra. Le dijeron que hay que darle de comer a la Pachamama en agosto, está noche en el pueblo la festejan. Sabe que su madre siempre rasca la olla para que alcance insuficiente para todos. Pero su tenedor hoy tiene otro fin encontrar a la pachamama. Si, ella debe estar por acá, en los huecos de la tierra. Y para que la buscás chango, otros chicos preguntan; medio intrigados, medio burlones.
    
       Los mira sin dejar su trabajo tenedoreado, y con una seriedad de ancestros los deja mudos expectantes, respetando entonces, su imponente figura creciendo y esperando la respuesta: cuando la encuentre le voy a denunciar al capanga de la estancia, que anda corriendo a nuestra gente que se está reuniendo para reclamar; así mató a mi papá por encargo del patrón, nos quiere desalojar del monte y sacarnos nuestra forma de vivir libre y asalariados por los frutos que nos da esta tierra, por que ellos no pagan más que un grito, un látigo y las mentiras de darnos mínimas de almacén, pero plata nunca. Meta plantar, meta plantar y si tiene sus alambrados cuidando todo, porque quiere avanzar robando afueras de campesinos.
      Ella tiene que saber que arrasan todo, le están matando los hijos y todo lo que ella con amor nos puso sobre el terreno. Y el agua changos, el agua, que en octubre cuando florecen los lapachos nos avisa que viene pesca. Ahora el agua es poca y algo que mata debe tener, no vieron como se van muriendo nuestras verduras y animales.
   
      No me quiero morir sin seguir rascando, ella va a saber que hacer. Como mi mamá.
      Los amigos impetuosos, callados con sus manos comenzaron a rascar la tierra; encontrarían a la pachamama.
     


lunes, 24 de septiembre de 2012

La colonia campesina















      Cómo se forma la belleza. Entre solitarios barrios, la lindeza la hacían los vecinos.
       Don Juan tenía su huerta majestuosa, profunda al fondo, que terminaba donde existía la letrina. Él trataba de ser feliz y olvidar con sus plantíos que un día salió del campo alquilado, escasas hectáreas para tanta prole, cuando ya no podía trabajarlo. Eran otros tiempos sanos, no los de la soja y monopolios; luchaban con sequías e inundaciones para subsistir con las magras cosechas y escasos animales.
     Su mujer, tenía flores, mucho trabajo cotidiano, hijos solteros aún.  Ingresos de changas y costuras que pedían milagros para continuar. Salvaban las verduras cultivadas, el pan casero y la visita de los nietos.
    Una de ellas descubría la belleza junto a ellos, era tan pequeña. Adoraba juntarse ramos de rosas y disfrutar de los ravioles de Doña María. Todo cuanto había allí era delicia de sus ojos; hasta las sombras la divertían, porque sabía que no atacaban como ahora, porque sabía que estaba segura.
    Llegó pronto el momento en que se fue el abuelo. Ese día se grabó en su mente, solo las flores y una enorme casa vecina la reconfortaron, sin entender muy bien el suceso.
   
    Desde entonces supone que los viajes al ombú, los penachos blancos del camino, el viento entre tanto árbol;  eran la pasión por la mirada que surgía. No se puede dejar, que el tiempo robe cada foto en la memoria, no se puede blasfemar que hoy todo es basura, si se logra tener de tanto en tanto un ramo de rosas en los brazos.

      Los que deforman la belleza, son los mismos que construyen edificios, que ponen rejas a las plazas, que destrozan el verde de un baldío y mienten que nada recuerdan del pasado, que el presente paga y al futuro no lo registran como consecuencia. Sus hijos  y nietos, merecen continuar oliendo la belleza tersa.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Revuelta













      Tenía trenzas en casi un rodete. Mujer pacífica en tantas realidades; pero de pronto se dio cuenta. Los sucesos eran un hilo de eslabones en sus pies. Impedían pasos. Estaba lejos de sus caminos
dorados del otoño. Oscura de invierno; no descubría el nudo para desatar cadena.
       Quizás estaba tan trenzada por dentro como por fuera, era un galpón sin semillas, sin palabras ni acuarelas. Entró a él en un arranque de deseo, tenía que conseguir tijeras abrir anillas. Retrocedió.
      Una sombra casi un bulto, se movía en la penumbra; así no podría correr, tomó una herramienta y consiguió desbaratar su cepo. Iba a escapar desesperada, se detuvo, escuchó la queja. Era como un dolor que quería irse, una muestra de espejo olvidado. Juana se luchaba, se descalzaba, rompía con coraje el miedo. Quién…preguntó tibiamente. Quién, repitió altiva en orden. En orden como voz de mando, en orden con ella después de mucho tiempo.
       Desde el fondo vio brillar un acero, desde el fondo de su cuerpo atacó un recuerdo que quería desterrar de mucho tiempo Buscó fósforos, de sigilo encontró aquella lámpara vieja, la encendió.
Tenso el aire, filo el filo, la luz afuera, el kerosén adentro, dio formas y colores al espacio. No, gritó. No le hagas nada.
       Juan respondía rápidamente, sentí ruidos, lo vi., lo seguí venía a atacarte, sus ojos fulminan. Sos su presa. Somos. Tenemos que deshacernos de él.
       Juana respiró, ni siquiera era un arma blanca; sacó de las manos del hombre, la espátula reluciente. La de sus tiempos de arcilla y vasijas. Se sentó, en una tierna levedad recuperada. Dónde está preguntó él, no puede haberse ido. Si estaba aquí pesado, laberíntico.
       Un espiral de pasado sobrevoló a los dos, los dejó libres.
       Deshizo su trenza, se vieron de nuevo, cuánto tiempo sin este abrazo. Transitemos. Me importa el aire, tu olor, la pieza del rompecabezas que terminamos de armar. Salgamos, apareció el paisaje.
       Es septiembre, dijo él. Será verano en diciembre, agregó ella. No podemos dejar pasar la rebelión de los naranjos en flor, ni el sudor del sol, ni el agua de nuestro río



domingo, 2 de septiembre de 2012

La trastienda












        Desde la pequeña infancia, donde poco se explica pero si se descubre; hasta la adultez, donde mucho se sigue revelando y aún pocos se declaran expertos.
        La vagina es poderosa y encendida, siente habla lucha se defiende, pare goza ama junto al cuerpo y a la mente de su dueña.
        Sabe de masturbarse en nombre de serse y de asquearse en nombre de violaciones.
       Y hasta puede reírse de sí misma y seducirse, mientras que por fin de eso se hable y se le quite la falsa excusa del pudor
       El pudor pasa por como somos ante las cosas sin escondernos ni tampoco libertinarnos gratuitamente
      
       Este aposento dentro de mi cuerpo, guarda los secretos de mujer aprendizaje, de meiga cautivante, de acoplada con el hombre que logró abrir las puertas de mi laberinto.
       Despertó al te amo y plació repitiéndolo. Y sagradamente me bautizó madre.

      Soy una Eva más, despojada de los pecados inventados, poseedora de la trastienda que ceremonia mis mantos de mujer tierra y agua.


domingo, 12 de agosto de 2012

Encrucijada













     Cruce al otro lado del río. El cartel lo decía. ¿Era una orden o simplemente una información vial? Cuestión de comas, quizás.
     Jeremías no tenía nada urgente que hacer con sus huesos, unos matorrales impedían la visión, buscó, encontró y cruzó En la mitad del raído puente paró a embeberse del entorno. El agua corría con una perceptible tonada que invitaba a entregarse, a distenderse sobre el movimiento audible, milenario.
Podía verse la cuna del fondo, transparente denunciando piedras y peces lentejuelas en fiesta colectiva; en rumbo de proyecto, en allá vamos.
     Y fue, terminó de llegar al otro lado. El otro lado del río. La otra orilla, el otro costado de aquella orden sentida. Cruce.
      Mucha hoja seca, mucho  brote, intensas  flores silvestres, un páramo distinto, olores libres, sombras verdes, pájaros amparando pensamiento.
      Por donde vas Jeremías, parece que saliste de un trozo de ciudad llena de ajenjo y ahora te sobra paciencia para volverte parte, entra en este proyecto dulce que no tiene tapia y alienta a estimular los pasos, nada te es ajeno.
      Parecía haber olvidado la misión que le había sido encomendada. Tal vez su inconsciente sugería olvidarla.

     Una batea, ropa  en remojo y otra tendida a los brazos de viento; tenue y recibidor. Muchas vasijas añejas con malvones rojos y un aroma encontrado, en revuelto lento, en  llamamiento de mesa ancestral. Lucinda presintió los pasos, ardió en el miedo, la  buscaban. Armada de un tronco leña, pero  no vencida, se apostó. Me encontraron, demasiado tiempo en este techo de guarda para luchar de nuevo.
     Jeremías vió a la mujer del otro lado del río, volvió a su mente, al mandato, a su función. Encuéntrela, le dieron datos, nombre, es la india Qom que anda arengando a su comunidad apara defender su tierra; la que hay que limpiar para la empresa extranjera. Mátela, deber de patria.
     Ella vió el uniforme verde, paradoja  de la naturaleza que amaba. Vió un fusil apuntando.
     Los dos de frente .Mátela, sonó en su dedo que debía percutar.
     Ambos decían con su tez la procedencia de pueblos originarios. Por eso lo habían mandado por baqueano de la zona.
     Él no pudo accionar su reglamentaria.
     Lucinda, me llamo Jeremías, te tenés que entregar, dijo sin convicción por apresarla. Muerta, dijo ella sin decisión, por acercarse al arma. Ambos se preguntaron a sí mismos, dónde están tus agallas.

    En ese punto, sin que ellos se anoticiaran, insospechado temporal se abrazó a la tierra, a ellos, a sus voces. Corrieron juntos a salvar la ropa tendida y juntos entraron a la tapera con fuego prendido y comida caliente. Él reforzó la puerta, ella sirvió dos platos, sólo hablaron las cucharas y las mantas anocheciendo de abrigo.
    Muchos días después, sacaron juntos el cartel que anunciaba el cruce del río. Y planearon cómo acercarse al día y a la noche. Cómo enviar sugerencias de actuar y obtener papeles de propiedad de las tierras que eran de sus hermanos de raza. Pasados los meses, ellos ya habían decidido su propio futuro íntimo. Habían fundado un nuevo pueblo originario en ese páramo, tenían su primer crío que lo atestiguaba.
   
   Ahora eran un hombre y una mujer, al otro lado del río.