sábado 5 de diciembre de 2009

Nodrizas











Qué es la sangría. Repetía pálido en medio de la calle. Detrás dejaba el espejo, la casa, esa ciudad invadida, rotada de geografía, densa de gente desconocida.

En el irse alejando, dejaba un camino abierto de personajes que los enjuiciaban vagabundo en vino.

De tumbos a un andar sereno, fue entrando en la noche y en la intemperie de espacios abiertos. Dónde vas Juan sin saber qué es la sangría; es que ya no me aceleran las respuestas me construyo en las preguntas.


A ella, le decían la niña mala, renegada no era; si, rebelde de las piedras que siempre le llovieron. A qué quedarse en un lugar, a qué encariñarse con los cuerpos y los roces. Si después, un centro de mentiras la empapaba y en el contexto se alejaban de ella por sus planteos, sus deducciones de la vida posesa enterrada por mandatos de una sociedad que le ponía el pié en su hormiguero. María despertó entre su cielo abierto preferido, amaneciendo, los molinos pegaditos se veían de un rosa viejo pero brillante. La tierra roja, nodriza, amamantadora y donante de un verde que iba creciendo desesperadamente en tono, buscando al elegido.

Ah… guacha niña mala, se dijo, nada mueve al sol, nada lo frena, es como vos; sos como esos molinos y la greda, te levantas astro. Floreces desde ese cielo decidiendo el día. Se acostó boca arriba, le hizo frente con los ojos de dueña defensora de tierra. Él, Juan que arribaba sin rumbo, se sorprendió del cuadro surrealista que le abría los ojos al día.

Se acostó con la espalda sobre el suelo, ella pensó se muere; él pensó vivo. Sin moverse le murmuró: tu tierra no será tomada.


María pinchó su dedo, propuso, hagamos una sangría de existencia; no te mueras todavía. Juan pincho también su dedo y lo pego al de ella. Tenés que conocer los bichos de la noche y las luces de conquista libre de mis luciérnagas. Quedate en el techo libre que elijas, sobra para mi.

Y se alejó entre los molinos, brutalmente austera y feliz.




imágen: " Tallos y cálices ardientes" de Maggie de Koenigsber ( muestra de Magalatina)


domingo 29 de noviembre de 2009

Mea culpa colectiva










Musiquita. Como rosas del siglo pasado llovía desde algún misterio; poniéndole violines y caminos de piano a las miserias de vereda, remendada y vestida de luces por “obra y gracia” de un jacarandá. La pachamama no resta por cuánto vales.

No sale de una casa tomada, no, Cortázar hablaba de otra cosa y sin embargo una coincidencia: no es ni anónima ni mágica. Viene de unas latas debajo de la autopista, sólo un tiempo de rincón, sin dádivas como mala palabra.

Un puñado de seres sin nombre, apodos apenas, pocos años apenas y un equipo reproductor caqueado. Muchas bocas para una bolsa aspirada, para una ficha cualquiera de muerte.

Pero ahora que tampoco nadie los ve, la musiquita dulce como cuna, brota allí con sabor de chocolate.


Después un “trabajo” el miedo y el odio fumado, el riesgo que se busca cuando la vida no se festeja al nacer ni recibe mirada; parida en violencia de los que ignoran fingiendo. Mentira el trabajo, mentira la escuela, mentira la infancia. Verdad, que nacieron buena gente. Verdad los narcos y la riqueza de los que contaminan. Verdad.

Ellos los de la piedra de latas en el medio del pecho, con la musiquita de niños con el fierro temblando y el fuera de control firme.

Sangran, expiran, eran oxígeno para el mundo a pique. Nadie los vió ni de muertos.

Aún llueve la musiquita y maldice el olvido de los niños vivos.



lunes 23 de noviembre de 2009

crónica de lo anacrónico






La batida en madrugada. Una cacería de las últimas corduras. La horda saltó el cerco. Rastreó la mercancía. No hubo ni cuerdos ni padres ni vergüenza. La media fue un descontrol de bebidas y fumadas, de se me fueron de las manos, de no me importa en mi ceguera como mato controlada mente al otro.

Ella en su búsqueda de espacio cuerdo, marinaba día a día sus plazas verde patio. Como un faro midiendo las tormentas, como la cópula desmidiéndola.

El abordaje fue destructivo, de los hijos de la media en juerga. Excusas. Disculpable, disimulable, mundano. Su impotencia. Qué condenas de odios desataría tal invasión de los hijos de la excluída, se preguntó.

Era ya el día ni los claveles del aire pudieron seguir su vida, un jardín moría entre los vómitos.

Ella se propuso hablar, y recibió ajenos. Entonces mirando el aire levantó vuelo, con los flecos de su perdida cordura impulsó ascenso. Cruzó la indiferencia sobrevoló los altos árboles del Paraná se asió a una de sus ramas y se convirtió en clavel del aire libre, de vecindario y de lo anacrónico.



domingo 8 de noviembre de 2009

Quizás las ranas…













La primitiva estirpe de los moros.

Esa era la clave de su cabello negro y unos ojos de volcanes abiertos, atrapantes. De su boca una lava ardiente de palabras y de su cuerpo una seda morena, desafiando reja y muerte.

En un pueblo minúsculo como ese, la llegada misteriosa de una entidad de mujer así y llamarse (si lo supieran Sherezade); era demasiado para no ser temida por foránea; fantaseada por pitonisa, peligrosa y arrasadora. Sus congéneres evitaban saludarla. Darían los años raídos de sumisión, rutina y desencanto a cambio de un día con su aura y su frenada. Era “la perra”.

Los hombres, no dejaban de mirarla y ofrecerse sementales. Menos él. El burlado, el adefesio, el obeso que era fiel asalariado de todos los demás. Él, Sancho Panza, capaz de defender a sus patrones de un molino monetario, de neblinas alcohólicas y de besos infieles; ante respetables esposas. Sin embargo no sabían su nombre, le decían “el peón”. No es que aceptara, sino que de eso se trataba fugar; de lo que su creación le había otorgado, aunque no la recordara. Sería que volvió a ser campesino, para canalizar una rebeldía adentro, distinta, que aún no lograba manifestar.

Él, el peón, no la ofendía; más bien honraba a esa mujer, solo, adentro de su estómago, ombligo, neuronas, genitales y sentidos. La respetaba. Nunca, los ojos de ambos se habían cruzado.

Llegó el clima de la fiesta del pueblo; calor espeso, en medio de Laguna Sur. El caserío desenroscó guirnaldas, redes y tapas de bebidas blancas; alrededor de la gran charca. Brillaba un doble reflejo de luna y hogueras. Se mamaban de sobrados vicios y concertaban la furia de los lobos. Todo consistía en pruebas a vencer. Mujeres a narrar. Hombres a contender.


Ella se pintaba su cara de rojo y un profundo negro enmarcaba sus ojos, polleras en gasas de infinita gama, sandalias de oro y collares merodeando sus pechos. Iría desafiante con su arte, mostrándose entera, capaz de resolverse y no ser laurel de ningún hombre. En el silencio del cuarto se dialogaba, cuenta, cuento. Cuenta, se imperaba al espejo; serás la única que resista diciendo. Este don ancestral que no sé de donde poseo, me hará enfrentar la sortija del hombre que pesque lo máximo, del que embelece a las ranas y construya la casa más rápido. Estaba segura hasta de parir palabras y no dejar de hilarlas. Y segura estaba, que allí no habría hombre capaz de tanta osadía por ella, respetándola. Su fin era rechazar joya que avasalle, dominación que desvalore y movilizar el cavilar de sus pares.

Los del poblado querían ser los aclamados, mostrarse sus nalgas mutuamente.

Lo más difícil eran esos bichos asquerosos que terminaban hipnotizándolos a ellos, tal como pasaba con las urgencias de lengua, de sus mujeres por cuentear.

El gran secreto de los hombres, aún de sus mujeres, era doblegar a esa arrogante recién llegada. Menos Sancho, mantenía su enmienda de vida, no perdía su sonrisa ni sus kilos; con los que llegó un día sin pasado acordado, por eso se presentaba como nacido sin fecha vivido sin años. No se preparó. No tengo pericia ni resistencia, menos soy brujo, mí querido yo. Ella no te querrá, a qué hacer las pruebas, solo te fascinarás con sus cuentos. Y qué sortija voy a ofrecerle. No te preguntes, no jugarás, no ganarás. Aunque con las ranas me llevo bien…

Oscurecía cuando, acelerando el motor de su vehículo, llegó el amigo del más encumbrado. El veedor. Su cara decía otra cosa. Animal de caza.

Ella y Sancho, en lugares distantes uno del otro, lo vieron; les tembló la columna vertebral, un estallido les encabritó las neuronas. Fuga, fuga, fuga retumban. Los telones se corrían enardecidos.

Ella, escapando de ser un personaje, un dolor en la garganta le decía que había contado cuentos casi eternamente para salvar su vida (mil y una muerte conmutada cada día, después el miserable confiaba, nadie soporta esa vil manera de llegar al amor) Por eso la fuga del autor; la huída de esa cara que tenia enfrente, igual a la de aquel torturador que la escuchaba cada noche y echaba espinas cuando no le oraba el ansiado final, sabiendo que debía esperar otro día para matarla.

El recordó su propia fuga, harto de ser el personaje hazmerreír en un texto famoso, de pronto esa cara le puso en aviso, buscaba pendencia, muerte, era igual a aquel que debía enfrentar en la posada en defensa de su señor ¿o del autor? No. Acá estaba el punto final que le faltaba, nadie más lo usaría para buey y carro ni barrera ni personaje. El merecía una historia limpia ganada por el mismo.

Esa mujer; dijo el hombre. Todos placieron por el tono autoritario, quiero oír sus cuentos (había un aire digitado)

Ella y muda. De su boca no saldría más que un croar de ranas. Y las risas se tornaron en asegurarla hechicera, la rodearon en círculo tentadoramente cerca de las hogueras.

Hay alguien que ocupe su lugar, para salvarla del fuego; preguntó la cara espanto, Sancho dio un

Yo, creció desahogo sin miedo, y acusó una voz sostenidamente audaz.

Un silencio y él contó. Kilómetros de historias. Las ranas lo rodearon, acercándole redes repletas, maceraban barro. En horas levantó un castillo (recordar su origen, le dio la arquitectura)

Desde la boca de las ranas, un susurro grito. Deglutieron al veedor.


Sancho le extendió la mano, levantó una argolla que brillaba en sus jadeantes zapatos ofreciéndosela.

Ella se dijo éste es. Se bautizaron mutuamente Elisa y Pedro. Se quedaron juntos, donde la indiferencia hacia ellos continuó. Pero estaban infundados en una aureola de decencia, y ahora sí, identidad. Lo que no permitía a sus vecinos hostigarlos, viéndolos autodefinidos por sí mismos.

Ni autores, ni torturadores, ni condiciones; podrían tomar su vida elegida y serena: Escribirían propias huellas; viviendo. Aunque el pueblo siguiera allí, tóxico.

¿Revertirlo?

Quizás ellos…quizás las ranas…





este cuento due presentado ante la propuesta de Graduados de letras Mar del plata : Concurso "personajes en fuga" 09

domingo 25 de octubre de 2009

Con ropa de actor








En la galería de los malvados, Mariel caminaba entre pasos urgidos. No era tribal primitiva esa aglomeración, era de hoy, a empellones seguía su objetivo. No ver. No admitir. No negociar sentimiento. No involucrarse.

Por eso cada vez que salía de su trabajo se preparaba para observar esa, que ella bautizara “la galería de los malvados”, necesitaba sentir que no se la tragaba a ella también. La realidad tenía que abrirse en algún punto flojo y vibrar como ser vivo.

Había quedado con Osmán, encontrarse en un barcito de San Telmo. Él era un foráneo para los de la galería, si en una casual visión lo detectaban, lo sellaban como terrorista asiático.

Ella lo conocía, desde que pasó por Relaciones Exteriores; oficina control de pasaportes librados en medio oriente, la suya.

Sabía que su llegada obedecía a una gira de conciertos, impulsando una divulgación cultural y política, junto a un grupo de compañeros de su universidad; como defensa de una libre identidad pacífica y muestra de los avatares que otra forma de vivir y de tradición complacía o afectaba a su pueblo, quien debía encontrar por si mismo su representación y su calma.

En escaso lenguaje compartido, se entendieron, ella fue al primer concierto: una mezcla de música del génesis universal con influencia étnica de procedencias diversas. Quedó sorprendida como esa instrumentalizad le hablaba del mundo desesperadamente en gritos, en ruegos de una mirada no fugaz; para quedarse en cada punto de vida apaciguarlo y comprenderlo.

Tomaban café, en medio de estos comentarios de percepción, casi por señas. Mientras la ventana del local, era para ambos un objeto de estudio de lo social y un diagnóstico a priori, intuitivo de lo que le pasaba a ese mar ausente o a esos arroyos mínimos presentes de personas. Situaciones, mercantilería, instrumentos, mimos al paso, tangos y compás de turismo, antigüedades con su historia muerta, y nuevas mazamorreras, esta vez en porciones de tortas caseras.

Desde esta feria exterior en movimiento, en osadía, en impulso de presencia ángel, de fuerza de carne viva; irrumpió un canto atronador pero armónico de un acordeón musicando a Rimsky-Korsakov. Temblaron, se conmovieron. De Osmán sólo una lágrima de esa sensación enorme, interior; hablaba desde su ser adusto. De Mariel una piel erizada en sudor rumoroso, poniéndole estilo de rubor de infancia, como cuando atendiera su primera nota.

Era de buen paño quién fuese el ejecutante. Oyeron aplausos, gritos, luego una sirena policial; forcejeos.

Dejaron sobre la mesa el costo consumido, salieron a viento empujados por ver qué suerte corría el músico, qué suceso. Al saltar la esquina, no era creíble lo que veían. En la galería de los malvados, ahora sí, había un alto; hijos de puta, curiosos eran, críticos eran, condenadores eran. Repetían, no se puede permitir, de donde salen estos roñosos, para esto los hijos, por eso yo… un perro, los abandonan, los negocian, los mandan a trabajar para gastarse todo en bebida.

La policía acompañaba gente de Minoridad y en un costado de la calle, buscando protección de sangre, de yo te entiendo; se pegaba al cordón en una diminuta sillita, el ejecutante. Con ropa de actor, un niño. Con una mirada bella llena de inocencia y tapado de miedos, sostenía su acordeón, apenas gesticulaba que no entendía nada y se escudaba otra vez en su gran concierto mientras sus piecitos apretaban imperiosamente una gorra con algún dinero que álguienes, miradores, le habían dejado.

Osmán lo tomó en brazos; Mariel quiso entenderlo, por su trabajo, manejaba mínimas frases de varios idiomas. Es rumano dijo.

Después los papeleos, la institución correspondiente; unos padres extremadamente jóvenes con tres niños más e instrumentos varios, llegaron al lugar. Asustados, en amor de rescatar al niño: Irfak, Irfak repetían, era su nombre, él los reconoció y sonrió por primera vez, se lanzó a los brazos de esas personas vestidos extraños y lloró, lloró angustiadamente por todo lo que había ya vivido y crecido duro, desde el nacer a sus cinco años. Los otros se plegaron entre sí al abrazarlo y de los ojos el dolor de un otra vez la nada, salía en demolición de ladrillos viejos estrellados contra el piso.

Mariel y Osmán intercediendo; ella ofreció ayudarlos en trámites necesarios con la embajada correspondiente, él sólo les regalaba desde su medio oriente milenario: calma para dejar lo tenso, instándolos a tocar en familia como si fuera en su casa natal antes de estar muerta. Sacó de su bolsillo un tubo pequeño con perforaciones y desde el aire de su boca, las notas se unieron al grupo rumano. Se transformó el tiempo, allá estaban siglos atrás en una aldea de paso donde la vida no sabía de fronteras, de mercado mundial, ni dictadores, imperios, anarquías, invasiones, ni indocumentados.

Costó meses resolver lo legal. Costó años reamar en mínimo la psiquis de la familia. Costó poco para Osmán incluirlos en la gira con sus compañeros asiáticos. Costó cada día de su vida para Mariel olvidarlos, en especial sus músicas, el beso de Osmán y la cruel historia de aquella gente y el por qué de su huída a Sudamérica. Tan tortuoso que a nadie contaría por respetarlos; esa mierda, sería CONFIDENCIAL.

martes 13 de octubre de 2009

Conjunciones, noche y Buenos aires.








Conjunciones, noche y Buenos aires.

(extraño desfile subterráneo )



¿Qué tanta bulla tiene la osadía en despertarme de estos sueños de la Mancha?


(Casi mitad de la avenida, decida ancha en Buenos Aires. En broncosa noche de fríos. Por interferencias del tiempo, rareza de la estatua: sin luces, en la penumbra parecía que el caballo desorientaba buscando su jinete.)


Llegó al borde de la 9 de julio. Sepulcro de silencios, se dijo, entonces ¿de qué taberna eran los gritos?… Zbmmm… una masa batifondo lo rozó, le hizo saltar desgarbado hacia atrás, le dejó un olor ácido desconocido de ese humo negro que iba como soplando arcabuces por detrás.


¡Qué animales desconocidos, válgame dios! ¿Habré confundido la marcha y he desembocado en una estepa salvaje? pura piedra plana sin rastros. Si soy el primero en pisar esta tierra podré bautizarla con mis títulos y será mi vasta propiedad, al fin mi reino será establecido y no pondré en mis tierras ni un molino que venga a desafiarme.


Un rodar lejano herrumbroso lento y un llamado ¡che Don! Ando en el rejunte nocturno, venite, hoy la lucha es con el viento; mierda que sopla fiero, si hasta cortó la luz.

¿Quién anda quién dice? En tanto desconocido, la voz le pareció familiar. Soy el Panza vamos por el Pizza libre y la Mayo, mientras hacemos el ciruje nos llegamos hasta lo de la Lola que encontró media de tinto pa` compartir.


Acopló. Se trepó a un carro de supermercado destartalado, ató unas viejas tiras al frente y gritó ¡vamos Rocinante!

A Panza le causó gracia pensó que lo estaba rebautizando, al tomar el declive que tenía la calle iba en picada. Al pasarlo arrebató una tapa de olla descartada de un contenedor, arrancó una larga rama de árbol que casi lo destripa vociferando ¡contra los molinos mi fiel escudero!

(De pronto había espantado, veía construcciones comprimidas altísimas, sin aspas, pero ¿qué otra cosa podían ser?)


Hicieron un trecho, se les unió el Pizza libre, el apagón parecía planetario. En la esquina del Banco, frente a Plaza de Mayo, el Nación con el Dorrego se habían prendido una fogata para acompañarse y matear con el Telmo (vivían en San Telmo sobre la calle Dorrego, puesto este nombre en honor a un caudillo de provincia que buscaba un gobierno más repartido desde la capital), de ahí sus apodos. Comparten allí el barrio viejo colonial aún con empedrado donde vivieron familias de apellido con servidores oriundos africanos que dejaron entre las gruesas paredes su rumor de tamboriles. Hoy es la cuna de anticuarios, del tango, las ferias de artesanos y la danza callejera. También se les unió la Mayo (que los sentía sus hijos perdidos, tantas veces los jueves habían dado la vuelta en esa plaza Madres y Abuelas reclamando, ella dormía allí entre pañuelos blancos) y el Kilmes (que pateaba excesos cada día por un poco de libertad vendiendo por el camino los trastos que trenzaba). Reían a carcajadas cuando se acercaron, Los presentaron ,pero él sólo se preguntaba con qué habrían encendido el fuego si nadie tenía ni una onza para cerillas; y bosques ni cercanos, su olfato le repetía que no había campiña ni arroyos en derredor.


Las risotadas eran porque el Nación corría con los otros detrás, ¡vengan ustedes también! desperdigaba ademanes de anfitrión, ¡ bienvenidos al parque de diversiones! Saltaba y se le caía el único diente postizo que le quedaba, todos paraban bruscamente a su orden….manipulaban en cuatro patas el piso hasta que alguien pegaba el grito de ¡diente clavado en un dedo! El pensó que buscaban un arcón con monedas y joyas, desesperado bajó de su corcel, lo ató, le habló tranquilizándolo; ahora sí podría obtenerle un fardo de pasto y unos toneles de agua. Tanteo con ellos; pero ya los otros volvían a correr…

Cansado tirando de Rocinante que ya sin pendiente no quería dar un paso, vio algo que giraba en donde de a uno iban desapareciendo. Al acercarse y después de unos respiros, aparecían alegres con tanta magia o ¿sería un monstruo como aquellos molinos ,el que se tragaba a estos, que ya eran su cortejo?...Se acercó con la tapa y la rama al acecho , un aire caliente salía de adentro lo tragó esa cosa; los ruidos le confirmaron : Me está masticando y a mi escudo y lanza abolla y despedaza ¡por todas mis blasfemias ,es un castigo Señor, mi Dios! Cayó despedido en el suelo desde donde había sido devorado…


¿Qué animal es este que se alimenta de vosotros…os destroza y luego os escupe tan armados como antes?…Pero; ya el miedo os ha tenebrado la creencia, no sois más dignísimos imbatibles e indudablemente se ha quedado con el alimento retenido en nuestro cuerpo…Nos ha dejado fantasmas…espectros…como huecos que seguimos caminando en este páramo.

Eso no lo hace esta puerta giratoria Don. Eso lo hacen las vueltas de los bancos, los gobiernos y los mercados que nos usan y nos llaman sudakas. ¡Si! Como los que pusieron el mac pato, ese, frente a mi dormidero en el umbral de la pizzería. Ya no sé, si el tano va a poder seguir con el negocio y quedo en la calle, más del lado de afuera del que estoy.


Nada entiendo… ¿alguien vive? Si hay que enfrentar estos monstruos que chupan carnes crudas como feudales de las torres; entonces Panza. Mi querido Sancho Panza, armaremos huestes que los destierren.


Seguían sin luz y seguía el extraño desfile subterráneo en Buenos Aires, se iban sumando, los grupos y los acopios todos varios, acumulados para vender por monedas en la mañana. Algunos ataban sobre sus hombros otros hacían bultos como camastros y tiraban de a cuatro. Entre las oscuridades parecerían un séquito de estatuas, barrios tribus y edificios revividos. Sus nombres, sus coronas, sus riquezas: El pan del otro día…


Llegaron a la fuente de la Mora. Se acercó una mujer incierta de pelo enmarañado con cierto arte y una túnica hasta los pies descalzos. El la miró acomodó su barba pegajosa se lió un trapo como capa y alejándose de Rocinante, hizo una reverencia susurrándole al besar su mano: ¡mi querida Dulcinea!

La Lola se impregnó de aquel nombre. Era grato entre tantas noches de sin techos, encontrarse con un señor que la sobrenombre con reverencia y un beso de mano. (Los que aparecen por acá desconocidos, son turros ebrios y solo quieren ¡pasársela a una!, pensó)


Saco la media de tinto, nadie se emborrachaba, en este conjunto excluído; pero forjador de ilusiones de servirle el cirujeo. Eran buenos cumpas, la visitaban cuando encontraban algo de yerba mate, para morirse en tristeza acompañados en un fogón; mateando junto a la fuente artesana y desnuda, con porte de reina. Luego llegaba el despedirse al aparecer la madrugada, con una sonrisa de niño encontrada entre el sueño que se les venía encima. Porque con sol, mejor dejar de ser habitantes dignos de la ciudad y esconderse. Los demás, esos grises que corrían todo el día no los entenderían y menos reclamarían algo a sus gobiernos para los medios y los bajos subsuelos de este urbano.


El azul noche y alguna luna con fosforescencia de pureza, sellaban esa junta de amistad.

Don le ofreció su capa para sentarse. Ella repartió el vino, contaron cuanta locura veían en la ciudad entre los “con casa”. Todos repetían: ¡a dónde vamos cumpas! El mundo se pierde. Lo peor que corriendo no se dan cuenta. Por eso hace rato que a nosotros nos bajaron de las puertas nos sacaron las ventanas, queda poco lugar para ampararse…


¿Y quien dijo que esto no es libertad? Cielo abierto…agua clara de estos ojos del Guadiana en una dulce mujer con su fuente y el buen vino, (hizo una pausa entrecerrando el ceño como apretando lágrima) y vuestra fiel amistad que me sigue en la cruzada contra los traga humanos. Por lo que presiento, ustedes racionan cada comestible que aparece, no he visto huertas; pero supongo que con habilidad podríamos sembrar para todos, ya que vislumbro por fin una gran masa de agua cerca. Ahora que ésta será mi comarca, yo les nombro mis pares y tendrán su tierra ¡hagan su vida libre en ella!! Todos callaron en emoción como si el latifundio fuera cierto y el Río de la Plata un caudal virgen.


Había que volver...Un beso de Dulcinea le quedó en la boca. A Lola le quedó el sabor que ya había olvidado, de querer un hombre sólo desde los labios. Los demás marchaban empujando a Rocinante con su caballero andante, como llevando Guía, resplandecientes hacia delante


De pronto un sol asomado impertinente cambio el marco.

Buenos aires despertaba. La locura, las bolsas desarmadas la pobreza…los cartones y las camas de vereda…se escurrieron en ellas. Pizza libre, Nación, Mayo, Telmo que se fue tamborileando con los dedos cada puerta y Dorrego mascullando que eso del reparto del Don era una buena mirada federal. Kilmes recuperado emprendió la caminata regreso, pensando que esa noche sus ancestros originarios lo protegían allá en los Valles Calchaquíes del Tucumán. A Panza le quedaba de pasada la explanada del monumento en homenaje al Don Quijote, en avda. 9 de julio esq. avda. de mayo…Se abrazaron con el Don…

El descarte. Color, luz día tránsito ¡chau che Quijote!...

¡Eh¡ Panza me llamo Aurelio, anoche no quise ir con vos me quede dormido, ¿sabes? soñé que me salía de esta estatua :ÉL era yo, YO ,él y comenzábamos una caminata contra los jodidos que nos dejaron en esto, incluído yo mismo.

Panza emprendió su paso, se frenó... ¡La pucha Quijote! Usté era ese del medio de la plazoleta. No, no se durmió; nos puso la tripa con delirio, nos puso. Pero no despertamo, crecimo. Mañana con lo cumpa y la Lola dijimo de juntarno y hacer una asentada donde vive la Mayo, la plaza vio? frente a la casa de gobierno. No nos vamo de ahí hasta que juntemos pa` techar la plaza, donde podamos vivir y tener lugar para clasificar la basura que cartoneamo. Como usté dijo es de todo esta tierra. Y por ésta le juro,¡por mi gorra bostera del equipo de mis amores ,Boquita querido! Que el primero en buscar pa` que viva con nosotro, es a ¡Usté DON!

Buenos Aires ya era todo ruido, gases urbanos y muchedumbre.

Extrañamente el pasaje del costado, que se tragó el ensanche de la avenida, alguna vez se llamó: calle del Pecado. Y ellos no habían cometido ninguno.





mabel casas 11 y 12 -3-07 fin de la noche y madrugada


domingo 27 de septiembre de 2009

Encontrados











Una tarde, el Sietecolores, revolvía brazas en el fogón.

Lo miraba en ese andar como pegado a la tierra. Tendrá mi edad, me dije, y está tan gastada su historia cíclica como la mía.

Nadie sabe el nombre que le consta en el civil. Él es el fuego del chocolate, la alegría rosada del alba y la tinta indeleble de la palta; puro verde hierba y tomate asado.

Vibra en tonalidades, canta en tonadas, del granero al fogón, de la huerta a la huella. En el pueblo parece que en su mayoría nació con percepción torcida; lo ven hosco, gris y en pura sorna lo apodaron Sietecolores. Hay que pararse y dejarse escuchar las voces de su trajinar, les dije.

Y yo. Yo venía con años de conventillo, allá en Barracas. La capital, tremendo monstruo tamaño circo. Vengo hoy, llego y los colores

de este hombre me arden la mirada. La llanura de su paraíso me borra como una goma de banco de colegio; me sienta en la frescura fácil sin noches de café con bata de damasco y ese baile absurdo para ganarme el alquiler. No me tocan. Pero esas miradas empastadas de lujuria, contaminan mi origen de delantal con semillas en canasto, de ser hada mariposa revoleteando silvestres; entre el camino a la escuela entre ir a engordar cerdos.

Cerdos, los que me ahora me dan de comer.

Y siete colores, no me oís; pero me convencés. No vuelvo a Barracas.

Me siento. Bebo su reflejo en tornasoles que atardecen. Recuerdo. Escribía poemas, los perdí en el tren. Volveré al cuaderno en blanco, quizás un verso…más…


Intento

ante tus brazos mi boca

acosa

rasga tomates rojos

alzo y te propone mi mano

cercarnos

en un juego de encaje

una misa de cantos

y un paso de años juntos

sin dejarnos

morir solos


De pronto él se acercó, sin palabras, le extendió su mano y aquellos poemas, perdidos en el tren.



lunes 21 de septiembre de 2009

Negación evolutiva









Despeñaban estrellas. Sonidos de fragua. Acaso era un tic tac, una campana, un tronador de lluvias en creación. O ese big bang descargando rompecabezas.

Fue la tierra.

Un magma en danza. Un misterio sin revelación.

Abrió la luz. Un espacio ignoradamente en giro, disfrazado de quietud. Sentía silencio y sin embargo un murmullo de semillas, pariciones, ocasos y noches; impregnaban repetición. Imantaba en contradicción, montando una historia en superficie. La vida bautizaba nombre mineral; la vida nacía en vegetal; la vida sorprendió en animal. Se levantó ante los troncos extremos, se descubrió en el agua. Se caminó en desnudo sobre una cáscara virgen sin huellas que plagiar.

Malivi, era un cuerpo, un movimiento, una voz sin lenguas todavía. Enrího parecía su igual. Ambos vagaban. En toda revolución hay ojos, tacto, olores de bandera; buscaban identidad y plantarse.

En el cruce verde con los destellos de un río; comprendieron diferencias. No sabían aún qué era ser ella y él. Pechos y pezones, hueco y pendal.

Todo estaba repetido en punto de encontranza. Todo era multitud de animal y floresta. ¿Y ellos?

Malivi no era una maldición de dioses no existidos, Era creación misma, el ciclo exacto de perderse de las cuatro patas para encontrar el alto en un incierto trayecto de animal a humano. Ella, primer mujer.

Enrího, a la par, había procesado su sostén en los dos pies. Él, primer hombre. Ningún invento, ni leyenda; pertenecían ambos a ese pleno, fraguado desde la evolución.

Despeñaban siempre estrellas.

Habitaban más hembras y machos, crías, hijos, alimentos. Nada hacía suponer que habría un después del fuego, la palabra, una pólvora maldita, una cruz y unas monedas.

Malivi, tendría mil nombres de la culpa y Enrího otros más en el poder. O fue sólo la humanidad la que olvidó el comienzo, creó los mitos y las guerras, los imperios y las penetraciones. Avaricia y venganza por no admitir que aquella Malivi tenía un vientre cálido donde poder ser tierra y fecundar libre.



sábado 12 de septiembre de 2009

Vida y refrán











Perdido presente o perdido pasado.

Todo flotaba desde la neblina, y un aluvión de pretéritos se le vinieron a trabar de los exiguos pelos blancos, húmedos, que casi ni lo coronaban.

Coronado había sido cuando consiguió al fin tener la valijita. Le costaba cerrarla de cuanta baratija llevaba. Era un cascabel errante, un hacedor de sorpresas cuando la abría. Cada puerta lo esperaba en el pueblo y cada tranquera más allá.

En tanta aventura de caminos iba logrando tener su vaca atada; su tienda y la infaltable piedra en el zapato: su mujer, cuando le insistía en que podía hacerle un zigzag a la negra niebla y mirarse juntos el día en mañanas limpias. Ella era su par, su cuenta cuentas. Su extranjera en esta tierra foránea para él. El hombre tenía una gruesa sombra a vencer por eso prefería vivir el presente decía: hoy miro, y el hoy se le iba en caminatas o en un abrircerrar vidrieras de su tienda. La mujer sacaba genes a destajo de los ranqueles y algún español, que salido como rata por tirante de las entrepiernas violadas de su madre ni apellido dejó. Por eso la valía el pasado, su memoria le imponía cuestionar y trascender todo aquello e insistía a su compañero para que lograra encausar sus transitados amargos y antiguos, construyéndose libre de aquello.

Mi querido turco, pensaba en las tardes de mostrador, mientras él andaba puerteando, ha perdido su pasado tan oscurecido en su procedencia entre lucha de tribus y colonias de blancos.

Pero un día no regresó, alguien vino a decir que seguro se quedó con la colorada: esa de Buenos Aires que venía a cazar incautos para mostrarlos en la Sociedad Rural y después despedirlos con el rabo entre las patas.

No, mi turco solo está perdido en su propia neblina, es la única que no lo deja vivir el presente y nada ver. Volverá. Y volvió reconociendo el futuro, promesa en que se convirtió el regreso; en su autoexilio había raspado hasta el tuétano los huesos podridos que lo atestaban. La neblina era su nexo de escape de tortura de muerto por desierto de puerto de rincón escondido en los barcos que viajó, que no lo dejaba despedirla.

Ya no lo aterraba y repetía aquí estoy morena mía. Aquí estoy estás estuve y estaré, cerrame en tu neblina vencida y ganada, luz abierta matriz tierra. Nada es ya, extranjero de mi mismo.


domingo 23 de agosto de 2009

Capital, decapitado










¿Por qué tenía que ser Fausto?

Él, que nació justo al fin de la guerra. Él, que ni miraba el horizonte, ahí en Sicilia, donde el mediterráneo no le hacía cosquillas. Él estaba en la cima. Don Fausto el usurero.

A mí me respetan; pero quería que lo envidiaran.

A mí me cumplen; pero ansiaba que no. Ergo: incautaba

A mi me besan los pies; cuando doy préstamos; pero tenía el control de todo salvavidas.

María, su mujer y los cinco hijos, recibían hasta por debajo de sus uñas el desprecio del pueblo por reflejo. Y de él, nada. La cocina tenía fuego, sólo cundo Fausto elegía en el mercado lo que él deseaba comer. Los únicos libros de la casa eran unas miserables libretitas para apuntar los préstamos y en goce, los impagos. Así quedarse con las propiedades de los otros, le era tan fácil.

Era su culto las joyas de la reina, los tesoros del pirata, las posesiones de dios y la conquista de todas las cruzadas. Sin siquiera haber vendido el alma al diablo; por que no entraba en sus planes deshacerse de la más mínima minúscula y sí: aumentar acosar, juntar. Preso de la torre de su fuerte y frente; ante las rejas de lo avaro.

Martín y su barca; sus redes y el apego a sus parientes.

En noches y días sin dormir exigía al mar su paciencia en darle frutos. La causa fue una zozobra y seguía sufriéndola de otro modo. Fausto. Había sido imperioso en su vida, como derrumbe anunciado; pero había que coser los averíos y seguir pescando cada día jornal. Era patético, era, si acaso sobrevivía. Cayó en Fausto.

El usurero, era implacable, urgencioso en su sed de codicia; contaba con la barca, descontaba ya su posesión. Él, que nunca se había fijado en las olas y lo extenso; quiso saborear la nave, verla.

El resto, fueron las restas sus restos. Un resbalón entre barrancos, un desnudo grito de ignorante dejó entrar el agua, nunca tuvo más sal en su poder y el mar lo avasalló. Nadie pudo oírlo, en su eterno sigilo por ganar; fue casi silencioso.


Una barca, un pueblo, su familia; no lo extrañaron…





Orgía de invernadero



¿Se podría decir que el invierno goza la tarde?

No cualquier día de agosto, en ocio, hace contratos con él.

Pero este veintidós, sin viento de locos, los papeles fueron firmados.

Una carrada de brotes apenas inicialados le dieron carácter de prefundador, la calle disipada por un sol cansino señalaba rejuntes cartoneros; carne de cañón en pliegos de poetas.

Los dueños del trato sudaban placeres de culantrillos en los muros, moliendas de olores entre sequedades y jazmines trasgresores. Dos machos en busca de las hembras, dos cortejos reflejados en el rojizo de las piedras, tres tiempos verbales por sus utopías y sentarse frontera

de fuente con sostenes doncellas.

Osado el sortilegio breve, ocurre fraguarles el amor. Escudados en ir perdiendo las capas y reverdecer juntos a puras noches de verano.



domingo 26 de julio de 2009

Calor ingenuo y dos de la tarde









Era la siesta. En alborozo de sentirse libre. No importaba el externo calor, ni las pocas sombras, donde el revoleteo de moscas hacían causa común con nosotros. Volar el momento. Llenarlo de juegos sin nada, sólo con la fantasmagoría infantil la tierra el agua y entidades desparramadas utilmente viejas, desahuciadas por los grandes.

Momentos de verano en campos de Chivilcoy, ciclos de siega y trigo en madrugadas y atardeceres; entonces cómo no iban los adultos a necesitar sosiego de siesta. Un instante en la memoria del saber las manos al hombro haciendo trabajo a pulso sin tecnos monopolios de la tierra; encuentros de parentaje, jornal y esparcimiento en compartido.

A la prole le dan la fiesta de la hora más sofocante, el permiso de excepción a dormir. La causa: nosotros. Que veníamos de la ciudad de fábricas y obreros con goce de vacaciones. Y hermanos con hermanos, familias con familias; volvían a sentir que no había distancia. Hasta a veces de noche ellos también se volvían chicos y jugar a las escondidas nos encontraba risa conjunta entre las sombras.

No había miedos, nada lo causaba; así en las siestas amasábamos barro. Placer ancestral de las texturas. Incapaz de cruzarse son ese elixir

de amase contaminado. Condena hoy, del glifosato. Conjuro real, de temerle a los sueltos de locura en síndrome de trata, violación o secuestro.

Bajo los pocos árboles de ese monte ralo, alejado de los cuartos; condición era de los padres alejar las risas de su siesta. Nacían cacharros, personajes los castillos y las tortas en viejos tazones enlozados aún coloridos, entre su descascaraje medio enterrados en abandono. Qué historias tendría cada uno. A nosotros se nos presentaban como tesoros de la tierra Llenábamos el té imaginado de manjares térreos, adornados con flores celestes de navidad; que en honor a la cocina surrealista, cosechábamos de los jardines de la casa.

En cuadros como ese, se olvidaba la odiosa siesta obligada del lugar urbano; donde los pequeños en la calle solitaria por la canícula eran custodiados en la casa a la vista de los progenitores, poca libertad permitía el cemento; por eso en paisajes como aquel se grababan las huellas de una infancia que nada tenía de cruel y que aún se respiran de adultos. Se prendía un aprendizaje amplio, lleno de vivencia mágica y de progenitores laburantes, con espacios de descanso y frondosa tenacidad para saber qué es libre; pero laboriosos cotidianos y preservados de identificarse con los años, a los monstruos humanos que hoy acosan vulnerando.




imagen: "a la sombra"(solá) de ruiz de la casa

sábado 18 de julio de 2009

Tristezas del río de la plata
















El río era dulce. Mansamente, los moradores a su orilla hablaban de hermano a hermano, con él .La vida soplaba sobre la hierba en las barrancas vírgenes. Adobe, paja, tejidos, cacharros. Su dimensión: en armonía. Escuetamente como entre magia "vivían de la caza y de la pesca.".

Para beneplácito y regocijo de este río (nunca él se creyó esto). Lo vistieron un día naves de conquista. Colonizadoras, jesuíticas, campañas del desierto.

Una fiesta de civilización transportada. Una muerte de civilización ignorada.

Entonces comenzó el río a ver la profanación del crecimiento. Rozagantes pieles claras, ojos traslúcidos, contrabandos y negociados en auge; vicios alegres de gobiernos que prendían con pólvora.

Los políticos en progreso, los milicos en contacto, los indios en extinción.

¡Próspera Argentina!

El río vio en silencio.

Después, ("qué importa del después...") .Muchos tangos pocos tangos. Y perdidos, flotando a la deriva en aquel río, los kultrunes, las quenas, sus culturas.

Y nacimos con la sangre trasladada y nacieron los pocos con hilos originarios en las venas .Aún el río nos bañaba a todos y nos regalaba verano.

Años, oleajes profundos.

No. Jamás las aguas creyeran lo que recibían sus entrañas. Tumba y anegación descontrolada.

Ahora, si, ahora, llora. Se va, en playa impureza. Ahora vuelve y se desata; por que está inconciente.

Quienes excluídos, rancharon a sus orillas, hoy ni paliar el hambre con sábalos pueden.

Murió la cordura de aquellos días que mansamente los moradores a su orilla le hablaban de igual a igual...

Y los que estamos, bebemos su horizonte desesperadamente como único alimento, porque ya ni deliberadamente como entre magia " se puede vivir de la caza, de la pesca.”, ni de nada...


El río tan oscuro, ya ni puede ver su color de león y pura raza.


jueves 9 de julio de 2009

Desproyectado








Ramiro de la Cruz, un proyecto sobre sí mismo. Desde sus espejos columpiaba el narcisismo; de sus inversiones y caudales: los secretos.

Gran señor de la vida postmoderna. Ganador de los objetos, los esclavos y banderas. Cambiante de rieles y estaciones, según su escalera de subida al poder y la mentira.

Ramiro de la Cruz, un contemporáneo que compró el túnel del tiempo y viajó. Su codicia dijo es cool haberlo transitado. Falló el doble cálculo. Ampliaría su fama de pionero, los resultados en las cadenas de favores; y sería un éxito el marketing que lo impulsaba. El tiempo del destiempo le jugó la lógica y el absurdo a sus certezas de soberbia. Y por ese agujero negro cayó entre jíbaros con sus propias costumbres. Estaba muy lejos de la nueva vida feudal del siglo XXV que le prometieran los folletos de la aventura.

Y fue la gran sopa mal digerida, con demasiados trastornos digestivos para sus ilusos captores que no descubrieron su carne de carroña.

Fin del proyecto de sí mismo. Desproyectado para trabajar entre y con sus congéneres, en algo más que sus personales tiempos de ingresos brutos, fiesta, votos y manteca al techo.


martes 30 de junio de 2009

Amanecidos










Martina gira la ciudad, o es la ciudad que la hace girar a ella. No quiere ese lugar, el pueblo la repica, el pueblo la reclama en rechinar de su chango de supermercado. No está haciendo compras, junta basura. Esa inmensa basura que tiran los edificios que comen. Los que ni conocen ni les importa el poblado que dejó en La Rioja, porque mataron la vida, intoxicado por abuso de usufructos ilegales.

Rueda, ruedan, aglomera y piensa. En qué tumbos de dioses y de diablos vivimos. Me alimento con la basura. Pero deben ser robots a controles lejanos los que viven por aquí; nadie tiraría comida: Allá de donde vengo, la carbonada de todos de las huertas de todos. O será que el dinero existe y a muchos les sobra. Como no lo veo aquí ni lo vi allá, cuando vivíamos del trueque: capaz que no es una visión por tanta coca masticada y el dinero vive en las bolsitas de algunos.

Caminaba entre calles en sombras y grupos recogiendo bultos; en estas viviendas duermen como pachamama manda se dijo, sólo nosotros afuera. Llegó a la esquina donde esperaban al camión que los sacaba de la ciudad a cada noche, para ir a la provincia, al cuatro chapas de cobijo. Tardaba. Todos en cansancio se entretenían en tirar piedritas a un tacho vacío. Por el pueblo dijo uno, tiró a la basura lo que es basura: “el maltrato”. Y en un rodar de ascos, cada uno asió una piedrita y gritaron a vomitar lo que querían despegarse. Tiraron a los matadores y a las muertes anticipadas, las soberbias y mentiras, el manoseo y la discriminación sufrida. Martina emocionada, como si lanzando todo aquello lo lograran, tomó un botón flojo de su saco, lo sacó y al tirarlo dijo casi en lágrima. Aquí dejo el desamor que me dejó sin ojal.


Ricardo, que no podía dormir en el local -casa, donde arreglaba zapatos, los escuchaba. Ellos tiran, ya pasé por eso; pero lo vuelvo a hacer ¡carajo! Salió en calzoncillos y ante el estupor aprobación de los otros, lo escucharon decir tiro con lo que no me reconcilio ni puedo:”el olvido”. Por mi hijo, repetía temblando de impotencia: por mi hijo desaparecido. Y pequeños clavitos fueron votados con fuerza al recipiente ya no tan vacío. Su vos ronca, austera, túnel de resonancia; erizaba la calle. A punta de tambor agregaba no perdono lo violento, las dictaduras, la tortura, el desempleo, el desamparo, la injusticia, la presión que nos mete el poder de siglos.

El silencio habló a los otros, no estaban solos, eran más los que desangraban el alma; por otras cosas y las mismas que ellos.


Dalmira, la mujer de Ricardo, estaba a punto de abrir su puestito de flores. Cerca amanecía, también oyó desde el principio, se acercó, saludó y puso un florero en el medio del grupo. Repartió una flor a cada uno y como si son su voz acarreara el sol para entibiar esos huesos doloridos de vida mal vivida; invitó a decir qué se guardarían para que no se pierda, en ese cesto casi lleno de basuras más estiércoles de fatales errores de otros, tirados.

Martina fue la primera: me guardo el amor por todo lo que no me agreda, y las caricias. Se oyó luego: quiero retener el horizonte, es el único que me mantiene con aire, era la voz de Ricardo. Y así casi esperanzados, aparecieron repitiendo construcción de vida y deseo. No estaban medio muertos, sino medio latiendo, se guardaban un poco de feliz, y trabajo, paridad, justicia, identidad. Sonreían.

Dalmira y Martina, sin haberlo conjurado juntas, dijeron nos guardamos un cielo. Y esa palabra fue el milagro y la crucifixión. Cielo pronunciaron todos a grito de necesidad. Había sonido y comunión de pueblo.


Una sirena. Un batallón oscuro, unas balas, el desparramo; la lluvia desatada ayudo a esconderse. Llegó el camión, subieron, incluso Ricardo y Dalmira que se puso con honor su querido pañuelo blanco de las marchas de los jueves en la Plaza. Martina le rogó al chofer, no pares en la villa en que sobrevivimos. Apretá a fondo el acelerador y llevanos directo a un cielo, que sea el lugar de los amanecidos..




Afiche: "recuperar" estractado 28-10-06,comisión contra la explotación minera en la cordillera(límite Chile/Argentina)

sábado 27 de junio de 2009

de mediodía





A esta hora puede que llegue a mi casa y me encuentre con la comida que yo misma estoy haciendo...y me convide a comer compartiendo la misma silla y el mismo plato...

Claro que no se como vamos a hablar, seríamos dos locas adentro de una.

El problema será debatir quién prepara el café.


domingo 21 de junio de 2009

Fiesta









Tocaban trompetas. Las últimas flores cayeron. Merecida la parranda.

María vivía llena de gracia de los hombres que tuvo.

Una intensa cadencia de percusión, y cortejo. Un nítido vagar permaneciendo ser hembra.

El funeral era caribeño.





miércoles 10 de junio de 2009

Vienes porque me añoras - Che rechaga’úpa ajeve reju (guaraní)











Vienes porque me añoras

- Che rechaga’úpa ajeve reju (guaraní)


Cómo te llamás. Pol ñi umán

Tenía la estatura incierta como su edad, aunque era innegable su digno origen sudamericano, en contraste con los transeúntes asiduos de Viena. Algo debió sentir en la voz de la pregunta para que rompiera su hosquedad y su secreto.

Y quién te puso ese nombre. Mi mama quién iba a ser, ella decía que tuvo cría y me anombró. Como no estoy arregistrao en un civil, desde que estuvimos lejos me contaba siempre el segundo en que me salté de ella y por qué me dio un alma llamada así, pa`que no lo olvide al presentarme cuando llegue.

A dónde. Al país que ando rastreando.

Chamigo mire que en la tele yo he oído ese nombre, y no es de usté, el dueño tiene cara gringa. (ya no tuteaba a pesar de que se le hacía, que, el olor del otro le resultaba cercano; sintió necesidad de mostrarle respeto).

No me entendió, es mío la mama lo dijo: te di el pol como el eco que se oía en la barranca cuando yo pujaba a grito de coraje y ñi umán había alrededor, sólo animales quietos, callando pa`acompañar mi alumbramiento.

Sabe que ahora que veo por su boca las palabras que pintan el sublime de su nacer, recapacito y nada que ver su nombre con el que yo decía conocer; me dejó temblando con su parición vea. Ahora si me permite le cuento algo de mi, siento que andamos raiceando parecido. Soy hijo del monte correntino, pero me crié en Austria, mis viejos vinieron en épocas de escaparse o morir allá en Argentina. Se la tenían jurada después que levantó el obraje en reclamo de paga justa no querían más el cuento de “conformate, bien pagado estás, con un lienzo bajo dormir y un sopero para todos”.Y así llegamos, tocando el acordeón en los paseos obligados a orillas del Danubio, engañándonos con que tenía sangre del Paraná e inventando la forma de entenderse con las manos ,menos mal que siempre las manos vió, trabajan nos salvan y nos miman. Un viejo amigo de mi abuelo nos hizo el mejor regalo de sobrevivencia y despedida con los pasajes; había sido anarquista acá en Europa y no le bajaban al austriaco sus rebeldías en busca de equidad, ni a sus 90 años. Y yo sigo resistiendo con la música de mi cepa criolla juntando un volver. Pero usté dice que busca el país que anda rastreando, cuál, cómo se apropició por estos pagos.

No lo sé. (sorpresa del otro y siguió). A veces sueño con un barco con velas y remos, con un agujero oscuro donde viajo; no entiendo lo que me dicen y me separan de mi mama. Digamé cómo tengo en mis ojos el lugar del eco aquel que le conté, si nunca viví allí, si paso las paredes, salgo por viejos cuadros o despierto encuereado solo con un tejido tapando el rabo. Me pregunto cuándo podré encontrarme conmigo mismo. El alma me la robaron en unos cartones que llaman fotos, pero ellos no saben que mi nombre la contiene y no voy a dejar que me lo saquen.

Y su madre. No lo sé (y enmudeció un rato mirando adentro a la mujer nombrada y abrazándose a si mismo la pensó Che sy, mi hacedora). La figura de la muerte estaba presente, alguna vez me animó a mostrar coraje a decirme que el mombyrygua, ese forastero extraño de lejos; se cansaría de mostrarnos como animales exóticos. Eso nos llamaba. Ella me convenció que un guaraní es hombre también tan igual hombre que los extraños. Después la sé muerta. Después me pierdo en calles de fronteras y fronteras de este lado del gran mar. Duermo muchas lunas, levanto y busco, soy el espíritu sin muerte; el paisaje completo de mi tierra con mi nombre, ahí debo llegar para aplacar todo el lamento de mi tribu y reclamar. Ganaré con pasos el asentamiento de mis huesos cansados en lo que me pertenece.

Desde que respondiera con su nombre cortamente, había ido componiendo una sabia manera de contarse, como si un eco guaraní repitiera arandu.

En su caminata sin guía se acercaban al parque con la vieja Casa de las Palmeras. El otro hombre se preguntaba, casi se afirmaba, que este pol ñi umán era el alma de algún indio de los que trajeron a exhibir durante la conquista, siguiendo aún en el martirio de su regreso. No estaba ya a su lado, miró en circular. Lo vió en medio de la explanada, entre anuncios de la nueva Casa de mariposas; atracción turística, bellezas exóticas en escenario “casi” natural, bosque miniatura. Patético ,indio o mariposa pensó y sintió asco, quién masturba la ley en morboso placer de desarraigar a los pertenecientes ,se preguntó impotente..

Volvió a mirarlo, entre la gente (la rareza era otra hoy) estaba en cuclillas, él y su resonancia de barranco…Ni un humano lo miraba, mas precisamente le huían…


Se acercó le tendió la mano. Vamos buscaremos juntos tu país reencuentro y ahora sé que también es el mío, el que siempre me conmociona adentro. Habrá regreso. Detrás quedaba un cartel preguntando: “What is a butterfly?”. Ellos ya estaban cerca de saber qué eran.


Continuaron juntos dentro de una neblina imprevista que parecía llamarlos a la permanencia de una tierra viva, real, que desde olores de albahaca hablaba de la vida sueño y de su sueño despierta: los hijos estaban volviendo.





imagen: "Noche de pobres" de Diego Rivera

sábado 30 de mayo de 2009

Cómplices, de esos no se habla








La jaula del Zoo. Da lo mismo cuál. Tiene un olor de sujeto y predicado. El animal tiene miedo porque extraña. Así todo él y la celda se quedan impregnados de alimentos y defecaciones varias, subiendo aún más el sudor de su tragedia adrenalínica. En su hábitat natural el aroma es limpio.

El cuarto de Rosario. Éste sí, es cuál.

Produce el mismo efecto. Rosario tiene miedo y extraña.

Cuando salió a buscar trabajo; ese aviso de diario prometía Cristales de la Capital.

No pudo. Gritar ni pedir ayuda. A quién allí dentro. Las amenazas eran comprobadas. Los turros clientes eran cómplices, iban por sexo y por violencia.

Rosario era un animal manso. Pero arrancado de su follaje original, temblaba y odiaba. Venganza, se repetía.

Comenzó su periplo enajenado; puliendo las manijas de las puertas, raspando canillas. Enhebrando cada araña que encontraba en el tugurio. Cuna de las chicas atrapadas por la trata.

Quiero esa pendeja, dijo el cliente, y quiero un brindis compadre, usted sí que la hizo fácil y nos hace fácil desembarazarnos de la calentura.

Rosario preparó las copas. Puso pisco, gaseosa, ron, tequila, vodka y lo pulido, lo raspado. Dejó caer unas arañas de su collar y completó con aguardiente. Bebieron. Borrachos descuidaron su guardia, el arma en la cintura.

Fácil Rosario, fácil. Sacá el arma. Dos balas, en el medio de la frente otra al corazón. Cayeron los dos cómplices. Apuntando al miedo, a los esbirros, a los cogedores y las cogidas; levantó el teléfono, llamó al Diario, a la Radio y al Destacamento.

Como pudo escapó, con el arma demasiado fresca.

Al día siguiente, las noticias no hablaron, todo siguió igual con las chicas y más cómplices.

Ella usó el arma.

Se desprendió del olor del miedo que la perseguía sin rendición.

En esa plaza que se había refugiado, mariposa cansada, sólo la muerte para liberarla.




lunes 25 de mayo de 2009

Máscara del Bermejo








La pierna cuelga.

Debajo, detrás, arriba, delante; hay como un pincel cansado en rojizo y ocre. Revuelto. Ha hecho ronda en rumor de barro.

Un río. Desprovisto del color del agua. Una pierna. Despojada de la visión del cuerpo.

Dónde estará el resto, aunque el resto también esté unido. Dónde sus manos, que hasta hace poco se juntaban como pájaros cortejando, con las manos de Calixta.

Cuelga. También la soga, la trampa, las vizcachas y el error fatal; ante el sobresalto de un tiro y luego el quejido gutural. Irreversible. Cercano, tanto que sintió el desplome en sí mismo, como el escalofrío segundo antes; al oír al patrón a través de la fronda: hay que matar al…Luego todo fue impredecible.

Calixta, está regresando a su comunidad wichí, lava ropa en casas ajenas; viene presagiada por el viento y el río marrón al que zigzaguea. Arruga y desarruga su delantal, entre espirales y círculos desbordados de su pensamiento. Qué sucede en este día frío, dejado a la deriva de las suertes, se pregunta; me apura abrazar a Nemesio. Tiembla mi presagio, tendrá que ver con él y esa changa tan peligrosa de desmonte. Ese maldito desmonte, que deja al río descontenido y a nosotros sin vida de alimentos, sin hierbas para curas y sin hebras para tejer lo necesario.

Todavía lleva el ardor de los golpes en sus mejillas, de la patrona. Había resbalado un plato, pobre plato común con tanto entierro de lujo por rotura y sólo lo usaban para la comida del perro. Mejor mis platos, de la madera que talla Nemesio con el aroma del palo santo, pensaba.

Sintió el tiro. Corrió. Escuchó el grito de Nemesio. Sintió perforarse al medio del pecho, su boca estaba ahí en ese hueco y en el agüero. De su cara sólo quedaban unos ojos desorbitados, cosidos en único agujero en el centro de su frente. Parecía la sombra de una máscara india. Llovía.

Vio la pierna colgando, y sintió un olor de pólvora, que se unía al de la madera de algarrobo recién cortado. Quedó de rodillas entre el barro, tuvo la sensación que nunca más pasaría aquella lluvia.

Reaccionó. La pierna se movía, sus manos soltaron el lazo del delantal y lo ató a una soga adherida a un tronco llorando aún su propia matanza de monte; entre los tres: delantal, Calixta, algarrobo: lograron sostener el salto desesperado de Nemesio para asirse y deslizarse hasta la orilla del Bermejo.

El esfuerzo desplazó ramas y quedó a la vista azorada de ambos, un chango consternado frente a un caballo muerto. Preguntaron, les contó. El patrón dijo: hay que matar al caballo. Mancado estaba, pero yo lo hubiese cuidado, era mi hermano animal; pero a él le sobra sangre de nuestros hermanos.

Seguía la lluvia Qué hacían sus antepasados en las tormentas, se preguntaron, seguro no talaban algarrobos ni mataban caballos. Si hasta les prohibieron su uso, porque con ellos podían defenderse mejor cuando las campañas de exterminio. Ellos cocinaban y atersanaban bajo sus enramadas, esperando que la hermana naturaleza necesitara dejar de llover.

Es tan fácil matar a un caballo, como matarnos a todos sin balas, corriéndonos de las tierras. Masculló la voz gastada de Nemesio

Pasaron el atardecer bajo un cerrado lapacho que comenzaba a florecer, es octubre, pronto habrá pesca les decía el abuelo. Manipularon arcilla del río para hacer sus cacharros y venderlos en la feria del pueblo.

Entre ambos y sus manos nació una máscara india, eran dos pájaros en cortejo tomados de la mano, con un hueco en el pecho como boca grande y dos ojos dentro de un mismo sitio.

De la unión de las manos, algo pendía como un turbión de dolor y de reclamos.






domingo 17 de mayo de 2009

Caramelos surtidos

Caramelos surtidos y bolsitas. Hizo el pedido. Lo atendía una muchacha despreocupada, llevaba el compás de una música cadenciosa. Él aguzó los sentidos en ese andar por la vida.

Se fue pensando que las reuniones de fin de año, dan permisos para decretar. Y había decretado su regalo. Lo recibirían en familia de edades creciditas, entonces por qué no los caramelos.

Le faltaban algunas cosas. Pasó por un cotillón, compró globos, ruidos y pelucas muchas, coloridas, rulos ondas pelos largos. La vendedora se las probaba y le hacía mohines, me invitás a tu fiesta le dijo. Y estimuló, estimuló sus sentidos…

En el subte, calor de olores, paquetes caros, apiñados ellos y los hombres. Las mujeres, mirada aparte, desprendían botones a sus jugosos escotes con el gesto innato de seducción, aún en deslizar las faldas al bajar. Seguía absorbiendo una manera de existirse género.

A la salida entre los empujones, una pareja paró en seco como un agujero negro en el espacio. Ella cómo lo hizo, mi diosa, qué estilo se dijo; prestancia sudor y actitud al escape de alguna lágrima atada a su decisión. La escuchó decir: vos a mi no me jodés más, te quiero para mi cama, de velador para mi mesita de noche, de platos en la mesa; entrada, principal y postre; no de calzoncillo barato que se usa y descarta.

Y vos, mi querido, te descartás solo. Salite de mi frente, vía, aire; alameda vacía desde hoy ante mi; y se fue.

El escuchó y volvió a valorar la fortaleza que deseaba ser, la actitud aún ante lo vulnerable o el involucre de la vida.


De adentro una de las tías preguntó, quién es?

La respuesta fue: “la tango”.

Apresurados se echaron a la puerta, abrir, descubrir, gritar. No entender, quién?

Una admirable mujer, con compás de movimiento; coreando la música que venía de adentro les habló. Me invitan a su fiesta dijo con mohines, extendió los regalos y agregó: ustedes a Raúl no lo ven más, era un calzoncillo descartable.

Actitud, se recordó a si misma. Quiero que todos nos veamos como estos caramelos: surtidos, agridulces, aceptados en diferencias. Por eso el cotillón, festéjense y festéjenme hoy, soy lo que soy y familia; sé que son la mía. “La tango” es la segura, decreta la sexualidad que la identifica, sólo venía en envase genético confundido.

Y el desmayo fue integral, pero subieron el azúcar con los surtidos; y el cotillón hizo tanto ruido, descarga y soltarse; que el veinticinco, doce encontró a “la tango” recreando su falda y osadía entre el beso de su gente.



domingo 10 de mayo de 2009

Sanidad ambiental












“El remedio que no entiende al hombre, es peor que la enfermedad” médico cubano

“La salud consiste en tener buenas razones para vivir”



Puede terminarse octubre, pudo ayer haber sido un domingo y de elecciones. Y es seguro que podemos hoy darnos cuenta que poco

apostamos como ciudadanos cada día incluyendo noches; para después de cada cuatro años poner quejas y pérdidas, perdidas en una sola cola de dos horas para llegar incauto a la urna investida de cartón y no de entidad unívoca, de decisión pertenecida.

Matilde fue una que soporizó en la cola, cuestionándose el cuarto oscuro sin boletas, sintiendo sátira y enojo con escrutinios anticipados a su propia hora de libreta no firmada.

Hoy se propuso darle rienda a su derecho de delirio, a su derecho de recuperar la parentela que la tierra le regalaba, a creer que aún en quiebra la industria de pensamiento popular podría reciclarse; si plantamos con fuerza los troncos, volamos semillas libres tibias con flores de estío, entre flamas silencios ausencias desde un movimiento hierba de mares de aire y contactos de suelo en rodares de carros de filas cartoneras, comunicaciones de nuevo de gentes por serse de nuevo parientes entre barros y sangres malgastadas.

Desvaría Matilde.

Habrá un diario que no se venda por que cada uno podrá contarle al otro las solas cosas calmas que ocurran

No habrá alambrados ni rejas ni robos por que todos serán una tribu.

Nadie dirá que le faltatodo porque no habrá quienes les sobretodo.

Los maestros, los árboles, el agua y los niños se dedicarán a que todos crezcan parejos.

No habrá podas ni perreras, ni armarnos ni cárceles; por que cada uno no necesitará más que ser hermano del otro como las piedras en los lechos de río.

No habrá más locos, que los locos de risa, de abrazo, de arte.

Y si todo esto se empieza entre pocos y después se esparce como lluvia mansa; crece el conjunto y los ministros de economía deberían aprender jardinería porque no habría faltas en sus cuentas.

No habrá un líder, todos lo serán de todos, nadie será soberbio porque no puede Matilde siquiera, delirar pensando en que los ricos podrían tiernizarse pero agrega quizás…la tibieza de un beso podría ganarles…son tan fríos los ricos y sus parentelas tan mandatarios… ¿piensa, coherente dentro o fuera del delirio incoherente?

Entonces Matilde disparata una meta, la próxima elección será lenta, segura, una manuelita la tortuga. Bullicio amplio de jóvenes codo a codo a su progenie y al viento, serán los mejores candidatos sin campañas, sólo mostrando su vida de inicio.

Matilde por primera vez en sus cincuenta, ayer, votó en blanco por repudio y se repudia. Debió, debieron, seguir militando por su delirio.



foto: gstern

sábado 2 de mayo de 2009

desplagada y llena de sol




La púa, la Habana, el disco de pasta, el Club Social antes de la revolución.

María Celia y su bandeja. Los zapatos, los pies, trabajan, trabaja, de mesa en mesa. ¡Camarera! Y entre corredores baila a escondidas al ritmo del swing “All of me Del otro extremo Juan Bartolomé y la barra. Sirve, sirve, sirve tragos y baila solo con los pies; es que no pueden hacer otra cosa que servir. Oye chico señorito que te sirvo; pero de nadie siervo ni sirviente ni perchero. Y de guiños con María, se piensan mar, revolución, cortejo y una isla llena de sol; en libero, a son cubano.

Se cae el calendario, y pasan los soles y un comandante, un che de Buenos Aires quizás....

Argentina, antes Palé de glas, el Luna orquestas de tango. Y en el pueblo un casamiento al mismo compás, hubo un gen que viajó el mar, una argentina lo tiene adentro, Elsa María con Pedro Juan; un mes la boda de conocidos, La cumparcita en el salón. Tienen buscas idénticas de libertad en trabajar. Quizás una Eva María y un Domingo Juan… quizás una moral obrera y después el carnaval.

Un carnaval en la Boca y otros almanaques llueven genes del casorio; y en el flaco del Cambalache pasado y presente caos aún, habitan un negro puente viejo, un barrio sobre depositado riachuelo, un cuadro de Quinquela; Renata María y Giusepe Juan recién llegados huídos de pobreza siguen laborando a lo que pueden descubriendo tango y convivencia (la narradora piensa ¿estará aquí todo de mi?)

Y la sangre del inmigrante se mezcla. Se mezcla y parece, que progresa, que crece y se enciende una calle más allá.

Corrientes de candilejas, Music hall, tirar manteca al techo de los socios de la Rural con sus genes rancios, Aquellos los de la Boca, los de Barracas, los del Abasto, los de suburbios rodeando la capital; son siempre hojas del calendario y genes que se resbalan de unos a otros y las Marías y los Juanes gozan un beso en medio del baile, travieso y quizás candorosamente feliz. Mañana hasta la noche otra vez trabajar, como aquellos de la Habana antes y después de la revolución.

Aquí la calle y Buenos Aires hoy, tránsito mucho, transitan muchos, la mujer del bastón, un violín, la gran caja del que pone una moneda barata por un tango caro, El gran vacío del que corre indiferente, luces, hamburguesas, instrumentos, bocinas y quizás...un loco, su balada y ella; los dos con una banderita de taxi libre en cada mano y medio melón en la cabeza.

Y siempre el método, el blanco y negro; encrucijadas del que lucha por quebracho, patagonia, minas, dictaduras, pandemia, trabajo, hambre y pan; por una tierra de todos, sana y llena de sol. Y siempre las muertes tan anunciadas, tan criminalizadas en lo social.

Algún gen, algún calendario y otro ché; alguna María y algún Juan, tendrán que liderar, y no morir.

Para sosegar.



domingo 19 de abril de 2009

Sublevación





Su bolsa brilla. En la corriente de la calle es como si llevara colgando marquesinas que la alertan hacia adentro.

Ahí entre el hueco de los huesos y la carne, la fiesta es íntima de libertades. Lleva cordones de parto e himen furtivo, primeras papillas y fuentes de plaza; un boleto tragado de viajes, un asco odiado de intervalos lacerantes y algunas bienvenidas de sabores rojos.

Afuera el contenido está en la bolsa, una flor de naranjo y una cría felina. Ya está en la selva infinita y ella acaba de crecer dentro de la alforja. Parida por los sueños allá adentro.

Sale del morral, negra, al acecho, pantera que enarbola utopía.

Cuidado. Va por las inconstancias y las exclusiones.


lunes 13 de abril de 2009

mágico y caduco












Lo que gusten. Dijo la vieja bruja, así la llamaban con la ternura y el respeto de los que la sabían. Epifania de las Casas era libre y era luz, estaba en el bosquecito cerca del río desde hacía poco.

Una pareja con los años frescos le había preguntado si podían recoger hierbas. Sí el verde es de todos, nada aquí está en el riesgo de la oferta y la demanda. Por eso las flores son libres como el poema y la arcilla que amaso.

Vino un día, de aquella urbanidad híbrida sin nombres ni saludos. Con el trabajo a cuestas devenido en jubilación y nietos, la garganta apretada del adiós del amor, de los años perversos, de la indiferencia y los golpes del mundo derecho pero al revés.

Ahí conservaba el aliento izquierdo pero de pié, en los mismos tumbos personales de la ciudad; pero de cara a la fusión de follaje y agua, al movimiento de sus huesos al amparo de una luna que siempre le ponía nombre del abrazo que la contuvo en viceversa. Pero la conmoción de los ruidos de la noche y los cantos del día; junto a voces de sangre, pinturas y barro, eran como el aroma de sus artemisas, de semillas de roble donde alimentarse, o piedras de agua para bañarse desnuda y olvidar la casa, las veredas, la rutina en las garras del águila del gran buenos Aires.

Entonces se borraron las pesadillas y una ventana de aguas y de fuegos eran su mañana.

No le sobraba nada, escaseaban algunos deseos céntricos; y nada podía faltar si el día era demasiado corto. Sí, se dice ahora, faltabas vos corazón; pero te he asumido lejos (tu elección y mi razón).

Pasaron siete días, hoy marzo nueve, Epifania no usó despedidas sólo confirmó en regreso que los recreos como las pesadillas y el amor; se marcan a huella firme pero también terminan, en cíclica posible de repetición y vuelta. Quizás, como la muerte.




imagen: Xochimilco de M de Calvo


viernes 3 de abril de 2009

Precavida




Se alejó sin soltar su vaso de agua. Era imprescindible para ella. Guardaba en él, las noches de lágrimas, los sudores de cópula y los flujos de parto.

Cuando María estaba a punto de pisar su abismo, el vaso la salvaba. Esa pisada, hoy, era uno de esos momentos. La avenida por la que deambulaba yerma, infartó de locura y un auto descontrolado se disparó hacia ella en cobro de presa.

El vaso no se derramó en el impacto; sogas de lágrimas crearon marea, gemidos de orgasmo flotaron su pubis y en un jadeo súbito sobre el auto destrozado, parió otro vaso de agua; reforzando su vida y ahogando su muerte.


lunes 30 de marzo de 2009

Moras y metamorfosis








Negro hay uno solo. Se dijo el artista frente a su lienzo. Lo urgía plasmar ese oscurecimiento súbito del cielo a media tarde. A la vez, lo inquietaba esa presencia intuída sin descifrarla. Tomo el óleo negro, no hay gamas de negro ese le bastaba; empastó su pincel y al volver sus ojos al caballete, su mano quedó paralizada en el aire. Allí estaba ella saliendo de la tela, vestía negro como su cabello, los ojos demarcados en negro litigio, sus cejas imperativas y su capucha cubriendo excitantemente parte de su rostro. La piel, el poco trozo de cuerpo visible, casi la unión de los dos pechos y sus manos; eran la total contradicción blanca casi desafiante con un oscuro rojo en sus labios y las uñas.

Era en verdad, una ficción, un delirio, una puerta al misticismo o tan sólo un poderoso encuentro real, con una mujer en negro y blanco que lo miraba y le mostraba el eco de su respiración.

Oyó decir de su boca Me llamo Mora. Sintió el aire de su paso hacia las sombras, ya alejándose le tembló la voz y a él su humanidad; cuando le murmuró No dejes de venir, vivo detrás del río.

Inconclusamente como oscureció se dio la luz en un tono de gasa púrpura, se hizo transparente, fresca, aromática como si llovieran gotas de alambiques de alquimia perfumera.

El lavanda, se ordenó, tengo que usar el lavanda. Lo buscaba en frenesí, repitiéndose que las tres ahumadas de marihuana que habían buscado moderarlo al llegar (guardaba el porro apenas aspirado para el final de su pintura), no pudieron cambiarle las percepciones y llenarlo de ansiedad y dudas; perturbándolo como a un niño confuso. Desde la muerte de su pareja, la hierba era su compañera en duelo, sin ese entero de amor. Vamos Bendito Tempo, se apuraba a sí mismo, siempre fumaste en tus contemplaciones evocándola y nunca se produjo esta especie de agite de universo; este modo de ver y olerme pasionario de esta rueda sobre mi sacudidora.

Encontró el lavanda, lo mezcló y congeló su mirada. Se iban desgranando del color, telas, flores, entregas misma gama, misma transparencia, mismo cuerpo rostro y la otra ella. Ella plantada casi flotando frente a él, Artemisa de tules y de sedas. Soy Cora, no te preguntes ni quieras mi respuesta; todo lo encontrarás en mi morada al cruzar el río. Y su paso se hizo carrera en nube de atardecer impulsada por el viento canto.

Pintó, pintó desesperadamente, ya no elegía colores, no le importaba definir ni los chorreados. Casi sus manos chapaleaban y los pinceles se incrustaban en el suelo. Ambas mujeres eran su desquicio, o era él el desquiciado buscando la obra, el trance, el color a media tarde y un motivo.

Terminó, apretaba su boca en gesto casi sonrisa casi sorna; sus ojos espías, el ceño fruncido sin descargar lo tenso, el cabello compulsado y las manos quietas; era un vigía entre la tela negra, los hierros cruzados del puente a su espalda y su piel un reflejo púrpura de aquel que atardece.

Miró el cuadro, la conmoción y el instante se tornó poderoso; la pintura constataba su cara, el puente, su pensamiento.


Pasados unos días volvió a buscar el cuadro que dejara en su huída, ahora lo tenía todo claro. Él había ido aquel día, decidido a pintar su muerte y tirarse desde aquellos hierros al río. La causa era la inesperada muerte de Cora que creía insoportable de superar. Después que se ahogara en ese río en un ocaso rojizo.

Esa noche al regresar conoció a Mora, tan vestida de negro como las moras y tan intensa como su ternura y desafío. La encontró luego de cruzar ese maldito río, donde se despidió de las muertes buscadas; y entendió que la oportunidad del negro es única por que hay uno solo, y ella era blanca desnuda como confirmación de vida de parto y mantilla áurea.

Sabía que las moras se comen al lado de la planta y que están unidas al mito de ser el árbol de los cambios, de la vida a la muerte y el nacer de otra vida, tal un gusano de seda renace de su alimento.


jueves 26 de marzo de 2009

La pobreza consultora








¿Vale la pena buscar la “e” en el diccionario? ¿Un día con invierno?

Se me ocurre que aparecen enano / esperar, espiar, evolución/ esperar, encumbro, estadio/ esperar, Eva, eco / esperar, exposición, embarazo/ esperar, elefante, enrosque / esperar, energúmeno, embotar / esperar, eternidad / esperar.

Enésimas veces influyentes de esperar, complejas desabsolutas; aunque en sentido de reloj, instante que aparece indefectiblemente círculo perfecto. Efecto y causa.

Arenales en los que se pierde la esencia de uno hasta que quizás vuelva a empezar otra.

En tales atribulaciones ajenas, Safir esperaba en un consultorio médico, ¿vaya a deducirse que hacía con un pequeño adminículo y un palillo; donde parecía escribir, sajar pagos, rezar runas, ta te ti?: Era la prueba de la espera.

Mientras iban y venían, recetas, obra sociales y pacientes, celulares, toces y silencios que sólo parecían; por que ahí de fondo se oía una estación de radio que placía o agredía, es decir moqueaba folklore o ¡hablaba! En ese punto que se hacía notar caía grandota otra vez la Conciencia Espera.

Un nombre fugaz, tenía ella, sentada al lado de Safir; pensó en escribir sobre un escritorio vacío ahicito nomás; pero tan salvador, digamos borrador de ese punto no querido de sentirse demás en cualquier lugar.¿Qué estoy haciendo acá, dónde está el espacio de ser yo y no ermitaña?

¿Cómo de que otra cosa podía escribir? La música pasaba de la ternura del otoño a pesadeces de antaño. Hablaban de la tropilla y una rima absurda con la trilla. Entonces, cómo no colarse la mención reiterativa de la espera, el clavo de plantear su validez, el descifrar cuándo es paciente y plácido un niño. Cuando esperar asfixia, obsesiona, presiona no crea control del Hombre, la controla desde la mirilla de la celda; la descontrola desde la falta de lo justo; la plantea en todo el rito inútil de esperar sin el ritmo lógico de la vida.

Estudio, estadío, evolución, elevación. Elevar fluir navegar codearse musa, madre, primogénito o continuadora, en trascender hembra en copla, hembra en macho.

¿A dónde iba ella en su escribir, delira? Ah…se llama Eva, paradójico, patético, no sólo fugaz-

Vale más discurrir tinta, ojearse del papel, perderse a puro tumbo; (las interferencias son muchas) los bombos de la radio las puertas que se van las que vienen, la doctora que pregunta chistea, y ya va sultana, ya va fulano. Safir ya entró. Ella no. No, no puede ser tan litoral el paisaje prefiere el surero, la pone mejor en trance; sólo escucha “Molino viejo” y le gusta (medio imposible hablan mucho las sillas cercanas igual que el acordeón.)

Por ahí se cuela la canción “Al pajonal”, se dice si fuera Eva la del paraíso, que manzana ni paraíso; pajonal y tumbarse a olvidarse de cualquier espera incontrolable; conocerse cuerpo con Adán… coloquiar con Adán ¿para qué es “esto? Y no sé pero tibio tu roce con “esto”…Dulce,dulce el deseo cuando se descubre y se correlaciona saciándolo.


Y la puta, hay fichas y toces. Y yo vine medio sana. Me quiero ir igual.

Milito para sacar la espera del diccionario cotidiano; quiero el reírme y no antesala infinita; me voy; llegué en junio y ya será diciembre.


domingo 15 de marzo de 2009

Jueves noche, junio, 1942









Hoy te la sigo diario. Dormí mucho esta mañana, el frío che!, te calaba en la catrera.

Calenté una olla con agua, y pa` mal, el destartalado fogón ahumaba, más loco que de costumbre, me obligó a trapearme todo el cuerpo y darle un poco a mis pelos con jabón blanco. Escasa el agua che!, me quedó pura gomina, eso sí con olor a Federal.

Pero el laburo es el laburo, me empilché con falda de percanta que la chamuya en el salón, me tiré el tapadito que me quedó de la vieja y a patear el empedrado. La pucha che, la sudestada llegaba hasta Pompeya. Ni un puto tranvía ni pal derecho ni pal revés, pasó.

Llegué al salón de baile más congelada que res en el frigorífico y acá (vos los conocés) si no te sacás el ropero que te pusiste encima, te rajan. A cuerpito gentil tenés que sentarte a esperar a los clientes.

Me encajeté en la silla y carajo! Me había dejado las uñas saltadas sin arreglar, bueno, que me toque algún chicato me dije; total milongueando todo es tan giro y tacos, mirada y apriete, que ligero quizás ni se ve. Además el encargado prende cuatro focos de los diez que tiene la pista, mishiadura dice ¡ che polaco, empezá con la vitrola! ¡A meta milonga!, le grité.

Para esto, yo ya estaba, que los pieces se me soltaban solos (vos sabés que el baile pa` mi, es el tata Dios clavado en mis pies).

No me vas a creer, diarito gomia, me distrajo de golpe del movimiento un tipo nuevo (pelo al medio, trajecito como heredado de finado); pero tenía ¡ un porte de varón con alas!

¡Zas!, el polaco, cambió y puso “Tinta roja”; ¡qué tangazo mi diario! Me dije este Cátulo se tiene bien merecido el apellido, hace un castillo de versos en los huesos. En eso che, una mano que se agarra de mi brazo; miro, mira: ¡el varonazo nuevo!

Ma` que uñas sin pintar y qué si la luz me las mostraba: me levanté y empezamos. ¿Dónde se me quedó el salón, el Polaco, mis compañeras con los tanos pifiando los pasos y el gallego del olor a ajo que cada tarde me insistía con “después del baile te cojo de la pollera y te me vienes”.

Disculpame papucito diario, vos que siempre me tenés la vela, ¿qué más te voy a escribir que no imaginas, che? (hoy no te tiro mis penas)

Cerró el salón, apagó la vitrola el polaco, el trompa apagó las cuatro luces. Y con mi varón nos perdimos mano a mano por cualquier empedrado de Pompeya.


La Negra.



lunes 9 de marzo de 2009

Botellas de plástico














Avanza. Entre ramalazos avanza. La puna tiene sus chispas. Enciende rojos, abrasa, fascina tornasoles; llora muerte montaña abierta derrotada en dinamita; o levanta su piquete de empuje por reclamos de la tierra, en ventoleras que se llevan el manantial de los silencios. Así va Juan a poncho pegado, incrustándole los ojos una sombra en piedras negras.

Avanza, dobladas las rodillas, escucha la voz del hueco, resiste a la tiranía del viento. Lo juzga, le juega, le canta exiguo, lo conquista. Avanza. Se delibera.

Este golpe de atención de la ventisca, este eco entre los andes sin descanso, me repite que puedo, puedo; vencer el filo con que de chico me vienen matando en olvidos. Olvidos de respetarme aunque sea, nomás y mucho, un peón; omisiones de dejarme aletear sin hambre y levantar eso que llaman casa con la Juana a suma de mejor jornal y cero contaminado.

Ella, mi parte de costilla, ella mi dulce veta porosa, mi buscadora de aguas; es como una semilla de seda con un cascabel adentro. Ella viene detrás con el crío aún no parido, intento protegerlos de todo y de esta borrasca, por eso es que voy delante.

Avanza, el viento avanza y ellos no dejan de avanzar.

En un bajar de lomada, las rodillas ya no tiemblan, pueden sostenerlas erguidas. La calma hasta los sorprende, el chaparrón sin anuncio los envuelve, los bendice.

Ya llegamos mi Juan y el ventarrón nos ha dejado. Del envase de su vientre brota una vibración blanda, como si una crisálida bajara escalones del capullo.

A los pasos, el pueblo, tan escaso de medios; pero estar de parto es la causa de llegada y la comadre siempre está para ayudar aunque no lleguen los médicos con tormenta sin caminos de cemento.

La puna vuelve a ser roja al año que cumple la niña, será chayera como su madre, noble como nudos de madera igual a Juan.

Es febrero y es carnaval. La chaya los encuentra a todos, a los turistas también; a nadie le falta albahaca ni harina ni manos para juntar en esta su forma de no morir lo ancestral de su cultura.

Un cartel en la plaza, anuncia con humildad artesanías en venta y en letras mayúsculas aclara que lo ganado será para comprar agua mineral en botellas de plástico para nuestros hijos. En este pueblo la explotación minera a cielo abierto, contaminó la gran masa de agua natural adyacente.

Tenemos que avanzar…comienza a decir Juan a sus compañeros del grupo que formaron, cuidándose y cuidando a la pachamama, en desafío.





imagen : pachamama (integración Pachakuti,renacimiento,nuevo país,nacer de las cenizas,revolución)