lunes, 10 de diciembre de 2012

Por el fuego trayendo










Parece que el verano está rondando el aquelarre.

      Ella come con alguien, alguien gira su llave, tiembla su reja, alguien sube la escalera a la par, se acuesta en la cama casi se tocan sus pies.  Carmela conoce los alguien y profundamente los desconoce. De sentidos percibe, de sentidos rebasa, pero es todo por fuera. Casi palpa. Falla. Nada huele en sus pechos desconvenidos, ni en su boca vacía.
      Su casa contiene fuego y charcos, se destartala, se desmorona, todo es su espejo y su sombra. Voltea para ver el verde de la cortina, solo verdes de los patios. Alguien le habla desde la tele, quiere engatusarla borrarle la imagen del pensamiento, se pelea con ella y con las voces, el tiempo tiene vencimiento, buitres y sobresalto. 

      Es verano y alguien le falta a Carmela. En el advenimiento de no saber ya que espera, discurre por los calores, ama a los frutos y a su vientre. Aunque en instante se pregunta, será que somos fuego saltando el aquelarre, para no terminarnos ceniza sino abrazo brasa con verano.

lunes, 15 de octubre de 2012

Aviso de inocencia











      Juancho rasca en la tierra. Le dijeron que hay que darle de comer a la Pachamama en agosto, está noche en el pueblo la festejan. Sabe que su madre siempre rasca la olla para que alcance insuficiente para todos. Pero su tenedor hoy tiene otro fin encontrar a la pachamama. Si, ella debe estar por acá, en los huecos de la tierra. Y para que la buscás chango, otros chicos preguntan; medio intrigados, medio burlones.
    
       Los mira sin dejar su trabajo tenedoreado, y con una seriedad de ancestros los deja mudos expectantes, respetando entonces, su imponente figura creciendo y esperando la respuesta: cuando la encuentre le voy a denunciar al capanga de la estancia, que anda corriendo a nuestra gente que se está reuniendo para reclamar; así mató a mi papá por encargo del patrón, nos quiere desalojar del monte y sacarnos nuestra forma de vivir libre y asalariados por los frutos que nos da esta tierra, por que ellos no pagan más que un grito, un látigo y las mentiras de darnos mínimas de almacén, pero plata nunca. Meta plantar, meta plantar y si tiene sus alambrados cuidando todo, porque quiere avanzar robando afueras de campesinos.
      Ella tiene que saber que arrasan todo, le están matando los hijos y todo lo que ella con amor nos puso sobre el terreno. Y el agua changos, el agua, que en octubre cuando florecen los lapachos nos avisa que viene pesca. Ahora el agua es poca y algo que mata debe tener, no vieron como se van muriendo nuestras verduras y animales.
   
      No me quiero morir sin seguir rascando, ella va a saber que hacer. Como mi mamá.
      Los amigos impetuosos, callados con sus manos comenzaron a rascar la tierra; encontrarían a la pachamama.
     


lunes, 24 de septiembre de 2012

La colonia campesina















      Cómo se forma la belleza. Entre solitarios barrios, la lindeza la hacían los vecinos.
       Don Juan tenía su huerta majestuosa, profunda al fondo, que terminaba donde existía la letrina. Él trataba de ser feliz y olvidar con sus plantíos que un día salió del campo alquilado, escasas hectáreas para tanta prole, cuando ya no podía trabajarlo. Eran otros tiempos sanos, no los de la soja y monopolios; luchaban con sequías e inundaciones para subsistir con las magras cosechas y escasos animales.
     Su mujer, tenía flores, mucho trabajo cotidiano, hijos solteros aún.  Ingresos de changas y costuras que pedían milagros para continuar. Salvaban las verduras cultivadas, el pan casero y la visita de los nietos.
    Una de ellas descubría la belleza junto a ellos, era tan pequeña. Adoraba juntarse ramos de rosas y disfrutar de los ravioles de Doña María. Todo cuanto había allí era delicia de sus ojos; hasta las sombras la divertían, porque sabía que no atacaban como ahora, porque sabía que estaba segura.
    Llegó pronto el momento en que se fue el abuelo. Ese día se grabó en su mente, solo las flores y una enorme casa vecina la reconfortaron, sin entender muy bien el suceso.
   
    Desde entonces supone que los viajes al ombú, los penachos blancos del camino, el viento entre tanto árbol;  eran la pasión por la mirada que surgía. No se puede dejar, que el tiempo robe cada foto en la memoria, no se puede blasfemar que hoy todo es basura, si se logra tener de tanto en tanto un ramo de rosas en los brazos.

      Los que deforman la belleza, son los mismos que construyen edificios, que ponen rejas a las plazas, que destrozan el verde de un baldío y mienten que nada recuerdan del pasado, que el presente paga y al futuro no lo registran como consecuencia. Sus hijos  y nietos, merecen continuar oliendo la belleza tersa.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Revuelta













      Tenía trenzas en casi un rodete. Mujer pacífica en tantas realidades; pero de pronto se dio cuenta. Los sucesos eran un hilo de eslabones en sus pies. Impedían pasos. Estaba lejos de sus caminos
dorados del otoño. Oscura de invierno; no descubría el nudo para desatar cadena.
       Quizás estaba tan trenzada por dentro como por fuera, era un galpón sin semillas, sin palabras ni acuarelas. Entró a él en un arranque de deseo, tenía que conseguir tijeras abrir anillas. Retrocedió.
      Una sombra casi un bulto, se movía en la penumbra; así no podría correr, tomó una herramienta y consiguió desbaratar su cepo. Iba a escapar desesperada, se detuvo, escuchó la queja. Era como un dolor que quería irse, una muestra de espejo olvidado. Juana se luchaba, se descalzaba, rompía con coraje el miedo. Quién…preguntó tibiamente. Quién, repitió altiva en orden. En orden como voz de mando, en orden con ella después de mucho tiempo.
       Desde el fondo vio brillar un acero, desde el fondo de su cuerpo atacó un recuerdo que quería desterrar de mucho tiempo Buscó fósforos, de sigilo encontró aquella lámpara vieja, la encendió.
Tenso el aire, filo el filo, la luz afuera, el kerosén adentro, dio formas y colores al espacio. No, gritó. No le hagas nada.
       Juan respondía rápidamente, sentí ruidos, lo vi., lo seguí venía a atacarte, sus ojos fulminan. Sos su presa. Somos. Tenemos que deshacernos de él.
       Juana respiró, ni siquiera era un arma blanca; sacó de las manos del hombre, la espátula reluciente. La de sus tiempos de arcilla y vasijas. Se sentó, en una tierna levedad recuperada. Dónde está preguntó él, no puede haberse ido. Si estaba aquí pesado, laberíntico.
       Un espiral de pasado sobrevoló a los dos, los dejó libres.
       Deshizo su trenza, se vieron de nuevo, cuánto tiempo sin este abrazo. Transitemos. Me importa el aire, tu olor, la pieza del rompecabezas que terminamos de armar. Salgamos, apareció el paisaje.
       Es septiembre, dijo él. Será verano en diciembre, agregó ella. No podemos dejar pasar la rebelión de los naranjos en flor, ni el sudor del sol, ni el agua de nuestro río



domingo, 2 de septiembre de 2012

La trastienda












        Desde la pequeña infancia, donde poco se explica pero si se descubre; hasta la adultez, donde mucho se sigue revelando y aún pocos se declaran expertos.
        La vagina es poderosa y encendida, siente habla lucha se defiende, pare goza ama junto al cuerpo y a la mente de su dueña.
        Sabe de masturbarse en nombre de serse y de asquearse en nombre de violaciones.
       Y hasta puede reírse de sí misma y seducirse, mientras que por fin de eso se hable y se le quite la falsa excusa del pudor
       El pudor pasa por como somos ante las cosas sin escondernos ni tampoco libertinarnos gratuitamente
      
       Este aposento dentro de mi cuerpo, guarda los secretos de mujer aprendizaje, de meiga cautivante, de acoplada con el hombre que logró abrir las puertas de mi laberinto.
       Despertó al te amo y plació repitiéndolo. Y sagradamente me bautizó madre.

      Soy una Eva más, despojada de los pecados inventados, poseedora de la trastienda que ceremonia mis mantos de mujer tierra y agua.


domingo, 12 de agosto de 2012

Encrucijada













     Cruce al otro lado del río. El cartel lo decía. ¿Era una orden o simplemente una información vial? Cuestión de comas, quizás.
     Jeremías no tenía nada urgente que hacer con sus huesos, unos matorrales impedían la visión, buscó, encontró y cruzó En la mitad del raído puente paró a embeberse del entorno. El agua corría con una perceptible tonada que invitaba a entregarse, a distenderse sobre el movimiento audible, milenario.
Podía verse la cuna del fondo, transparente denunciando piedras y peces lentejuelas en fiesta colectiva; en rumbo de proyecto, en allá vamos.
     Y fue, terminó de llegar al otro lado. El otro lado del río. La otra orilla, el otro costado de aquella orden sentida. Cruce.
      Mucha hoja seca, mucho  brote, intensas  flores silvestres, un páramo distinto, olores libres, sombras verdes, pájaros amparando pensamiento.
      Por donde vas Jeremías, parece que saliste de un trozo de ciudad llena de ajenjo y ahora te sobra paciencia para volverte parte, entra en este proyecto dulce que no tiene tapia y alienta a estimular los pasos, nada te es ajeno.
      Parecía haber olvidado la misión que le había sido encomendada. Tal vez su inconsciente sugería olvidarla.

     Una batea, ropa  en remojo y otra tendida a los brazos de viento; tenue y recibidor. Muchas vasijas añejas con malvones rojos y un aroma encontrado, en revuelto lento, en  llamamiento de mesa ancestral. Lucinda presintió los pasos, ardió en el miedo, la  buscaban. Armada de un tronco leña, pero  no vencida, se apostó. Me encontraron, demasiado tiempo en este techo de guarda para luchar de nuevo.
     Jeremías vió a la mujer del otro lado del río, volvió a su mente, al mandato, a su función. Encuéntrela, le dieron datos, nombre, es la india Qom que anda arengando a su comunidad apara defender su tierra; la que hay que limpiar para la empresa extranjera. Mátela, deber de patria.
     Ella vió el uniforme verde, paradoja  de la naturaleza que amaba. Vió un fusil apuntando.
     Los dos de frente .Mátela, sonó en su dedo que debía percutar.
     Ambos decían con su tez la procedencia de pueblos originarios. Por eso lo habían mandado por baqueano de la zona.
     Él no pudo accionar su reglamentaria.
     Lucinda, me llamo Jeremías, te tenés que entregar, dijo sin convicción por apresarla. Muerta, dijo ella sin decisión, por acercarse al arma. Ambos se preguntaron a sí mismos, dónde están tus agallas.

    En ese punto, sin que ellos se anoticiaran, insospechado temporal se abrazó a la tierra, a ellos, a sus voces. Corrieron juntos a salvar la ropa tendida y juntos entraron a la tapera con fuego prendido y comida caliente. Él reforzó la puerta, ella sirvió dos platos, sólo hablaron las cucharas y las mantas anocheciendo de abrigo.
    Muchos días después, sacaron juntos el cartel que anunciaba el cruce del río. Y planearon cómo acercarse al día y a la noche. Cómo enviar sugerencias de actuar y obtener papeles de propiedad de las tierras que eran de sus hermanos de raza. Pasados los meses, ellos ya habían decidido su propio futuro íntimo. Habían fundado un nuevo pueblo originario en ese páramo, tenían su primer crío que lo atestiguaba.
   
   Ahora eran un hombre y una mujer, al otro lado del río.

miércoles, 25 de julio de 2012

Pasaje abierto






















      Acostarse con tu sombra, no me sirve más que al comienzo del absurdo.
      Dice un papel arrugado en su bolsillo. Hace días que Aurora lo guarda, lo revuelve, lo relee y lo repele al mismo tiempo. No lo puede tirar ni tampoco continuar. Salvarlo en poesía sería revelar o rebelarse, por qué ya ni la sombra. Y aún no lo sabía.
      Retiró la mano del bolsillo, con la firme decisión de tirarlo en el primer contenedor callejero que cruzara.

      No pienses que me doy por vencido.
      Maldita sombra, cuando te dibujé, fue para retenerte entre estáticos repasos.
      Pequeña confundida…Nigromante mujer que te creés inocua; maga o arpía; fascinadora de cuentos de conejos, vos, me la robaste.
      Qué cosas puedo imaginar. No deliro, no puede ser tu voz; bastante tengo con tu sombra que se instala en el cine, en mi mesa, por la ducha; hasta cuando trabajo o en el micro insiste que le pague pasaje, mientras se adueña del único asiento vacío.
       Pero en tu cama no me encontrás… Aunque entro a ella. Vos sabés la causa, hasta que no me devuelvas mi sombra no la tendrás allí.
       Eso sólo cuando yo quiera.

      Lo peor para Aurora, era que muchas veces había personas que lo veían corpóreo y lo saludaban por su nombre: Ángelus. Encima tenía que tener ese nombre que competía con el de ella, pugnaban en sus esencias, ella amaneciendo y él anocheciendo.

      Cuando entró a esa calle de solo una cuadra diseñada en S, estaba en el barrio de Balvanera, había caminado sin espacios descansados, el pensamiento y el peso de esa sombra que ahora sentía en su bolso, la llevaban buscando una estrategia para decidir desdibujar su bosquejo. Paró para orientarse donde estaba, era una peatonal mirable, brillaba desde el piso al techo de su historia. Por allí pasó la primera locomotora, barrio de guapos e iniciación del tango. Fue acera de un famoso teatro con título literario “El picadero” incendiado en etapas duras de este Buenos Aires y el país, allí Teatro Abierto fue resistencia durante la dictadura. Se sorprendió gratamente al encontrarlo reinaugurado con el mismo nombre desde mayo, una placa digna lo decía.
     Aurora sensaciona todo como un video de memoria, historia y verdad en su hoy real. Hasta esa senda a la que llegó en casi pasos mágicos, se llama pasaje Enrique Santos Discépolo un poeta nacido en la zona, hombre custodia justamente de las sombras que oprimían lo social, aún hoy sus letras son tangos que contienen presente que a veces oscurece todavía.

      Volvió la voz. Ves muchas son las sombras que andan solas, dejame libre.
      Te escucho y pienso, Ángelus. El barrio en el que estoy fue nombrado en homenaje a una virgen, el poeta era Santos de segundo nombre. Yo agorera no virgen, vos un ángelus de la tarde; guapo pero non santo. Juntos fuimos: Alto vino, bajo costo. Entendí. Los trenes siguen de estación, las puertas vuelven abrirse, los teatros siempre ponen oscuridad y luz en la ficción. Todo, es el montón de vida entre las manos, sin desperdicios, que nos pide lo suficiente.

       Salió por el fin de la gran S en ese raudal de una sola cuadra. La sombra pensó que no quería despegarse, pero lo supo.
       Llegó a casa borró el dibujo. Sacó su papel abollado  y completó el texto:
     Acostarse con tu sombra, no me sirve más que al comienzo del absurdo. Despedirte es el final de lo confuso, ni amor ni fascinación ni sombra.
      Sólo atardecía entre nosotros y ahora siento que amanezco


lunes, 9 de julio de 2012

Subir por el color









     La casa de los pozos. Podría haber sido el país la ciudad, la quebrada, el combate de los pozos o los pozos del deseo de la brea de los humos. Pero solo es una casa de huecos.
      Con habitantes, inmersos y distantes a la vez de países y ciudades, quebrados por sus rajas y repletos de deseos, cansados de tirar monedas a las fuentes. Quizás los pies quedaron abrazados a brea hirviente y los ojos confundidos por el humo de la vida.
      Allí sobrevivientes, están los recuerdos del futuro y hasta del pasado de otros, pero el presente se condena como en un pentagrama, no se puede salir de cada nota cincelada en él. A muchos les toca transitar por la clave de sol…clara, melodiosa, iniciática; corriendo siempre a los agudos de flores mariposas. En cambio los que intentan el equilibrio sobre la clave de fa, ésos son héroes llevan los graves a cuestas y marcan el tiempo, encuadran triunfantes el sol de los demás.
      En este grupo de visibles y anónimos, la música sale por los pozos y realza la vibras de los pozeros, para que se sostengan y consigan entre fusas semifusas y redondas rellenar los pozos  que fueron dejando abrirse a sus pies.
      De los pozos a sus poros, están y deben conseguir abrazarse afuera entre un entretejido de pieles y claves de sol y de fa.
       Hacia la vida más azul.


domingo, 24 de junio de 2012

Solo rosas














     Hay un silencio despierto. Socavado en periplos de confusión externa. Es un viento sobre rieles o rebajes de autopista, con filtros de tumbadoras dentro de una boca vastísima, por donde una estampida de río, mece en subterráneo. En segundos en cambio, el silencio pesa, se hace neutro e interviene en estado catatónico. Pero la razón escucha.
      Roque y Juana están atentos y se sienten parte del estruendo y del vacío. Ellos son de ese sur conurbano…que en su génesis fue bautizado Villa las rosas. Cuando el arte, el viento, el silencio y el agua, eran asiduos compartientes de sus amores y círculos al calor del mate. Cada sensación y efecto eran naturales, no se olía ese pasto desconcertado, solo rosas.
      
       Es que el barrio guarda un secreto, de esos que nadie habla, del no te metás cobarde o del gran miedo. Anterior a que ellos vivieran sobre esa calle. Se mantuvo a boca cosida durante años por vecinos que supieron que presenciaron, que arrastraron la culpa de su veda algunos y otros que apoyaron los métodos perversos. Un joven estudiante fue acribillado justo sobre la vereda que hoy ocupa la casa de Juana. Era dictadura, muerte fácil, alguien que concernía a “la ley” desde el pasillo en que vivía vió apoyar los libros al muchacho sobre su auto, seguramente un puto cordón desatado usó mal su libertad de nudo, te roban, me roban se escuchó y la vida en los libros y sus manos, se fue de golpe a tientas de una bala. Se lo llevaron, lo trajeron, le pusieron un arma entre su cuerpo, los diarios del día siguiente titularon “subversivo abatido”. Los que vieron,  los que actuaron,  solo mudez encubriendo a la verdad por el gran miedo o delito de lessa humanidad.
      Alguien le contó a Juana añísimos después, con el dolor de su vieja conciencia en terapia por tal causa, sin nombres ni detalles a localizar; pero a sabiendas que fue un asesinato a sangre fría.
     Así callan las calles de aquellos años, pozos excavados extraños, NN enterrados, niños adoptados clandestinos, aquella digna loca que aparecía de noche gritando están todos enterrados aquí abajo y golpeaba las puertas de cada casa aterrorizando por su agresión, ¿qué sabría? Todo flota denunciante en menos de dos cuadras, cuanto habrá en este vasto territorio de Jujuy a Tierra del fuego, levitando,  hablando en quedamente para ser oídos hoy. Aún falta aprender a escuchar más.

     Ahí están Roque y Juana, descifrando el silencio; son ya dueños de esas sensaciones, aunque traducirlas es lo más difícil para darle entidad e identidad a este presente de hoy. País y pueblo. Intenso y violento. Pasado y presente.

      Complicados en íntimo. 
      Tratando de ponerle  nombre a las fallas de sus amores juntos, cuando eran; solo rosas.




foto: solseri-foro interactivo

lunes, 11 de junio de 2012

Caterva de nadas












    El televisor estaba del otro lado de la pared.

    Encendido. Parecía una reunión de humanos. Charlaban. Quizás flotaban a cada lado, dobles camas y más de un ente buscando engaño a soledades.
    Los pisos, los baños, las tazas y los platos divagaban  con aquellos tiempos en que fueron transitados.
    En los placares colgaban perchas,  ropas, sueños.

    El televisor seguía su presencia habitante; pero el mundo, ya estaba vacío.


domingo, 3 de junio de 2012

Desfundación del tango













        Es como el corazón de una flor amarga. Un embelezo en el impacto de la mirada primera y después el choque. Al acercarse. Un rancio adentro. Así Buenos Aires. Se abre anfitriona, con historia, con carácter, con rincones fascinantes y carriles multiplicados; se apodera de la sensibilidad. Habla al visitante, le presta sus propios recuerdos olvidados: brillo en los carteles, música libros en bateas, soledad en cada pie. Los últimos empedrados peleando conservarse, como sus ferias artesanas o vidrieras de antigüedades. Y el tango perdiéndose en los tacos gastados.
        María lo sintió así al recorrerlo, mil veces desde que llegó; de callejones a pasajes, de Corrientes a Recoleta, del sur del norte. Divisibles rubros sociales apartados. El río de la plata siempre la atrajo, con el murmullo de no ser mar; pero contando lo que a su cause llegó, cundió, contiene contamina  y avisa. Y se fascina con músicos callejeros y los “locos” que ya han bajado su banderita, pero exhalan un fuerte olor a rotura de cuerdas de la vida y enseñan. A veces en esos instantes, la alcanza aún el tango.
        Por tanto caminar fue viendo también el eje enflaquecido y el ajenjo que despedía la indiferencia sobre él;  a los bultos oscuros de la noche, al reino de las basuras varias. Impiedad que le fueron endilgando desde el poder de turno. Era la capital de un país; ahora parecemos un país sin capital federal; a Buenos Aires lo visten de auto erigido en “me importo yo que te gobierno y unos pocos que pretenden quedar y repetir la élite de “tirar manteca al techo”.
      El alcalde. El rey. El empresario. La alta sociedad privada que priva compartirla.
La entidad ciudad no tiene la culpa, ella está, es nuestra es de ella misma, estoica, resistiendo, llamándose a preservarse sin suicidio por ajenos. Es del país completo su cara receptora, es independiente sin dueño, en tal caso los pueblos originarios, los próceres de mayo, los anarquistas de principio de siglo, los docentes de la carpa blanca, las madres y abuelas del pañuelo blanco, los niños de guardapolvo níveo de escuelas gratuitas son pasado y futuro que deben compartir con Buenos Aires junto a todos. Por eso María trabaja como orientadora social, su educación familiar en el conurbano, la habilitó; por recibir de chica el amor a los demás, la igualdad de oportunidades, el esfuerzo propio, el respeto por la dignidad,  sin tener el peso de “cuanto tenés cuanto valés.

      En las afueras, el arrabal, no aquél de los malevos de Borges. Un mundo diferente delegado, imposible de verlo, crecido en malestar, desidia, “trabajo como puedo” angustia irreparable; dejado crecer “por sin planos”. Otra capital otra lengua. Buenos Aires es allí un león herido un muro de los lamentos y frontón de entrenamiento, un foco para negocios al paso, un culto de sapos hirviendo. Un cultivo para el tesón del trabajo o el horror como mano de obra gratis para iniciarse en adiciones, delincuencia. Renegación y consecuencias.  Esta es la estrategia del poder, dejarlos, no incorporarlos a la ciudad, la excusa perfecta de que fastidian,  los diferencian de esas clases medias altas. Inventadas solapadas a pertenecer para crecer.
     Ahí vive Pedro. Es un referente positivo, su familia llegada de Jujuy, no encontró la panacea ilusionada, el y sus hermanos muy chicos; luchan desde entonces estudiando, formando grupos de reflexión en los adultos y deportes en los más chicos, es coordinador, clown, director técnico y futuro ingeniero a largo plazo. Trabajo y facultad estiran los tiempos.
     Ambos jóvenes se conocieron en las caminatas de ella, conocieron sus actividades y pensamientos, comenzaron una intensa amistad.

   El pasaje de la Piedad  en la calle Mitre, cerca del congreso, impactó a María desde afuera. Una rejas invitaba a pararse y mirarlo, otro estado paralelo dentro de la urbe, a la entrada de la calle interior había un cartel que decía “entrada de carruajes” rogó permiso para ingresar, entró…
   Pedro hacía tiempo por sus estudios que quería conocer la arquitectura de ese lugar (frente a la Iglesia de la piedad), entre el barroco italiano y un aire parisino, construído entre fines del siglo XIX y principios del siguiente. Encontró una entrada de calle interna con el cartel “salida de carruajes”, con la credencial de la universidad le dieron permiso, entró.

          El pasaje invita a sosiego, contemplación y belleza. Faroles, canteros y jardines hacia el fondo, donde gira en  U para volver a salir a Mitre; en ese clima mágico de retroceso temporal de Buenos Aires se prepara una boda, es sábado 20 de febrero de 1912. La novia baja las escaleritas del balcón de entrada a su casa, se llama María, por la calle empedrada
camina hasta la salida para cruzar a la iglesia, su novio Pedro la espera al girar el camino. Los habitantes del ese lugar participan de la escena, ellos realmente disfrutan el espacio que el tiempo amable les propicia. Un espectáculo de ficción parece, pero es real.

         En otra dimensión, los jóvenes salen de visitar el pasaje, sorprendidos se encuentran a pocos pasos de ambas salidas: se cuentan que no saben que les sucedió adentro, todo era claro, amaron, vivieron una vida, sintieron la alegría sin discriminación de los demás. Flotaron en el espacio que les regaló un pasado. Ahora  están aquí de nuevo en presente, nunca había surgido entre ellos el beso de boca, el lugar los acercó a la confesión y a prometerse, pasionalmente sin tules blancos se anoticiaron que se amaban. Seremos futuro se dijeron.
       Cruzaron la calle, iban entusiastas, embelezados en el descubrimiento, no vieron las corridas, ni escucharon los gritos, balas robo, ladrones, comerciantes  y policias armados; peligro inminente para los transeúntes. Gatillos fáciles sin control de la vida. Error de cómo se vive, como se mira, como se gobierna, como se defiende, como se muere, como… a pocos le importa…

     Abrazados, cayeron, involuntariamente acribillados, arbitrariamente no cuidados. La crónica de ese 20 de febrero de 2012 en los diarios, decía fue un espectáculo real; pero parecía ficción, de pronto la pareja alcanzada por los disparos cambiaron el rojo de la sangre por una vestimenta de boda, pura y alba ella, digno y traje oscuro él; de la mano unidos tras un bandoneón que arrastraba lágrimas, de los pocos tangos resistiendo en Buenos Aires.


lunes, 21 de mayo de 2012

Ceremonia












Mareada la tarde confiaba. Entre tanta bulla agazapada, debería revelarse la razón.
   Las espumas pasaban como babas. El grito, los, muchos mezclados con chillidos y estampidos agudos penetrantes; graves como quejas de trombón. Encantos como fibras en sedas de cuna y nana.
   Ella latía entre miedos y escozores, pasará, se espantaba mientras lo decía y se tomaba de la mano como sosteniéndose.
   Era la piel de una leona venida a menos, una primera bailarina de puntas vencidas. Temblaba ante lo desconocido como los restos completos de un otoño. Sabía que estallaría el verano en segundos sin embargo.
   Entre las excitaciones de su cuerpo y el afuera, alcanzó a distinguir una palabra, ahora!
   Dos palabras. Calma amor!
   Tres: puje, ya sucede!

   Parto celebrado, la beba en sus brazos y el beso de él.
   La tarde sabía por que confiaba, ya la vida había madurado su fruto otra vez.


lunes, 7 de mayo de 2012

A veces, el encuentro...









  Solidario. Sí, Francisco era solidario. Pero últimamente, todo se le venía en picada. Buenos Aires perdió el encanto de dar posibilidades a los buscavidas callejeros. Es cierto, que antes no lo había sido, cuando fue mozo en la “Richmond”. Entró joven, prolijo, era un digno señor en su traje de trabajo. Hasta logró entenderse en inglés por atender a tanto turista que andaba por el microcentro.
    Pero la reliquia de un pasado dorado de la confitería, los parroquianos célebres en el arte, su arquitectura y su inmobiliario como heredad cultural; no le importó a nadie de los que podían frenar el cierre; sólo algunos ciudadanos y los que allí trabajaban intentaron por mucho tiempo resguardar lo que ya era negocio de otros. La vendieron a un emporio de zapatillas de marca.
  
    Después fue mantero en Florida, la peatonal, le costaba alejarse de esa calle donde estaba el antiguo lugar de aquel mozo. Pasó a vendedor ambulante por calles, por ruedas en colectivos, trenes y subtes, De incautarle la mercadería a correrlo, se generaba la frustración. No pudo mantener mucho tiempo la indemnización. La Jessica allá en Barracas, dónde vivían, se estaba cansando, ella le gustaba el glamour del ruido en la bailanta, y ni para el alquiler alcanzaba. Por eso cuando se fue le deseó suerte, ahí volvió a ser solidario, si ya no compartían a codo, mejor probarse solos futuro.

   Así fue como decidió irse de caminante a vender abanicos, esos de los negocios de todo por dos pesos. La mujer china sí, que también era solidaria, se los daba de su propio negocio (él la atendía en la Richmond y nunca dejó sin correrle la silla). Zhuo, le marcó un lugar perfecto para vender: “zona roja”, “elemento erótico” le había dicho.
   Allí conoció a Juana (un calco casi de la historia de él), ella vendía condones y todos los días, de sus magras ganancias le compraba un abanico, los amaba. A poco se dieron cuenta que sus miradas hacían caminos de idas y de regresos entre ellos.

   Llovía tanto ese día, me voy dijo Juana y él también. De sin invitación, se fueron juntos. Calle de tierra inundada, la casilla de ella a diez cuadras del colectivo. Cuando llegaron sirvió sopa caliente, y ahora cuando abrió la puerta del cuartito de dormir, Francisco siente repiques. Está como alfombrado, tapizado, enmagiado en abanicos, cuelgan como pájaros de la ventana; es mi camino vida calando deseos, explica orgullosa Juana. Estonces él solidario, le saca la ropa mojada, la seca como un tacto infinito; se siente digno señor de Juana. Abre su bolso la cubre de abanicos. Ella solidaria con ambos, desliza  condones sobre las sábanas y juntos entienden; remontarán deseos para conllevarse vivos.

  Tenía razón la china Zhuo, “elemento erótico”.


lunes, 23 de abril de 2012

Al otro lado del sol.












      Insiste la bocina.  La radio se pierde en el dial interceptado, cosa rara cuánta música de los ochenta en inglés, y cuánta  desprovista de gancho atemporal en su idoma, todo  resulta anodino. Menos la bocina que insiste y la reflexión en que su mente se queda atrapada, al buscar cuál es la estrategia de los emisores y cuál es la causa de la refundición de creatividad de los últimos intervalos.
     Algunos dicen: vende la chatarra comunicacional, engaña lo audiovisual con los chips que merecemos, eso es lo que la gente quiere. El arte como cimiento, poco se puede dar a conocer.

      Es que no puedo. Fundida de rayos tempestad, Rosaura se pregunta dónde protegerse. De esta masacre de la oferta y la demanda, la muerte de las verdades verdaderas, los monopolios incrustando para que nadie se de cuenta de qué somos y hacia qué pestes quieren llevarnos. Revuelve la razón Rosaura, no todos, no todas nos comemos los anzuelos.
      Sí, en algún lugar y en muchos; aún hay flores de campiña, reproduciendo colores runas; olores a que existe un castillo encantado al otro lado del sol que atardece.
      Lo encontró tantas veces y fue crucificado muerto y sepultado. Pero fue y están otros.

      Y ese tufo a bife cocinándose que viene desde afuera. Y la bocina que insiste. Alejan la vivencia que se resiste a partir sin ella al otro lado del sol.

     El reflejo.
     Cinco casitas desdobladas sobre el lago, es ella que se mira.
     Cansancio, fuerte lo que hace lo que hizo, farol, cabaña troncos hamacas. Girasoles. Ni glamour ni martini adorando una aceituna…
     Los genes seguirán su camino, en su reflejo.
     Lo dice el agua.

     Al limón podrían hacer los bifes, el olor sería más agradable.

     Lautaro como sería un elefante al limón, pregunta. Él estaba en otra cosa, no lo alcanzaba el reflejo, ni los cheiros ni la bocina intimando; su estado de monarquía estaba a punto de rebelión, de revelarse en anarquía. Escuchame bien Rosaura y decime que parte no entendés, corré las cortinas, quitémonos las máscaras. Dicho esto apagó la radio, se hundió en las aguas del lago, le gritó no estamos aquí, somos flotantes del pasado.
    Rosaura no se inmutó, tomó el bolso que había preparado; aspiró el diáfano aire del afuera, estaba regresando. Se apagó la bocina penetrante, subió al bote, la vida era muy valiosa para perderla ante el tornado que llegaba, el alarma que acababa de romperse lo anunciaba. Al fin el altavoz valía la pena que sonara continua en el aviso de sirena. Esa comunicación colectiva, es la necesaria, ya se lo contaría a sus predecesores y a Lautaro cuando decidiera salvarse. Allá, al  otro lado del sol que atardece.


lunes, 16 de abril de 2012

Sombras vivas, buenos aires.














El barrio viejo. Patrimonio histórico, área protegida. Inmobiliarias ávidas, socios encubiertos.
El tango danza.  Heredad a custodiar. Aunque lo vistan de exótico y turismo. Aunque lo vendan en revistas de promoción glamour.
Se reviste allí, en las paredes descaradas al ladrillo, se acuesta, se retuerce y se acuna en el fuelle de cualquier bandoneón.  Suena a tacos de mujer
a mirada de hombre, a la sutileza de los dedos en la espalda para morir en tono rojo, para sudar el tiempo de balcones…

 Todavía Noche lo baila con Julián.
 Ellos son la marca en el orillo de un río de la plata, el nudo que se ata a la verdad de un sello en danza y música partiendo empedrados, mostrándose en la plaza.
 Que importa que los aplaudan en idiomas diferentes, que les roben las fotos como raros animales salvajes de un sur del continente. Saben que anotician cultura, saben que trasmiten tracción a sangre, pasión Buenos Aires. Su karma es repetirse, nacer para amarse bailando, morir para calzarse pollera con tajo y traje con sombrero en los cuerpos nuevos.

    Cuentan que una madrugada los corrieron, de mortaja les pusieron ropas viejas y a jirones les arrancaron las pilchas. De cuadro, a veces colgaban en la pared, con óleos viejos; otras se abrazaban y ojos en ojos besaban el piso huyendo calles, apareando tango, puliendo malvones teñidos de su rojo y del otoño amarillento.
    Subversivos, cómplices, urdidores de estratagemas para custodiar  memoria de hechos crueles que narraban a los turistas para que el mundo supiera que una verdad era celda tortura y farsa en varios turnos caídos sobre lapsos sin justicia en su gran aldea. Un destino de bandoneón acribillado, los opresores vanagloriaban el auge en sus poderes, disfrazaban de papelitos la tristeza de los barrios, un mundial, una guerra fatal, una represión continua y sus fiestas con sonrisa derechita en uniforme. Ahí fue: Noche y Julián corrieron puestos a compás a marioneta para mostrar su danza, un tango a sus invitados, civiles, socios encubiertos.

    Qué puede importarles a los dos, ser sus fantasmas; existir desde los años cuarenta y tantos, tener la misma piel los labios rojos el coraje y la intensa potencia en el nervio despejado de Julián.
Ellos son transparentes, la gente pasa a través de ellos sin notarlo, el público los aplaude cuando bailan plasmados. Jamás descubrirán sus llantos; en cada giro cuentan una historia de tango memoria para diseminarla al universo. Es tan cierto, cómo que vos y yo, los vimos una noche por San Telmo.
   Se repiten en cada esquina, que aún adeuda la mirada humana a sus gentes. Cada uno de nosotros somos como ella Noche, como él Julián, también patrimonio a proteger, pertenecientes a todas las intemperies y tejas de la calle en que nacimos.
  
   Nada se remata ni nunca se derrumba del todo.


Antecedentes , ver:"hace dos horas..." http://cuenteraderio.blogspot.com.ar/2007/08/hace-dos-horas.html

lunes, 9 de abril de 2012

El tren no espera












Barro, dentro de las lluvias. Sapos conjugando un paisaje de silencios. El carro y doña María.
      No se oían entre tantas cortinas de la naturaleza, ni las ruedas girando ni los cascos del caballo. Ella hablaba con ella, adentro. Tenía que llegar como todos los días, sea con la ropa mojada, sea con los rastros de la gripe y del salpique. Limo pegajoso en lo profundo de cada huella. Tal, el ir viviendo.
      La fonda lucía desolada por vejez y por temporal, pronto llegarían las chatas al tiro de cuatro equinos (viejos síndicos de circo rutinario sin ècuyer). Como todos los santos días venían de entregar los tarros con leche fresca, en la estación. El tren no espera. Eran esos tiempos en que por las vías viajaban a raudales los pasajeros, los  comisionistas, los viajantes, las encomiendas, lo trabajado en sudor de tambo de cría o de cosecha.
      Llega tarde, la voz del patrón la sacudió en su apuro de ponerse el delantal y empezar con su obligada misión de cocinera. Siete hijos, unas pocas hectáreas inundadas que apenas el marido con sus hijas mayores andaban chapoteando para no peder el poco maíz que dejaba usarse. Las chicas hacían de todo, arreglaban  su ropa cada año para que parecieran otras, iban de la abuela poderosa a buscar las migas del cajón del pan, (las herencias y las regalías de inmigrantes italianos solo pasaban a los hermanos mayores varones) María era mujer, nada le tocó. Juan, el  padre, provenía de una familia prominente; que perdió sus recursos por invertir en Europa, con la primera guerra mundial, todo se expropió nada quedó. Juan era varón, pero sólo subsistió en la lucha entre la tierra no había nada que heredar ni nada tenía. La pareja pudo ser menos humilde, pero sus antecesores corrieron las apuestas. El que venía a poblar el país a sugerencia de Sarmiento, cumplía, pero su terruño era su confianza y la promesa de regresar. Así el progenitor de Juan invirtió en su Italia y murió de digusto. Nadie regresó.
        La cocinera regresaba muy tarde a la noche, ella y su carro cansados, en el rancho de barro esperaban con el mismo agobio de trabajo; pero la mesa puesta el mantel que no faltaba y la jarra del agua de la bomba. Poca comida  inventada con el arte de usar, lo que los cayos de las manos lograban junto con el surco. Se olía amor de juntos.

        Corrieron trenes, clima, años tragedias y bodas. Cada hijo su vida su distancia.
        Y de golpe otra vez el exilio, la Capital y Perón eran el promisorio jornal, que el campo no daba para los peones. Los hijos los trajeron, una huerta y la cocina eran lo único que los unía al pasado. El abuelo y los conejos, la abuela y sus ravioles, eran el cobijo de los nietos de una familia grande, obreros de la gran ciudad. Llenos de utopías por conquistas sociales y laborales.
       El tren no espera, y ni siquiera ya pasa por aquellos campos de hinojo y bichitos de luz. Los bisnietos corren entre utopías deshilachadas, separaciones, rastros de la dictadura que sufrieron sus padres, y algunos, solo algunos vuelven a buscar lejos tierra para huerta o morir de amor por la cocina y los hijos.

       Si, el tren no espera, deberían saberlo los que todavía se llevan sus ganancias de esta tierra a los paraísos fiscales, y creen que la vida es sólo tirar manteca al techo, mientras los demás trabajan desde todas sus generaciones habidas y por haber. Sosteniendo la tierra bandera, que pisan sin excepción todos los pies.
        


lunes, 26 de marzo de 2012

Una bolsa de voces




Estoy dentro de una mochila desvencijada.

En la oscuridad no distingo algo desinfectante para este interior con tanta histeria colectiva.

No consto solo, golpean aquí adentro, se siente que caminan; sospechosos, incluso yo. Se burlan de mi miedo, yo no puedo.

Hay bebés que lloran, vírgenes del espanto que se respira aquí; no hay derecho que en este negro, los inquietemos y ya reciban el caldo mórbido que les marcará una progresión trágica.

Palmas, palmas, una multitud de quejas las palmas, todos todas, hay que buscar el cierre, abrir el día.

Ya está el agua, pasame los sorrentinos (la pasta es un empaste en mi memoria). Te acordás, así dice mamá en medio de las discusiones del mediodía, y todos callamos porque es el momento de fusión familia mesa luz, avenencia.

Mentira, ella no está.

Alguien enciende una linterna, ves hay una fosforescencia que se inflama y apaga, quién la tiene, quién es el egoísta que se corta solo.

Nada podrá con el caos de la mochila, ni del foco.

Tenés razón no te veo, donde estás, esta es tu mano; no, es un pie, toquémonos, encontrémonos en esta alforja de desnudos y encajados, de furias y lisonjas. Me equivoco las lisonjas eran antes, me engañaban de pequeña, me hicieron creer que era princesa.

Escuchen algo se quiebra, somos plásticos hundidos en basura, veo algo entra resplandor. Puedo leer un trozo de hoja de libro, dice Grecia es la cuna de la filosofía.

Viejo a de ser, cuna de crisis, es hoy; estarán ellos también aquí nebulosos.

Cuidado, se ensombrece de nuevo, nos caemos, nos aplastamos, nos estrujan, demasiados olores. Alta Suciedad…

Somos muchas voces ahogándose, gritemos, denunciemos al compactador r r r…


Dale arranca, ya terminamos por hoy, mañana será otra vez…

Señor mañana pasa su camión de la basura.

Si señora sólo los sábados tenemos franco, aprovechen el día libre sin orden impuesto.


domingo, 18 de marzo de 2012

Él caminaba desparejo...


Sus pasos en aquel barrio sonaban a organito.

Cada vereda una mujer crédula por cama .La calle ancha una congoja, llorándole entre
piernas, entre abrazos; sin el beso de tan solo lo suficiente.

Pero no se inmutaba, sonreía indiferente mientras los chicos esperaban que el lorito sacara el papelito de la suerte.

Pero jamás imaginó que el papelito que nunca sacó para él
decía "La mujer despareja que te mira día a día y no ves, te ama, es tu gema necesaria.”

La llaman la incrédula. Le dijo una vecina cuando preguntó el nombre de aquella mujer.