
“Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo,
contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena,
porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.”
E. Galeano, “Los caminos del viento”.
Cuatro paredes Dionisio. Techo, puerta y hueco de ventana, una lona. Pisos tierra apisonada.
Chapuceó sin saber; pero la levantó: su casa.
Los primeros meses de verano, la habitó y trajo a la Justina con los críos. Perdieron uno por
mucho mosquito le dijeron :dengue, los esteros estaban a las orillas. En otoño tanto viento, la paja que hacía techumbre se escapaba cada día, difícil encender el fuego así y peligroso. En invierno, lluvias frío granizo: adentro.
La Justina se fue al pueblo colocó los niños en un hogar asilo de la iglesia y ella se empantanó aún más como sirvienta todo quehacer con cama.
Dionisio se cargó todas las culpas, cedieron las paredes de barro, rebalsó el estero. La quinta y los animales desaparecieron. Hice todo mal, mal hecha la casa…mal hecho yo. Y se alejó sin rumbo.
Muchos años pasaron, Justina visitaba a sus hijos cada semana los sufría lejos de un plato de comida juntos cotidiano; había intentado rehacer su vida con un peón de las tierras de sus patrones, la violentaba y machucaba, no sabía como huir, mal hecho él, mal hecha yo; se decía. Hasta que casi perseguida por la muerte desapareció del pueblo. A Las leyes les faltaban protecciones de género, y a los gobiernos protecciones de educar y crear conchabos. Un semimposible matener familia así.
Los hijos llegaron a mayores, algunos bajo el odio y los motes de mal hecho para siempre(a veces rigideces pletorianas de la iglesia en lugar conservador; no saben o no quieren reciclar en la terminación de construir al humano y restaurar lo mal hecho que le van dando los reveses). Ellos aquellos niños vírgenes, no llegaron a ser; fueron quedando en muertes y caminos tristes. Hubo uno. Que en la misma sensación de no ser, quiso montarse a la vida siendo. Logró emplearse de albañil, le gustaba la construcción, Braulio siempre había pensado que su padre sin saber nada había levantado aquel hogar de juntos familia y que la casa era la mal hecha, pero por no saber, no por designio ni desidia…
Aprendió, su patrón, era un hombre digno y solidario, le enseñó lo apoyó para estudiar. Ahora era maestro mayor de obra. Así supo que en su provincia había que anotarse para que le otorgaran un terreno fiscal: lo logró.
Levantó una casa placentera, mínima pero necesaria, fuerte, con ventanas que abrían y cerraban, con vecinos tierra alta. Le faltaba tiempo, se consideraba bien hecho ahora, bien hecha su casa.
Estaba por terminarse en hechura a sí mismo.
Las encrucijadas de ser y lograr creer, pensar que vale la pena no desecharnos; lo hicieron seguir su lucha con una familia propia, fundada con la Casilda, que se continuará haciendo, nunca mal por decisión propia.
Ilusionaba, que en algún tiempo de primavera lograría su mayor deseo bien hecho…encontrar a Justina y Dionisio; y juntos lograr un mejor hecho para sus hermanos.
Sabía que no todos lograrían terminarse hechos completos; pero nadie sabe como empezar, nadie tiene las mismas inclusiones ni exclusiones al nacer, y ahora sería él solidario; por mostrar que el barro se puede moldear en ladrillos, en el cuerpo y en la lucha por completar una cabeza con brotes de representaciones nuevas. Era su porfía. Ya tenía dos hijos y no cesaba.
epígrafe: texto completo de galeano :http://rebelion.org/noticia.php?id=113031