lunes, 23 de noviembre de 2009

crónica de lo anacrónico






La batida en madrugada. Una cacería de las últimas corduras. La horda saltó el cerco. Rastreó la mercancía. No hubo ni cuerdos ni padres ni vergüenza. La media fue un descontrol de bebidas y fumadas, de se me fueron de las manos, de no me importa en mi ceguera como mato controlada mente al otro.

Ella en su búsqueda de espacio cuerdo, marinaba día a día sus plazas verde patio. Como un faro midiendo las tormentas, como la cópula desmidiéndola.

El abordaje fue destructivo, de los hijos de la media en juerga. Excusas. Disculpable, disimulable, mundano. Su impotencia. Qué condenas de odios desataría tal invasión de los hijos de la excluída, se preguntó.

Era ya el día ni los claveles del aire pudieron seguir su vida, un jardín moría entre los vómitos.

Ella se propuso hablar, y recibió ajenos. Entonces mirando el aire levantó vuelo, con los flecos de su perdida cordura impulsó ascenso. Cruzó la indiferencia sobrevoló los altos árboles del Paraná se asió a una de sus ramas y se convirtió en clavel del aire libre, de vecindario y de lo anacrónico.



2 comentarios:

Los que hacemos cosmogonias dijo...

Claveles, son esos que se usan para adornar funerales, con todo lo que eso tiene y no tiene de anacrónico...

Eh ahí, tu más precioso héroe, vomitando jardines..

Saludos Mabel... Chespi

mabel casas dijo...

todo tal cual
lo que decís

cariños