lunes, 20 de agosto de 2007

Despertar del siglo y de las enaguas





Buenos Aires, 26 de septiembre de 1902

Estimado ¿cómo empezar? , simplemente escribiré, Amado León:

Tiembla mi mano, parece que el papel se me escapa...usted es el motivo de mis noches despierta....ecos de lluvia y de estrellas a través de su voz. Recuerdo aquella primera misiva que arrojé a vuestro paso noctámbulo. Y su respuesta entre las glicinas del balcón, que esperaba con ansias florecidas en los bordados de mis cortinas…

“A los tres señores que pasan a la medianoche debajo de mi ventana:

Atreviéndome a saludarles desde aquí de mi pequeño escritorio secreto....con el balcón abierto que da a las lilas; luego que el reloj ha dado las doce y como todas las noches he oído el concierto de sus voces de hombre pasar en la calle. Escribo.

Ruego a ustedes disculpen tamaña imprudencia; pero sus murmullos revuelven mis sombras por dentro y necesito identificar a una...aunque solo sea para saber su nombre.

Nunca los he visto, no logré la fortaleza del desparpajo; para asomarme a la ventana. Mi vida es callada, nunca paré frente a un hombre...Jamás voz masculina pronunció mi nombre.

Criada entre tules...Cerradas las puertas mi madre leía, yo, solo escuchaba. Mi padre dicen, se fue de caminos; pintaba sus cuadros volaba en colores, no encontró en esta casa lienzos posibles.

Las mujeres que tengo en familia, me callan de los hombres, son mala palabra, que ni te acerques a uno, que no lo respires....que su oler te atrapa y luego te abandona.

Pero yo voces mías...los tengo penetrados por miles de orejas; ellas funcionan, los conozco a todos. Sé que uno de ustedes por su voz precisa, es duro y esconde dolores de niño. A otro lo escucho canturrear muy leve parece que tiene fuego casi en cenizas; pero hay solo uno de ustedes que a veces silba o apenas pronuncia expresiones vagas. Parece que asiente, que comenta al aire o quizás recuerde alguna dama en fragancia...Porque a veces, a veces...lo escucho como exhala un suspiro; y yo imagino roces de él con el sueño y su dama.

A ese yo quiero...por sus sonidos profundos; cuando pasa me estruja, acalora y me ataja en el cuarto...Una recatada muchacha como yo, según mi madre no debería decir estas atrocidades; pero nadie me ha dicho como paro mis sensaciones despiertas.

Solo imploro saber su nombre, así cuando pase de nuevo podré decirle en susurro mudo detrás de la ventana: a ti nombre de la voz, TE AMO

Eleonora “

Cuando encontré su mensaje, lo guardé entre las ropas y no atrevía leerlo; pero los lilas del aire parecían decirme que solo encontraría en sus letras el por qué de la ansiedad cada medianoche....

Mi sangre no podía reaccionar, paralizada como vuelo de ave que de golpe planea y goza el estarse suspendida en la infinitud del cielo, y se posesiona en su libertad.

Al fin lo sabía con su nombre: León!...Deseaba tanto jugar con su nombre y ahora sé lo que es rozar los cuerpos; pero aún necesito escribirlo...como mi dedo lo ha dibujado durante los días, en cada borde de la falda.

Usted me decía que al pasar olía y alzaba sus ojos imantado por mi cortina…y yo detrás oyéndolo; marcaba hora con sus suspiros.

Llevo sus cartas adheridas a mis enaguas, disculpe mi desenfado; pero debo decirle lo fuerte que ha sido poseer su letra. Es como si dijera que tengo su mano, su mirada, su gema en cada palabra... ¿Cómo entonces? ¡Santo destino mío!! No vibrar sabiendo que, carente de todo...ya puedo acariciar una esencia fuera de mi: al tener su nombre, su tinta, su voz y esa boca que hoy besó la mía. Imposible no respirar agitado cuando escribo esto, ni evitar sudores y un afán extraño que nace de mi cuerpo. Si bien nunca lo he sentido; percibo que me place, que me enerva esparciendo aromas de una mujer que no conocía dentro mí.

Quizás León, usted... sepa explicarme por qué esto me sucede...ya que debe saber de la vida, juzgo por lo que me dice de sus noches vagabundas...que hubo margaritas y cardos en su camino....que usted contiene agua de azahares...manojos de tierra en sus brazos. Luchas de cauces dormidos, pájaros tempraneros y troncos de montes protectores; mientras aguardo el trigo de sus manos que alimenten mis sombras.

Gracias León a sus pasos por haber elegido mi calle, la de nuestros suspiros, para transitarla cada noche con su voz que me abrió el arrojo de escribirle la primera vez y de darle ahora el ardor que sale por mi boca......

Eleonora

PD : no me arrepiento de este coraje desconocido de escaparnos del recato absurdo de esta época en que vivimos; como un llamado suyo, mío....quizás del silencio, que nos permitió esparcirnos entre los perfumes de la noche. Hoy me bautizo, mojo mi mano, la paso por mi frente y en nombre de vencer prejuicios, me libero mujer con usted .Si me ama, lo estoy amando.




4 comentarios:

Horacio Fioriello es Altamira ( un Juan de los Palotes) dijo...

una declaracion irrepetible, desde la epoca y el entorno, desde los grilletes emocionales que los prejuicios de la epoca ponian al encuentro, desde lo prohibido que se agiganta en lo deseado, desde lo ignorado basta saber su nombre, e imaginar el resto, sensualidad y fantasia, enorme enorme tu cuento mabel.
Romper cadenas fue entonces el desafio, tal vez otras hoy sean rotas con cuentos como este.
besos

todas las cosas que vienen me recuerdan a ti dijo...

Hermoso cuento, envidiable su forma descripitiva, me quito el sombrero ante usted.

mabel casas dijo...

horacio
romper cadenas..
tan imperioso y tan difícil a veces,para cualquier mortal...

gracias por tu sensibilidad que se acuna con la voz del personaje y lo entiende,en cuanto se atreve desde su espacio tiempo al desafío de amar,despertar y decir
hoy otros corajes también necesitan atreverse
besos sin cadenas

mabel casas dijo...

todas las cosas..

gracias por decir
me gustan los sombreros...
cariños