
Saca que saca chispas, la cumbia en el parlante.
Chorrea el sol, anuncia, aunque hay invierno rezagado por la calle, varias sombras se desatan. No necesitan la perfección de sus contorneos ni un coreado de alta fama.
Van queriendo ser. Bailan fiesteando la tarde, un carro, un tren improvisan bailanta. ¿Quién escucha? Y el silbato desde la estación contesta, ¿qué color? Y explotan a risas juntas: ¡un rojo!
Che Rulo colguemos el pasacalle, ayudá!, mi sombra ya sube escalera. La escriben, la tienden.
Tan seguros, compactos; adentro de lo soleado, inspiran respeto, hasta les piden permiso los transeúntes para pasar entre ellos.
Leela vos Loqui. No me jodas, lo de loqui no me cae, bautizame en grande: loca de lunes; así, sí me va.
¡Leo!: Bienvenidos a la calle de los permisos. Y cada sombra salta, se apropia de sus cuerpos, aplaude y ríe.
Ahora se sienten ellos.
6 comentarios:
Yo me quedo con todo esto . Tu cuento es tan amerindio como latino . Me identifico.
Paz/
paz
gracias por darle a esta mini narración la amplitud latino americana y espacio de lo originario
cariños
Mabel, debería existir esa calle de los permisos...Un gusto leerte.
"¡Leo!: Bienvenidos a la calle de los permisos. Y cada sombra salta, se apropia de sus cuerpos, aplaude y ríe. Ahora se sienten ellos."
En esa calle seguramente estariamos nosotros, sintiendonos libres.
Tus relatos son un paraiso.
clau isabel
depende de cada uno que exista la calle,la cosa es aferrar a la idea contra viento y marea
gracias
cariños
todas las cosas...
tenemos que estar! esa es la búsqueda...
gracias por la palabra paraíso
cariños
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