domingo, 9 de mayo de 2010

Tenacidades










La cosa era una sesión continua. Dicen, y le decían, incluso le dirán que la tatarabuela ya lo había heredado, que es un bien prendido a ella a sus sucederes y sucetorios. Cuando lo recibió en sus manos, esa casi niña de trece en este pueblo perdido y acosado igual por los vientos del anestésico consumo; de una músicasinparar sin razón de raíces; ella Micaela, lo había dejado en medio de su bolsa de chala, olvidado de sus ojos.

La vieja Eulalia, su abuela, aún gloriaba con su telar y su arte, gustaba el silencio. Me deja caminar mis armonías de lana, decía. Por eso repetía “si se callase el ruido” ante el tumulto indiferente del antiguo aparatito que consiguiera su nieta para oír bailando, que no era canto de la luna ardiente de su cerro.

Amanda, la madre; como de treinta, trabajaba afuera de sierva todo terreno. Hubiese querido ser ambas; en sus mundos, y no tener que soportar su propio ruido interior acuciándola desde y hasta el cansancio. Tenés que vivir no te dejes robar el tiempo en que florecen los lapachos, le decía su proio deseo. Soñaba volver a sentir con Pedro, eran tan recién criados al conocerse, él le dijo cuando bajas a la fuente de agua con tus cacharros,me vais poniendo siete colores en los ojos y te miro mojarte las manos. Podríamos juntos vivir mojando las manos cada mañana para poner el día en nuestras caras. Con eso la había conquistado, y ella lo amaba a pesar que casi no se veían. Pedro andaba en grupos, haciendo papeles de reclamo, viajando a la capital a redenunciar las invasiones y olvidos recibidos por el pueblo pilagá.

Formosa, es así, olvidada casi, usurpada y explotada por extraños, como la música de Micaela. Al parecer aceptado por poderíos y conveniencias de turno.

Hacía frío esa noche, las tres mujeres se juntaron al plato de sopa y al fuego. Preocupadas por que los hombres no volvían. El amuleto, recordó Eulalia; con espanto la niña y su conciencia gritándole propia memoria escondida, danzaba de pronto como tambor de tribu, como pedido de encuentro raíz; buscando eso que le habían sucedido en manos.

Es importante susurro su abuela, encendió una ramita de romero, hasta que en seriedad no acostumbrada Micaela se arrodilló ante ella con el amuleto. La tres ahora en cuclillas frente a él, contaron sus historias de tribus relegadas, le encomendaron a los hombres, y rozaban sus marcas maduras.

Cuando amanecía de los huecos de esa pieza traspasada en tantas manos ancestrales, parecieron nacerse ojos, que les decían no tengan miedo de mi, entre sus reflejos. Soy parte de ustedes mismas, la fuerza que les doy, nació dentro de sus cuerpos al ser paridas.

Ese instante, ese rito patrimonial de tres partes de la familia, casi de un mismo cuero, hizo que Micaela entendiera sus raíces; no dejará nunca de llevar a su cuello, el amuleto.

En la Capital, Pedro y su grupo, sintieron que los brazos de sus antepasados los estaban conteniendo en la contienda de palabras por defensa de sus tierras y su origen.

Quizás podrían volver y no regresar a ser masacre.


6 comentarios:

Palabras como nubes dijo...

Excelente, qué bien contada esta historia, me dejó con ganas de más, habrá otra partecita?

(Cómo será ese amuleto?)

Abrazo
Jeve.

lizz dijo...

http://theapariencias.blogspot.com/
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Luciano Doti dijo...

El contar cuentos es un rito ancestral, es algo primitivo.

mabel casas dijo...

Jeve

las ganas demás la tiene los protagonistas,el cuento por mi mano solo quiso mostrarlas

el amuleto? la pachamama lo sabe....

abrazos

mabel casas dijo...

lizz

fui , vi
fui , vi
fui , vi

mabel casas dijo...

luciano doti

tal cual lo decís...
de eso se trata, pero también se trata de seguir el boca a boca

saludos