
Y se quedó, en la negra sombra del costado. Pura calle de tierra en la penumbra, metiéndose en las alpargatas ajadas.
Esa noche era para un trago, algo que de uva oscura le pusiera paisaje a las tripas.
Es que un hombre de llanura, necesitaba el cardo, el aire de los álamos y el gestual chistido en la lechuza.
Él se creía, que lo urbano era destino; que había ruidos alumbrados, faenas con sensatez y un obelisco. Si, él se creía, que allí estaba el tiempo que de campo había perdido; conocer los huracanes de autopista y una mujer que le floreara los días en su ascenso. Pero no. Encontró piedras cementadas en corridas, pobreza apurada e injusticias de bolsillo abultado. Parecía que nadie convivía mirada extendida.
Si, necesitaba el trago, no por angustia; por inminente: agasajar regreso.
en homenaje a mis abuelos
foto :daniel muchiut-http://www.fototallerchivilcoy.com.ar
4 comentarios:
Que nostálgico retrato de una época bella y augural.
Encantador homenaje.
Cariños
Perfecto y qué lindo haber conocido a Don Antonio...
rodolfo
gracias
si una bella época donde los humanos aún cuidaban la tierra y el amor
cariños
colombina
solo tiene este cuento una reminiscecia de hechos pequeñitos puntuales de mis abuelos, que marcaronmucho de lo que fueimos los que los sucedimos, lo demás es la magia del cuento
gracias
Publicar un comentario