martes, 22 de junio de 2010

Descariciada











     Me mata Damiana. Su mirada, su gesto, su pose desprotegida e indefensa; me mata. Qué nombre tendrías Damiana desde tu etnia aché. Quizás tu tribu, esperaba hasta ese año, en que te ahuerfaron de todo, para definir como llamarte de acuerdo a tus maneras y tus dones. Seguramente sería bello ese modo de nombrarte, porque seguramente eras una niña amada y amadora, feliz. Tan genuina e inocente entre tu tribu y la selvavirgen, tan virgen como vos, Damiana. Si te hubiese encontrado como en esta foto, que muestra la tortura que le hicieron a tu esencia libre; desgarrada de pertenencia, de madre, de voces y lengua, de cultura y paraje. Te hubiese nombrado Lágrima, Dolores, Descariciada reina.
      Hay que ser animales humanos, bestias; para no conmoverse ante vos, viva, para que aquellos te consideraran Nadie, menos que ninguno, más que para ser esclava y  para  interés de los mengueles de la ciencia, de los putos museos de seres como nosotros mismos. Que pasaría Damiana si mañana yo fuera la muestra en un observatorio de Júpiter, el esqueleto sin cabeza arrumbado en una bolsa, un dato en un papelito que le cuelga. Que pasaría humanidad, si todos nos convirtiésemos en cosas ocupando una vitrina, qué justicia te usó Damiana. Qué justicia nos desusa y desusamos.
       Mierda que me duele, que me avergüenzo de mierda ajena. Mierda que pido perdón por los cómplices y el silencio. Mierda que esto se sigue repitiendo con otros nombres de las causas, con otros nombres de los individuos, cáusticos asesinos que no merecen ni tener cráneo ni vida nacida. Percibo que te amo, mi niña.Necesito extenderte mis brazos, para consolarte y abrazarte.

      “No sería lo que fui si hubiera vivido la paz de mi grupo. No sería la esfinge del no entender y pedir a grito por las manos que siempre me tocaron de parida, por el pecho que aún me daba leche, por las hojas que me hacían de vestido y unas cosquillitas de narices que mi  madre , mujer niña,  me hacía y nos reíamos. Su olor, no me puedo despedir de su olor, tan mío y tan de ella, tan raíz y pulpa y abrazo y cuidado.”

      Su voz  acaba de dictarme el párrafo, no se si en su idioma o en el mío; pero llegó. Seguramente este aroma a flores blancas viene de ella y de su largo pelo que no debieron ultrajar. Gracias Damiana por ser tan intensa y dejar que te sienta carne fuera de la foto. Merecés la vida y tu reencuentro.




disparador: un artículo de Osvaldo Bayer: “Damiana” 1893-1907
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-147899-2010-06-19.html

4 comentarios:

colombina dijo...

¿Cuántas Damianas andan por este mundo? Dolores profundos e insolubles...

Luis dijo...

América amerindia llena de dolores, llena de Damianas, llena de ultraje, llena de persecución, llena de ignorancia, llena de almas convertidas en piezas de museo, llenas de comunidades convertidos en museos vivientes. Cuando se hará justicia, cuando podremos mirarlos a los ojos sin sentir vergüenza.
Un abrazo.

mabel casas dijo...

es verdad
enorme verdad
por ellas estas letras
besos colombina

mabel casas dijo...

Luis
cuando nuestro gobiernos y todos nosotros pidamos perdón
quiero oirlo!
es la deuda
y que les den el lugar que les pertenece en la historia y en sus tierras
cariños, gracias por reforzar el reclamo
cariños