domingo, 24 de junio de 2012

Solo rosas














     Hay un silencio despierto. Socavado en periplos de confusión externa. Es un viento sobre rieles o rebajes de autopista, con filtros de tumbadoras dentro de una boca vastísima, por donde una estampida de río, mece en subterráneo. En segundos en cambio, el silencio pesa, se hace neutro e interviene en estado catatónico. Pero la razón escucha.
      Roque y Juana están atentos y se sienten parte del estruendo y del vacío. Ellos son de ese sur conurbano…que en su génesis fue bautizado Villa las rosas. Cuando el arte, el viento, el silencio y el agua, eran asiduos compartientes de sus amores y círculos al calor del mate. Cada sensación y efecto eran naturales, no se olía ese pasto desconcertado, solo rosas.
      
       Es que el barrio guarda un secreto, de esos que nadie habla, del no te metás cobarde o del gran miedo. Anterior a que ellos vivieran sobre esa calle. Se mantuvo a boca cosida durante años por vecinos que supieron que presenciaron, que arrastraron la culpa de su veda algunos y otros que apoyaron los métodos perversos. Un joven estudiante fue acribillado justo sobre la vereda que hoy ocupa la casa de Juana. Era dictadura, muerte fácil, alguien que concernía a “la ley” desde el pasillo en que vivía vió apoyar los libros al muchacho sobre su auto, seguramente un puto cordón desatado usó mal su libertad de nudo, te roban, me roban se escuchó y la vida en los libros y sus manos, se fue de golpe a tientas de una bala. Se lo llevaron, lo trajeron, le pusieron un arma entre su cuerpo, los diarios del día siguiente titularon “subversivo abatido”. Los que vieron,  los que actuaron,  solo mudez encubriendo a la verdad por el gran miedo o delito de lessa humanidad.
      Alguien le contó a Juana añísimos después, con el dolor de su vieja conciencia en terapia por tal causa, sin nombres ni detalles a localizar; pero a sabiendas que fue un asesinato a sangre fría.
     Así callan las calles de aquellos años, pozos excavados extraños, NN enterrados, niños adoptados clandestinos, aquella digna loca que aparecía de noche gritando están todos enterrados aquí abajo y golpeaba las puertas de cada casa aterrorizando por su agresión, ¿qué sabría? Todo flota denunciante en menos de dos cuadras, cuanto habrá en este vasto territorio de Jujuy a Tierra del fuego, levitando,  hablando en quedamente para ser oídos hoy. Aún falta aprender a escuchar más.

     Ahí están Roque y Juana, descifrando el silencio; son ya dueños de esas sensaciones, aunque traducirlas es lo más difícil para darle entidad e identidad a este presente de hoy. País y pueblo. Intenso y violento. Pasado y presente.

      Complicados en íntimo. 
      Tratando de ponerle  nombre a las fallas de sus amores juntos, cuando eran; solo rosas.




foto: solseri-foro interactivo

lunes, 11 de junio de 2012

Caterva de nadas












    El televisor estaba del otro lado de la pared.

    Encendido. Parecía una reunión de humanos. Charlaban. Quizás flotaban a cada lado, dobles camas y más de un ente buscando engaño a soledades.
    Los pisos, los baños, las tazas y los platos divagaban  con aquellos tiempos en que fueron transitados.
    En los placares colgaban perchas,  ropas, sueños.

    El televisor seguía su presencia habitante; pero el mundo, ya estaba vacío.


domingo, 3 de junio de 2012

Desfundación del tango













        Es como el corazón de una flor amarga. Un embelezo en el impacto de la mirada primera y después el choque. Al acercarse. Un rancio adentro. Así Buenos Aires. Se abre anfitriona, con historia, con carácter, con rincones fascinantes y carriles multiplicados; se apodera de la sensibilidad. Habla al visitante, le presta sus propios recuerdos olvidados: brillo en los carteles, música libros en bateas, soledad en cada pie. Los últimos empedrados peleando conservarse, como sus ferias artesanas o vidrieras de antigüedades. Y el tango perdiéndose en los tacos gastados.
        María lo sintió así al recorrerlo, mil veces desde que llegó; de callejones a pasajes, de Corrientes a Recoleta, del sur del norte. Divisibles rubros sociales apartados. El río de la plata siempre la atrajo, con el murmullo de no ser mar; pero contando lo que a su cause llegó, cundió, contiene contamina  y avisa. Y se fascina con músicos callejeros y los “locos” que ya han bajado su banderita, pero exhalan un fuerte olor a rotura de cuerdas de la vida y enseñan. A veces en esos instantes, la alcanza aún el tango.
        Por tanto caminar fue viendo también el eje enflaquecido y el ajenjo que despedía la indiferencia sobre él;  a los bultos oscuros de la noche, al reino de las basuras varias. Impiedad que le fueron endilgando desde el poder de turno. Era la capital de un país; ahora parecemos un país sin capital federal; a Buenos Aires lo visten de auto erigido en “me importo yo que te gobierno y unos pocos que pretenden quedar y repetir la élite de “tirar manteca al techo”.
      El alcalde. El rey. El empresario. La alta sociedad privada que priva compartirla.
La entidad ciudad no tiene la culpa, ella está, es nuestra es de ella misma, estoica, resistiendo, llamándose a preservarse sin suicidio por ajenos. Es del país completo su cara receptora, es independiente sin dueño, en tal caso los pueblos originarios, los próceres de mayo, los anarquistas de principio de siglo, los docentes de la carpa blanca, las madres y abuelas del pañuelo blanco, los niños de guardapolvo níveo de escuelas gratuitas son pasado y futuro que deben compartir con Buenos Aires junto a todos. Por eso María trabaja como orientadora social, su educación familiar en el conurbano, la habilitó; por recibir de chica el amor a los demás, la igualdad de oportunidades, el esfuerzo propio, el respeto por la dignidad,  sin tener el peso de “cuanto tenés cuanto valés.

      En las afueras, el arrabal, no aquél de los malevos de Borges. Un mundo diferente delegado, imposible de verlo, crecido en malestar, desidia, “trabajo como puedo” angustia irreparable; dejado crecer “por sin planos”. Otra capital otra lengua. Buenos Aires es allí un león herido un muro de los lamentos y frontón de entrenamiento, un foco para negocios al paso, un culto de sapos hirviendo. Un cultivo para el tesón del trabajo o el horror como mano de obra gratis para iniciarse en adiciones, delincuencia. Renegación y consecuencias.  Esta es la estrategia del poder, dejarlos, no incorporarlos a la ciudad, la excusa perfecta de que fastidian,  los diferencian de esas clases medias altas. Inventadas solapadas a pertenecer para crecer.
     Ahí vive Pedro. Es un referente positivo, su familia llegada de Jujuy, no encontró la panacea ilusionada, el y sus hermanos muy chicos; luchan desde entonces estudiando, formando grupos de reflexión en los adultos y deportes en los más chicos, es coordinador, clown, director técnico y futuro ingeniero a largo plazo. Trabajo y facultad estiran los tiempos.
     Ambos jóvenes se conocieron en las caminatas de ella, conocieron sus actividades y pensamientos, comenzaron una intensa amistad.

   El pasaje de la Piedad  en la calle Mitre, cerca del congreso, impactó a María desde afuera. Una rejas invitaba a pararse y mirarlo, otro estado paralelo dentro de la urbe, a la entrada de la calle interior había un cartel que decía “entrada de carruajes” rogó permiso para ingresar, entró…
   Pedro hacía tiempo por sus estudios que quería conocer la arquitectura de ese lugar (frente a la Iglesia de la piedad), entre el barroco italiano y un aire parisino, construído entre fines del siglo XIX y principios del siguiente. Encontró una entrada de calle interna con el cartel “salida de carruajes”, con la credencial de la universidad le dieron permiso, entró.

          El pasaje invita a sosiego, contemplación y belleza. Faroles, canteros y jardines hacia el fondo, donde gira en  U para volver a salir a Mitre; en ese clima mágico de retroceso temporal de Buenos Aires se prepara una boda, es sábado 20 de febrero de 1912. La novia baja las escaleritas del balcón de entrada a su casa, se llama María, por la calle empedrada
camina hasta la salida para cruzar a la iglesia, su novio Pedro la espera al girar el camino. Los habitantes del ese lugar participan de la escena, ellos realmente disfrutan el espacio que el tiempo amable les propicia. Un espectáculo de ficción parece, pero es real.

         En otra dimensión, los jóvenes salen de visitar el pasaje, sorprendidos se encuentran a pocos pasos de ambas salidas: se cuentan que no saben que les sucedió adentro, todo era claro, amaron, vivieron una vida, sintieron la alegría sin discriminación de los demás. Flotaron en el espacio que les regaló un pasado. Ahora  están aquí de nuevo en presente, nunca había surgido entre ellos el beso de boca, el lugar los acercó a la confesión y a prometerse, pasionalmente sin tules blancos se anoticiaron que se amaban. Seremos futuro se dijeron.
       Cruzaron la calle, iban entusiastas, embelezados en el descubrimiento, no vieron las corridas, ni escucharon los gritos, balas robo, ladrones, comerciantes  y policias armados; peligro inminente para los transeúntes. Gatillos fáciles sin control de la vida. Error de cómo se vive, como se mira, como se gobierna, como se defiende, como se muere, como… a pocos le importa…

     Abrazados, cayeron, involuntariamente acribillados, arbitrariamente no cuidados. La crónica de ese 20 de febrero de 2012 en los diarios, decía fue un espectáculo real; pero parecía ficción, de pronto la pareja alcanzada por los disparos cambiaron el rojo de la sangre por una vestimenta de boda, pura y alba ella, digno y traje oscuro él; de la mano unidos tras un bandoneón que arrastraba lágrimas, de los pocos tangos resistiendo en Buenos Aires.


lunes, 21 de mayo de 2012

Ceremonia












Mareada la tarde confiaba. Entre tanta bulla agazapada, debería revelarse la razón.
   Las espumas pasaban como babas. El grito, los, muchos mezclados con chillidos y estampidos agudos penetrantes; graves como quejas de trombón. Encantos como fibras en sedas de cuna y nana.
   Ella latía entre miedos y escozores, pasará, se espantaba mientras lo decía y se tomaba de la mano como sosteniéndose.
   Era la piel de una leona venida a menos, una primera bailarina de puntas vencidas. Temblaba ante lo desconocido como los restos completos de un otoño. Sabía que estallaría el verano en segundos sin embargo.
   Entre las excitaciones de su cuerpo y el afuera, alcanzó a distinguir una palabra, ahora!
   Dos palabras. Calma amor!
   Tres: puje, ya sucede!

   Parto celebrado, la beba en sus brazos y el beso de él.
   La tarde sabía por que confiaba, ya la vida había madurado su fruto otra vez.


lunes, 7 de mayo de 2012

A veces, el encuentro...









  Solidario. Sí, Francisco era solidario. Pero últimamente, todo se le venía en picada. Buenos Aires perdió el encanto de dar posibilidades a los buscavidas callejeros. Es cierto, que antes no lo había sido, cuando fue mozo en la “Richmond”. Entró joven, prolijo, era un digno señor en su traje de trabajo. Hasta logró entenderse en inglés por atender a tanto turista que andaba por el microcentro.
    Pero la reliquia de un pasado dorado de la confitería, los parroquianos célebres en el arte, su arquitectura y su inmobiliario como heredad cultural; no le importó a nadie de los que podían frenar el cierre; sólo algunos ciudadanos y los que allí trabajaban intentaron por mucho tiempo resguardar lo que ya era negocio de otros. La vendieron a un emporio de zapatillas de marca.
  
    Después fue mantero en Florida, la peatonal, le costaba alejarse de esa calle donde estaba el antiguo lugar de aquel mozo. Pasó a vendedor ambulante por calles, por ruedas en colectivos, trenes y subtes, De incautarle la mercadería a correrlo, se generaba la frustración. No pudo mantener mucho tiempo la indemnización. La Jessica allá en Barracas, dónde vivían, se estaba cansando, ella le gustaba el glamour del ruido en la bailanta, y ni para el alquiler alcanzaba. Por eso cuando se fue le deseó suerte, ahí volvió a ser solidario, si ya no compartían a codo, mejor probarse solos futuro.

   Así fue como decidió irse de caminante a vender abanicos, esos de los negocios de todo por dos pesos. La mujer china sí, que también era solidaria, se los daba de su propio negocio (él la atendía en la Richmond y nunca dejó sin correrle la silla). Zhuo, le marcó un lugar perfecto para vender: “zona roja”, “elemento erótico” le había dicho.
   Allí conoció a Juana (un calco casi de la historia de él), ella vendía condones y todos los días, de sus magras ganancias le compraba un abanico, los amaba. A poco se dieron cuenta que sus miradas hacían caminos de idas y de regresos entre ellos.

   Llovía tanto ese día, me voy dijo Juana y él también. De sin invitación, se fueron juntos. Calle de tierra inundada, la casilla de ella a diez cuadras del colectivo. Cuando llegaron sirvió sopa caliente, y ahora cuando abrió la puerta del cuartito de dormir, Francisco siente repiques. Está como alfombrado, tapizado, enmagiado en abanicos, cuelgan como pájaros de la ventana; es mi camino vida calando deseos, explica orgullosa Juana. Estonces él solidario, le saca la ropa mojada, la seca como un tacto infinito; se siente digno señor de Juana. Abre su bolso la cubre de abanicos. Ella solidaria con ambos, desliza  condones sobre las sábanas y juntos entienden; remontarán deseos para conllevarse vivos.

  Tenía razón la china Zhuo, “elemento erótico”.


lunes, 23 de abril de 2012

Al otro lado del sol.












      Insiste la bocina.  La radio se pierde en el dial interceptado, cosa rara cuánta música de los ochenta en inglés, y cuánta  desprovista de gancho atemporal en su idoma, todo  resulta anodino. Menos la bocina que insiste y la reflexión en que su mente se queda atrapada, al buscar cuál es la estrategia de los emisores y cuál es la causa de la refundición de creatividad de los últimos intervalos.
     Algunos dicen: vende la chatarra comunicacional, engaña lo audiovisual con los chips que merecemos, eso es lo que la gente quiere. El arte como cimiento, poco se puede dar a conocer.

      Es que no puedo. Fundida de rayos tempestad, Rosaura se pregunta dónde protegerse. De esta masacre de la oferta y la demanda, la muerte de las verdades verdaderas, los monopolios incrustando para que nadie se de cuenta de qué somos y hacia qué pestes quieren llevarnos. Revuelve la razón Rosaura, no todos, no todas nos comemos los anzuelos.
      Sí, en algún lugar y en muchos; aún hay flores de campiña, reproduciendo colores runas; olores a que existe un castillo encantado al otro lado del sol que atardece.
      Lo encontró tantas veces y fue crucificado muerto y sepultado. Pero fue y están otros.

      Y ese tufo a bife cocinándose que viene desde afuera. Y la bocina que insiste. Alejan la vivencia que se resiste a partir sin ella al otro lado del sol.

     El reflejo.
     Cinco casitas desdobladas sobre el lago, es ella que se mira.
     Cansancio, fuerte lo que hace lo que hizo, farol, cabaña troncos hamacas. Girasoles. Ni glamour ni martini adorando una aceituna…
     Los genes seguirán su camino, en su reflejo.
     Lo dice el agua.

     Al limón podrían hacer los bifes, el olor sería más agradable.

     Lautaro como sería un elefante al limón, pregunta. Él estaba en otra cosa, no lo alcanzaba el reflejo, ni los cheiros ni la bocina intimando; su estado de monarquía estaba a punto de rebelión, de revelarse en anarquía. Escuchame bien Rosaura y decime que parte no entendés, corré las cortinas, quitémonos las máscaras. Dicho esto apagó la radio, se hundió en las aguas del lago, le gritó no estamos aquí, somos flotantes del pasado.
    Rosaura no se inmutó, tomó el bolso que había preparado; aspiró el diáfano aire del afuera, estaba regresando. Se apagó la bocina penetrante, subió al bote, la vida era muy valiosa para perderla ante el tornado que llegaba, el alarma que acababa de romperse lo anunciaba. Al fin el altavoz valía la pena que sonara continua en el aviso de sirena. Esa comunicación colectiva, es la necesaria, ya se lo contaría a sus predecesores y a Lautaro cuando decidiera salvarse. Allá, al  otro lado del sol que atardece.


lunes, 16 de abril de 2012

Sombras vivas, buenos aires.














El barrio viejo. Patrimonio histórico, área protegida. Inmobiliarias ávidas, socios encubiertos.
El tango danza.  Heredad a custodiar. Aunque lo vistan de exótico y turismo. Aunque lo vendan en revistas de promoción glamour.
Se reviste allí, en las paredes descaradas al ladrillo, se acuesta, se retuerce y se acuna en el fuelle de cualquier bandoneón.  Suena a tacos de mujer
a mirada de hombre, a la sutileza de los dedos en la espalda para morir en tono rojo, para sudar el tiempo de balcones…

 Todavía Noche lo baila con Julián.
 Ellos son la marca en el orillo de un río de la plata, el nudo que se ata a la verdad de un sello en danza y música partiendo empedrados, mostrándose en la plaza.
 Que importa que los aplaudan en idiomas diferentes, que les roben las fotos como raros animales salvajes de un sur del continente. Saben que anotician cultura, saben que trasmiten tracción a sangre, pasión Buenos Aires. Su karma es repetirse, nacer para amarse bailando, morir para calzarse pollera con tajo y traje con sombrero en los cuerpos nuevos.

    Cuentan que una madrugada los corrieron, de mortaja les pusieron ropas viejas y a jirones les arrancaron las pilchas. De cuadro, a veces colgaban en la pared, con óleos viejos; otras se abrazaban y ojos en ojos besaban el piso huyendo calles, apareando tango, puliendo malvones teñidos de su rojo y del otoño amarillento.
    Subversivos, cómplices, urdidores de estratagemas para custodiar  memoria de hechos crueles que narraban a los turistas para que el mundo supiera que una verdad era celda tortura y farsa en varios turnos caídos sobre lapsos sin justicia en su gran aldea. Un destino de bandoneón acribillado, los opresores vanagloriaban el auge en sus poderes, disfrazaban de papelitos la tristeza de los barrios, un mundial, una guerra fatal, una represión continua y sus fiestas con sonrisa derechita en uniforme. Ahí fue: Noche y Julián corrieron puestos a compás a marioneta para mostrar su danza, un tango a sus invitados, civiles, socios encubiertos.

    Qué puede importarles a los dos, ser sus fantasmas; existir desde los años cuarenta y tantos, tener la misma piel los labios rojos el coraje y la intensa potencia en el nervio despejado de Julián.
Ellos son transparentes, la gente pasa a través de ellos sin notarlo, el público los aplaude cuando bailan plasmados. Jamás descubrirán sus llantos; en cada giro cuentan una historia de tango memoria para diseminarla al universo. Es tan cierto, cómo que vos y yo, los vimos una noche por San Telmo.
   Se repiten en cada esquina, que aún adeuda la mirada humana a sus gentes. Cada uno de nosotros somos como ella Noche, como él Julián, también patrimonio a proteger, pertenecientes a todas las intemperies y tejas de la calle en que nacimos.
  
   Nada se remata ni nunca se derrumba del todo.


Antecedentes , ver:"hace dos horas..." http://cuenteraderio.blogspot.com.ar/2007/08/hace-dos-horas.html

lunes, 9 de abril de 2012

El tren no espera












Barro, dentro de las lluvias. Sapos conjugando un paisaje de silencios. El carro y doña María.
      No se oían entre tantas cortinas de la naturaleza, ni las ruedas girando ni los cascos del caballo. Ella hablaba con ella, adentro. Tenía que llegar como todos los días, sea con la ropa mojada, sea con los rastros de la gripe y del salpique. Limo pegajoso en lo profundo de cada huella. Tal, el ir viviendo.
      La fonda lucía desolada por vejez y por temporal, pronto llegarían las chatas al tiro de cuatro equinos (viejos síndicos de circo rutinario sin ècuyer). Como todos los santos días venían de entregar los tarros con leche fresca, en la estación. El tren no espera. Eran esos tiempos en que por las vías viajaban a raudales los pasajeros, los  comisionistas, los viajantes, las encomiendas, lo trabajado en sudor de tambo de cría o de cosecha.
      Llega tarde, la voz del patrón la sacudió en su apuro de ponerse el delantal y empezar con su obligada misión de cocinera. Siete hijos, unas pocas hectáreas inundadas que apenas el marido con sus hijas mayores andaban chapoteando para no peder el poco maíz que dejaba usarse. Las chicas hacían de todo, arreglaban  su ropa cada año para que parecieran otras, iban de la abuela poderosa a buscar las migas del cajón del pan, (las herencias y las regalías de inmigrantes italianos solo pasaban a los hermanos mayores varones) María era mujer, nada le tocó. Juan, el  padre, provenía de una familia prominente; que perdió sus recursos por invertir en Europa, con la primera guerra mundial, todo se expropió nada quedó. Juan era varón, pero sólo subsistió en la lucha entre la tierra no había nada que heredar ni nada tenía. La pareja pudo ser menos humilde, pero sus antecesores corrieron las apuestas. El que venía a poblar el país a sugerencia de Sarmiento, cumplía, pero su terruño era su confianza y la promesa de regresar. Así el progenitor de Juan invirtió en su Italia y murió de digusto. Nadie regresó.
        La cocinera regresaba muy tarde a la noche, ella y su carro cansados, en el rancho de barro esperaban con el mismo agobio de trabajo; pero la mesa puesta el mantel que no faltaba y la jarra del agua de la bomba. Poca comida  inventada con el arte de usar, lo que los cayos de las manos lograban junto con el surco. Se olía amor de juntos.

        Corrieron trenes, clima, años tragedias y bodas. Cada hijo su vida su distancia.
        Y de golpe otra vez el exilio, la Capital y Perón eran el promisorio jornal, que el campo no daba para los peones. Los hijos los trajeron, una huerta y la cocina eran lo único que los unía al pasado. El abuelo y los conejos, la abuela y sus ravioles, eran el cobijo de los nietos de una familia grande, obreros de la gran ciudad. Llenos de utopías por conquistas sociales y laborales.
       El tren no espera, y ni siquiera ya pasa por aquellos campos de hinojo y bichitos de luz. Los bisnietos corren entre utopías deshilachadas, separaciones, rastros de la dictadura que sufrieron sus padres, y algunos, solo algunos vuelven a buscar lejos tierra para huerta o morir de amor por la cocina y los hijos.

       Si, el tren no espera, deberían saberlo los que todavía se llevan sus ganancias de esta tierra a los paraísos fiscales, y creen que la vida es sólo tirar manteca al techo, mientras los demás trabajan desde todas sus generaciones habidas y por haber. Sosteniendo la tierra bandera, que pisan sin excepción todos los pies.
        


lunes, 26 de marzo de 2012

Una bolsa de voces




Estoy dentro de una mochila desvencijada.

En la oscuridad no distingo algo desinfectante para este interior con tanta histeria colectiva.

No consto solo, golpean aquí adentro, se siente que caminan; sospechosos, incluso yo. Se burlan de mi miedo, yo no puedo.

Hay bebés que lloran, vírgenes del espanto que se respira aquí; no hay derecho que en este negro, los inquietemos y ya reciban el caldo mórbido que les marcará una progresión trágica.

Palmas, palmas, una multitud de quejas las palmas, todos todas, hay que buscar el cierre, abrir el día.

Ya está el agua, pasame los sorrentinos (la pasta es un empaste en mi memoria). Te acordás, así dice mamá en medio de las discusiones del mediodía, y todos callamos porque es el momento de fusión familia mesa luz, avenencia.

Mentira, ella no está.

Alguien enciende una linterna, ves hay una fosforescencia que se inflama y apaga, quién la tiene, quién es el egoísta que se corta solo.

Nada podrá con el caos de la mochila, ni del foco.

Tenés razón no te veo, donde estás, esta es tu mano; no, es un pie, toquémonos, encontrémonos en esta alforja de desnudos y encajados, de furias y lisonjas. Me equivoco las lisonjas eran antes, me engañaban de pequeña, me hicieron creer que era princesa.

Escuchen algo se quiebra, somos plásticos hundidos en basura, veo algo entra resplandor. Puedo leer un trozo de hoja de libro, dice Grecia es la cuna de la filosofía.

Viejo a de ser, cuna de crisis, es hoy; estarán ellos también aquí nebulosos.

Cuidado, se ensombrece de nuevo, nos caemos, nos aplastamos, nos estrujan, demasiados olores. Alta Suciedad…

Somos muchas voces ahogándose, gritemos, denunciemos al compactador r r r…


Dale arranca, ya terminamos por hoy, mañana será otra vez…

Señor mañana pasa su camión de la basura.

Si señora sólo los sábados tenemos franco, aprovechen el día libre sin orden impuesto.


domingo, 18 de marzo de 2012

Él caminaba desparejo...


Sus pasos en aquel barrio sonaban a organito.

Cada vereda una mujer crédula por cama .La calle ancha una congoja, llorándole entre
piernas, entre abrazos; sin el beso de tan solo lo suficiente.

Pero no se inmutaba, sonreía indiferente mientras los chicos esperaban que el lorito sacara el papelito de la suerte.

Pero jamás imaginó que el papelito que nunca sacó para él
decía "La mujer despareja que te mira día a día y no ves, te ama, es tu gema necesaria.”

La llaman la incrédula. Le dijo una vecina cuando preguntó el nombre de aquella mujer.

lunes, 12 de marzo de 2012

cambio de diálogo











-Dejame en paz, y sacame de encima esta cloaca de moscas que tengo encima.

-¡Gracias abuelo por el paraguas! Fuera fuera, salgan, salgan; ajjjj inmundas esta no es la mano de Gardel, solo el cuerpo de mi marido oliendo a rancio.

- Inútil me estás pegando, ¿de dónde sacaste ese rotoso paraguas?

­­- Del perchero tirado entre estas ruinas que fueran la casa de piedra del nono.

-Plena nieve. Lejos del pueblo y entre la montaña ¿Por qué aparecieron estos bichos?

- Mirá detrás ese calefactor destartalado, parecen salir de ahí.

- A ver si lo corro con el pié, quizás veamos algo; no quisiera pensar que el viejo guardó los huesos de la pierna que le cortara la locomotora que no vió hace años.

-Qué curioso son semillas de zapallo, cuántos años tendrán y están intactas.

- Para eso vinimos a Italia, ¿no era que la familia guardaba un gran tesoro entre estas piedras?

- Y te parece poco, estas semillas son vírgenes, ni manipulaciones genéticas ni agroquímicos.

Creo que voy a quedarme aquí, reconstruir la casa no llevará mucho, hay piedras suficientes en los alrededores, y comenzaré a sustentarme con mi propia huerta.

- Estás loca, yo me vuelvo, siempre pensé que este viaje nos llevaba a la nada, mirá el monitor de la netbook, negro, acá te comunicás solo con las moscas.

- Lo nuestro ya no funcionaba desde antes de venir, tanti auguri en tu viaje, yo en este lugar partiré de la nada en que estábamos para convivir con mis raíces y encontrarme. Con parte de él, me siento segura de que sus semillas me abren otra vida.

-Con parte de ¿quién?, ahora sí, entiendo, andás con otro tipo

- Siempre el mismo vos. Nunca tan atinada, con mi decisión; quedarme y aceptar que te vayas. Ah...para que te quedes tranquilo, tapé los huesos del abuelo que estaban a la vista, cuando entramos, entre una pared derrumbada. Ya no habrá más moscas.


lunes, 5 de marzo de 2012

Cajitas para salvar










Una adentro de otra.

Uno adentro de otra.

Podrá variar la caja de vientre. El color de afuera, los pensamientos de adentro y la plaza cercana al cuerpo que gesta un niño. Pero siempre hay una hembra conteniendo crío. No hay sintonía fina que cambie este rumbo desde que un nacimiento existe.

Sin pecado original de cualquier Eva ni de cualquier mona. Todo macho sale de una hembra. Todo macho es compartiente de su labor fecunda. Aunque a veces no se juegue por saberlo.

Mariana paró de escribir, cerró su cuaderno en disquisiciones. Dejó el mate junto a la mamushka que comprara en la feria del pueblo, adoraba quedarse tildada mirándola. Salió al patio donde jazmines invadientes, hoy le ofrecían aromas de perdones.

El llamado de unas manos, la distrajeron; nada de timbres en el barrio; sólo el golpeteo de palmas vecinas.

Se sorprendió al encontrarse con Nicanor bajo la sombra del paraíso de la entrada. Años que no se veían, desde el primario. Traía un gesto áspero y varias niñas de distintas estaturas lo rodeaban.

Disculpame por venir aquí, así…

Así cómo, se preguntó ella. Habían sido compinches de banco en la escuela, cómplices en cada travesura o diez que se sacaban., que tan grave le estaría sucediendo.

Mi hermana, dijo, son las chicas de ella. Nunca pudo dejar de ser madre, era una fiesta para ella su prole; pero el padre…

Mariana pensó en lo que había estado escribiendo, en su propia madera árida y sin apegos, la distrajo de golpe el final de lo que le contaba Nicanor…Y lo maté, escuchó.

Que decís, si vos siempre fuiste un santo, defendiéndonos de todos en la escuela, jamás te peleaste con nadie, hablando te entendían y entraban en razones.

Mi cuñado era muy violento. Luchando consigo misma contra el miedo, los golpes, la pasividad de quienes tomaban sus denuncias, mi hermana se fue de la casa con las chicas; hace tiempo vivíamos en la capital, como yo estaba solo viviendo allá, decidí cuidarla. No me sirvió, no le serví, mientras estaba en mi trabajo sucedió todo. Cuando lo supe, lo busqué en el horror de verla y ver, el espanto en los ojitos de las nenas. Había vuelto aquí al pueblo y aquí lo encontré. Mala mi justicia, Mariana, lo sé; como mala la injusticia.

Ahora me voy a entregar. Debo mi pago. No se porqué golpee las manos al pasar por tu casa; será porque me resisto a entregarlas, ahora mismo voy camino a Minoridad para que se hagan cargo de ellas; pienso que su madre les dio tanto amor y las protegió cuanto pudo.

Nicanor se fue sudado por sus verdades y por las manos de Mariana, que en la tragedia; ofreció hacerse cargo ante el Juez de menores de las pequeñas.

Sobre la mesa seguía el mate, la mamushka y ahora una muñeca de trapo que les hiciera la madre.

Mañana hay mucho que hacer mis niñas, trámites, visitar al tío, anotarse en la escuela que fuimos de chicos, juntar flores para mamá y aprender a vivir, cuidándose juntas. Una adentro de otra, para luego salir al mundo sanas.

Cuando logró que todas durmieran, escribió. Vamos que a estas mamushkas habrá que empezar a quitarles el miedo, criarlas coraje, defender el género, y repetir al infinito que la mujer es compañera del hombre, iguales para familia, para sus derechos. Sin pecado original y sin violencias.

lunes, 13 de febrero de 2012

La deuda










Un poco más. Gritaba Micaela con su vientre blanco.

Mucho calor y la protesta comenzaba a quitarse remeras y pudores.

Resistían. Entre empujones. Qué importaban mujeres en corpiño y hombres de torso desnudo. Valía el corte de la ruta, el impedir que siga la minera a cielo abierto, a venas de cianuro filtrándose en el agua rematándola y muriendo en bocas explotadas la montaña.

El pueblo morirá con ellos dentro, con sus bocas también abiertas por un hambre tóxico. Resisten la represión. Resisten por respetarse. Por preservar.

Por ser ellos y uno la piedra, los montes, los pájaros, el río, sus hijos y el puro viento.

La mayoría son de tez oscura y curtidos por el sol, la altura y el jornal en cada surco. Parecen al sacarse las ropas, pintados de lucha. Blanco en la parte del cuerpo que nunca se solea. Ahora se juegan en la intemperie, ante la intemperie de quienes resuelven,adjudican, permisionan. Parecen fantasmas del pasado, que se levantan de sus antigales andinos.

Vienen como entonces a demandar lo suyo. Las voces aumentan a la par, estos los del corte, aquellos los ancestros; reclaman conservar la mística

tierra, que como hermanos, se dan de comer mutuamente y aún les pertenece. Todos saben cuidar.

Un suelo de tumulto, un tumulto de humanos en el suelo, gases, disparos , detenciones.

Un poco más grita Micaela. Y ya los amontonan en un carro policial… No les daremos la licencia social para seguir…mascullan entre dientes dejando como un golpe regueros de esa frase haciendo eco en la montaña.

Abuela. Abuelo. Hincada ante la luna Micaela convoca.

Esa noche una hilada de tribus originarias, íntegras invulnerables; descienden del camino del inca, ascienden desde los valles calchaquíes. Intactas, aún no conocen la conquista ni la voz del evangelio; que arrinconen sus predios, su cultura y sus creencias. Parados frente a los socavones estallados, el Círculo. Bajo la luna silenciosa emerge pachamama.

Todo se cierra entre brumas. Los camiones de explosivos como una caravana de marionetas del futuro alzan vuelo.

A la mañana siguiente, todo es estupor mientras son liberados los manifestantes. El entorno geográfico aparece tan virgen como siglos atrás. Las autoridades centrales de la provincia junto a los foráneos dueños del usufructo, no logran explicar que hacen los camiones de una mina que no existe, posados en el techo del edificio de la gobernación; temblando a punto de explotar.

Micaela se extiende sobre la tierra y agradece.


lunes, 6 de febrero de 2012

Visión viceversa







Pasa a las diez de la noche. Todos lo sabían. Pero Silvestre lo informó como si fuera la primera vez.

La lancha colectiva era puntual. Nadie se ocupó de él, como si no lo vieran. Estaba inquieto, parecía que nunca había viajado en ella, nunca trabajado en el astillero, nunca esperado a la misma hora.

Estaba transpirado en esa noche de invierno, la campera en la mano la mochilla en el suelo.

Cuando se acercaba al muelle saltó desesperado, su campera disparada se hundió en la cama del río.

En la soledad de los tablones de espera, una mochila huérfana.

No habló, sus manos apretadas, su cuerpo agazapado para dar el salto cuando llegara, casi pierde equilibrio, casi pierde la oportunidad de saber.

Corrió hasta la casa humilde sobre pilotes. La llave, la maldita mochila; el frío sin su abrigo. Caminó en derredor, un tronco le fue barreno, entró.

Todo fue igual a la imagen del delirio que esa tarde sufriera al caerle una viga de hierro encima.

En la casa un mujer joven igual a su madre, yacía en la cama entre un gran manchón de sangre, a su lado un bebé recién nacido lloraba desolado como si hubiera visto su propia muerte. Entró un hombre, tomó al niño, apretándolo fuerte le dijo…te nombro Silvestre como ella quería.

Con ojos inquietos, agitado, transpirado, el pequeño dejó de llorar.

No había nadie más en la casa. Y en el muelle nunca había quedado una mochila.

sábado, 31 de diciembre de 2011

perro de circo











Estaba confundida o quizás era la mayor circunstancia dual y cruda que le tocara los huesos .Por eso se fue .No contó que su propio tornado la aspiraría por la cabeza.

No la encuentran . Anda entrecruzada de tendidos cables de luz tocando estrellas, siendo una.

Tiene dos chances. Que la rescate su viento o el perro pueda encontrarla .

Ella teme.

No dar tiempo y reingresar a la tierra como barro de nada caído

lunes, 5 de diciembre de 2011

Bar de desayuno.















Movimiento y Buenos Aires.

Atestadas las mesas, trajín para servir a tiempo, evitando desprecio de los clientes. Por eso corren los mozos elegantes, apenas la vestimenta los diferencia de lacayos negros del siglo pasado. Gritos murmullos, pulsación de cucharitas hablan de la tensión y el apuro estresado de quienes pretenden un paso caliente antes de entrar en los edificios de alta gama. Oficinas -lobbies de multinacionales y monopolios.

El bar también lo es, allí se cocinan negocios, traiciones, espionajes, robos de mentes y las tan codiciadas cadenas de favores.

Entre las delicatessen de las vitrinas y el vaporoso café de las máquinas; sólo marketing en las palabras, bolsa, exportaciones, lavados de dineros, euros, dólares, aún en las propinas. Hay que mostrarse ejecutivos.

Una mesa desentona, vacía, un café humeante sin tocar, el cuadradito de azúcar envuelto en papel importado sin abrir, la cuchara impecable y en el plato de al lado: diez euros y cuatro o cinco monedas.

Alguien ha dejado el círculo del juego, una historia con escalones cortados.

En la cocina del bar, Verónica se saca el uniforme, renuncia. Su aire de rabia y sus palabras tensadas en los dientes (turro, turro) le impiden dar explicación.

Afuera subiendo a su BMW un él, que había abandonado el café; pensó: con diez euros conformate. Buenos aires espera hacer guita, no hijos de meseras.

Cuando Verónica salió derrumbada, a las dos cuadras encontró el accidente. Murió decían, lo destrozó escuchó. Vió el BMW, en que varias veces saliera con su dueño. La había enamorado. Ella suponía que la escala social podía ser ascendida. Trabajaba horas extras, aguantaba el trato de “trata”, por eso creyó que él era como ella y la quería por esto de superarse. Lo veía siempre apresurando y machacando sus esfuerzos en transacciones de trabajo.

Pensó rápido, se mató. Fue por mí. Por lo del hijo posible, ante el test del que le hablé, me haría. Se paralizó en su bronca. Se acercó pero no quería verlo muerto, antes si, ahora, ahora no…

El auto no servía más, no tenía seguro (el sólo tenía su fachada). Lo vió en un extremo de la esquina llorando, reducido a una piltrafa nada humana. Repetía mi auto, mi BMW, era como un hijo…

Verónica recuperó la rabia, le tiró los diez euros a la cara y cada moneda dejó su marca.

Más tranquila, por la tarde, hizo el test de embarazo, Nada de rayitas, no tendría , se dijo en paz con ella misma, un hijo del dinero. Su próximo trabajo sería un ambiente agradable sin codicias.

Hay incomparables calidades para desayunarse desde lo interno.



domingo, 20 de noviembre de 2011

Terminación a mano










“Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo,

contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena,

porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.”

E. Galeano, “Los caminos del viento”.


Cuatro paredes Dionisio. Techo, puerta y hueco de ventana, una lona. Pisos tierra apisonada.

Chapuceó sin saber; pero la levantó: su casa.

Los primeros meses de verano, la habitó y trajo a la Justina con los críos. Perdieron uno por

mucho mosquito le dijeron :dengue, los esteros estaban a las orillas. En otoño tanto viento, la paja que hacía techumbre se escapaba cada día, difícil encender el fuego así y peligroso. En invierno, lluvias frío granizo: adentro.

La Justina se fue al pueblo colocó los niños en un hogar asilo de la iglesia y ella se empantanó aún más como sirvienta todo quehacer con cama.

Dionisio se cargó todas las culpas, cedieron las paredes de barro, rebalsó el estero. La quinta y los animales desaparecieron. Hice todo mal, mal hecha la casa…mal hecho yo. Y se alejó sin rumbo.

Muchos años pasaron, Justina visitaba a sus hijos cada semana los sufría lejos de un plato de comida juntos cotidiano; había intentado rehacer su vida con un peón de las tierras de sus patrones, la violentaba y machucaba, no sabía como huir, mal hecho él, mal hecha yo; se decía. Hasta que casi perseguida por la muerte desapareció del pueblo. A Las leyes les faltaban protecciones de género, y a los gobiernos protecciones de educar y crear conchabos. Un semimposible matener familia así.

Los hijos llegaron a mayores, algunos bajo el odio y los motes de mal hecho para siempre(a veces rigideces pletorianas de la iglesia en lugar conservador; no saben o no quieren reciclar en la terminación de construir al humano y restaurar lo mal hecho que le van dando los reveses). Ellos aquellos niños vírgenes, no llegaron a ser; fueron quedando en muertes y caminos tristes. Hubo uno. Que en la misma sensación de no ser, quiso montarse a la vida siendo. Logró emplearse de albañil, le gustaba la construcción, Braulio siempre había pensado que su padre sin saber nada había levantado aquel hogar de juntos familia y que la casa era la mal hecha, pero por no saber, no por designio ni desidia…

Aprendió, su patrón, era un hombre digno y solidario, le enseñó lo apoyó para estudiar. Ahora era maestro mayor de obra. Así supo que en su provincia había que anotarse para que le otorgaran un terreno fiscal: lo logró.

Levantó una casa placentera, mínima pero necesaria, fuerte, con ventanas que abrían y cerraban, con vecinos tierra alta. Le faltaba tiempo, se consideraba bien hecho ahora, bien hecha su casa.

Estaba por terminarse en hechura a sí mismo.

Las encrucijadas de ser y lograr creer, pensar que vale la pena no desecharnos; lo hicieron seguir su lucha con una familia propia, fundada con la Casilda, que se continuará haciendo, nunca mal por decisión propia.

Ilusionaba, que en algún tiempo de primavera lograría su mayor deseo bien hecho…encontrar a Justina y Dionisio; y juntos lograr un mejor hecho para sus hermanos.

Sabía que no todos lograrían terminarse hechos completos; pero nadie sabe como empezar, nadie tiene las mismas inclusiones ni exclusiones al nacer, y ahora sería él solidario; por mostrar que el barro se puede moldear en ladrillos, en el cuerpo y en la lucha por completar una cabeza con brotes de representaciones nuevas. Era su porfía. Ya tenía dos hijos y no cesaba.






epígrafe: texto completo de galeano :http://rebelion.org/noticia.php?id=113031