domingo, 1 de febrero de 2009

Clericó















Era una plaza y Defensa. Tres tiempos concibiendo en vistas cuerpos formas.

.Iban. Venían. Cientos de hormigas multiplicadas o las mismas, repitiendo camino humanos cargas. Cargas ya cortadas, diligenciadas hechas madre y caños, baúles pesando curiosidad y misterio, un banco un termo. Pilas apiladas cubriendo veredas estrechas. Colas de espera sin número al mejor postor de llegada. Cuatro de la madrugada y domingo, brillaba el empedrado, algunas sillas, mesas, para soles humedades y sombras se cerraban; algún café con crema todavía un raro bar servía. Temprano con el día abrirían esas colas apiñadas la feria de San Telmo. Y ese ramal del tiempo de artesanos, con ropas, oriundidades y precisos gestos, seguiría laburando en hormiguero.

Los sentados. En rezago, eran otro desvío; otro presente desigual matando luna, algún sorry cargando alientos de botella. Viajes al fin del sur. Nosotros pájaros del zoo sin cristal, ellos eurodólares sin condicionamiento; perdidos sin embargo en la plaza que vestía desparramos y apurados.

La calle, callejón, estrechito, costadero, era el tercer estado real y en retumbe. Fantasmas ungidos en candombe de fiebre amarilla en homenaje, identidades de otro siglo en carne hueso; hoy. Decían hago música existo, extiéndase al resto, oigan; viven aquí en esta mezcla de frutos con alcohol, de hormigas, de extranjeros y latinos, en nocturno cerrado buscando el tesoro perdido del cofre de Pandora; del cuenco afro asiático, y la vasija negociada por la fiesta colombina y feroz.


Un clericó, eso era el cuadrado derivado en Dorrego plaza; frutos dulces, alta graduación y sonoro viento fresco. Yo y vos más extranjeros que la cófrade turista. Quienes éramos? Café con crema invadidos de humo marihuana, un escape a la vida de rutina, olores de inmigrantes ancestrales, o un pedazo salido de algún tango?

Un presente, tres, uniendo lo que fuimos que no somos; pero estamos hasta que seremos o dejemos? O Noche y Julián que por fin reventaron la pared de su jaula de ladrillos y salieron a mezclarse con la gente ese domingo enero diez de un dosmilnueve?


Me quedo con tu mano, regresemos a casa. Nunca más a la pared.




domingo, 25 de enero de 2009

Alergias de bolero








El muelle sostenía una impúdica luz oscura. Las maderas gastadas, una hilera chocolate, desasosegada hacia el abismo de las aguas. Ema frente a él era sólo una hembra lamiendo sus heridas. Cuántas veces recorrió ese muelle. Pomposa en moños, protegida de las manos de su padre. En celo, en marcas de sus garras, por amor o por defensa; con letras de boleros. Preñada casi en tenue movimiento con su vientre. Madre animal limitando territorio.

Ajena, ahora al viento y al adiós con Agustín. Había vuelto a visitar los rastros que el muelle le ha guardado. Su historia se mece ante la flojera de estructura. Canta casi en danza con el río. Cantan las ranas. ¿”Se revientan los sapos de amor?”. La realidad no es superflua, es sucesión.

Suena un clic de su cámara fotográfica y el animal, que dormía dentro de ella, revienta también junto al sonido. Quedan las huellas y la foto, ligadas a un río que nunca acaba de vivir.




sábado, 24 de enero de 2009

LR3 -Fama de marfil

Malena canta el tango con voz de sombra

Malena tiene pena de bandoneón…

Homero Manzi

Yo fui Malena. Lo repetía a quien quisiera o no escuchar. La encontré en una foto blanco y negro, de un pasado en bogas de estudio de radio. Vestido cerrado con la imagen de un temple que entonces no necesitaba mendigar ser entre la multitud. Desde sus ojos austeros y jóvenes, parecía decir que el mundo y el tango eran su posesión; desafiaba entre sus brazos cruzados, confiaba en su voz y un micrófono.

Dicen que la intriga murió con Manzi, ¿atestiguó una Malena real? Ella dice haber sido la inspiradora. La foto decía que su pelo era negro y que cantaba el tango como ninguna.

Y era cierto, mimaba los años 40, y la gente se sentaba en cada rincón donde una radio la dejaba oír. Pero como Malena, a esta mujer con otro nombre, con años de beberse en fama; le pasó ocre el amor, descosido por el tiempo y el tiempo descosió su Buenos Aires.

Hay una voz ronca repitiendo a solas algún tango, un placard lleno de brillos, del brillo que vendiera miles de pastas de sus discos; y una mujer que sigue deseando un hombre que se juegue por ella.

Hay una calle que cambió el ritual y sus Malenas¸ que hoy se llena de artistas callejeros, cartoneros, turistas, urgentes empleados con cartera y hasta otra triste clase de pobreza; bajo fondo de una música despierta griteríos; olvidada y acercada a la trágica letra de los tangos.

Hay una falta de rincones y sus gentes, sentándose junto a la radio, para enmudecer en emociones con la letra en dos por cuatro de Malena.



mabel casas 29-9-08




Referencia: Homero Manzi autor de la letra del tango Malena, música de Lucas Demare

La foto es de la cantante Nelly Omar desconozco su autorr

http://www.todotango.com/spanish/creadores/images/nelly_orquesta.jpg



domingo, 11 de enero de 2009

Qué suceda








Le dije tápese la boca y corra Juan, que nos salvamos.

Los marzos se repiten igual que los remolinos del arenal.

De fija el calor aprieta, casi en rezago, siempre en marzo. Y allá abajo como siempre también corren las aguas entre las piedras, demasiado lejos para borrar la volante convulsión que sofoca.

Si marzo lloviera, si, marzo soplara el río hacia arriba; tal vez gozara de fama por aplacar ahogos clandestinos, de este áspero torbellino estancado sobre nuestras cabezas.

Llegamos al modesto parador que conseguí plantar en años de marzos locos y meses de trabajo calmo. Turistas siempre vienen, hay gentes que parecen nacidas en almanaques sin marzo; alegres como diciembre, temerarios como julio, ardientes igual febrero o románticos de abril y algunas los extranjeros, que vaya a saber si usan calendario. Ellos vienen en sed de foto, de inventarse un safari por parajes de intriga ignotos, muestrario de un circo exótico donde encontrar que llevarse a sus casas de primera de otro mundo. Descubrirnos personas iguales, mirarnos; eso no, no nos miran.

Se despedía el último aire del día; marzo tiene eso, atardece y entrás en comunión con la noche caliente; pero húmeda ya, del vapor que recién llega del río todo cambia y el parador parece un castillo de Pagra regalado a mi autóctono espacio, amplio, silencioso. Me senté bajo un parral ocre por el polvo, ojalá lloviera me dije. Pero marzo, caprichoso como en siglos nunca quiso lloverse en nosotros. Creí estar lejos ya de los impulsos vivos. Contemplación es mi hora. Pero no es así. Sentí una profunda necesidad de medir mis fuerzas. ¿Porqué? Ni yo misma lo sé.

Pero el Rafa lo sabía, entró como un prusiano en toma de municiones. Me destruyó en dos segundos las torres de Praga, era una manada de potros despavoridos ¿Dónde pongo esto doña?, ¡dónde!

Miré, me crispé en brote de señales pinchudas en el cuerpo, no se podía creer lo que traía. Tenía que ser marzo. ¡Qué grandísimo disparate, traerme aquí una virgen robada!

Doña mi guagua se ahoga en estas borrascas, es marzo sabe, y el cura nunca deja la iglesia abierta y esta es la virgen del aire; ella seguro que me le abre los pulmoncitos, habló todo corriendo en puro lamento de urgencia.

No dije nada. Cuando hay dolor ni lenguaje queda. Juan y yo le pusimos una mesa, unas carpetas de puntilla y un montón de malvones blancos en homenaje. Pucha que marzo puede ante sus desdichas, pensé, si hasta flores y esperanza de fin nos ha traído.

Ponela acá, le dije, y trae a tu niña.

Qué suceda.


martes, 30 de septiembre de 2008

También florecen amapolas






Animal de laberinto.

Eso podría ser don Gracián. Cada día el tren, le movía los cimientos de la vieja casa.

Por dónde salir del trágico bolsillo con las cuentas por pagar. La quinta del fondo florecía; pero las puertas que antes compraban ante su canasta fresca, las cerrojó el supermercado.

¿Y si fuera pájaro? Sus veteranos árboles y un clavel del aire lo llevaron a la salida, frente al aroma ancestral del laurel y del romero.

Entonces fue a la cocina, el lugar que Braulia, su compañera, veneraba sin laberintos; porque la ventana siempre era un sol con salidas y en su macetero siempre nacían amapolas guachas.

Vamos Braulia, abramos la mazmorra de los pájaros. Hoy me di cuenta que toda encerrona tiene posibles, si vibra por el tren es porque aún pasa y si lo oímos es porque estamos vivos y aún nos mueven el deseo de los cuerpos, el trabajo de las manos en la huerta y los ojos para pelearle un lugar al monedero y disfrutar el chispazo del canto de los pájaros como una gratis comedia, del laberinto de amores que es la tierra.

Atardece y caen dátiles maduros de la vieja palmera revolucionaria.



imagen : "las cosas se fueron detrás" de Don Eugene Seastrum

Sin azúcar




Sí, hierve el café.

Recordó otra ebullición. Pero lo cierto es que está solo frente a dos tazas. Dónde, habían quedado las manos que se supieron de la misma tinta, aquella vez sobre otra mesa.

Volvió a mirar, la mujer no estaba; al fin lo confirmaba, lentamente…Desde ese olor a café penetrándole el olfato, viajándole hacia adentro; poniendo de marrón caliente su sangre y demasiado ardiendo su cabeza.

Carajo, qué se le fugó la vida; haciendo mucho fue hacer nada. Esperaba un milagro para sus huellas malas. Nadie vuelve a lavar las tazas, si el agua que se arrastra está podrida.

No, ella no habitaba allí, desde hacia veranos y vientos y hendijas congeladas de la casa. Ahora entiende. No podía quedarse junto a alguien como él, que aún no sabía ni su nombre ni su talla. Había robado por años el café y una fachada; hirviendo toda su vida y su apellido en la mentira.


imagen: "motas de polvo a la luz del sol" de Vilhelm Hammershoi-Dinamarca


domingo, 6 de julio de 2008

Sembrar de nuevo





Le dio la menta, cajita barata; la muchacha alcanzó a tomar el vuelto y escasamente colgarse del colectivo. Así son las madrugadas urbanas, urgidas de turno viaje y jornal.

Este lunes acallando resacas, el hombre no arrastraba excesos de cerveza, sino entuertos de vacíos; aún, rodeado por el kiosco.

La menta…

Allá en la quinta de Ezpeleta protegida por paraguas de eucaliptos. Entonces, las pocas luchas conocidas eran por lograr crecimiento puro y libre; siempre el viejo protestaba: que el romero demasiado grande y los brujos demasiado pocos para usarlo en sus brebajes; claro, que el laurel arrasaba con su sombra. Él tenía sus razones; pero la no podada era defendida por los tucos de la vieja… ¿Y Juan dónde estarás? Te veo, entre las sombras escribiendo; vos, veías más allá del alambrado.Después el pozo,la tortura y la huella de ceguera.

Puta madre…solo una pendeja compra pastillas de menta esta mañana; los diarios no se venden, hay un montón de canas en la esquina, que me repican los sesos de otros tiempos donde enmudeciste Juan; y hoy me vengo agitando, con el barco de olores, la memoria. A veces una flecha al corazón es lanzada por la cara de rutina; y sin embargo es como un vaso de agua a tiempo, la dádiva necesaria de cambiar aire, volarse, seguir vivo escapándole a esta esquina de Retiro; donde el capuchino de traje se junta con matecocido en zapatillas.

Las dos y cuarenta de la tarde…apenas dos turros diarios vendidos y encima de los más tetrabrix, esos que no encienden más que el fuego en las vísceras de los hombres y nada de sabores con raíz de sustento. (Sin hacerlo conciente, desde que se le instalara la menta en su discurrir, escribía…)

¿Qué hacés?, Juan…me asustaste… ¿cuándo llegaste?

Nunca me fui, gozaba de la quinta de Ezpeleta, renací en tu pensamiento. Rescaté domingo de ayer en estas hojas; no pude dejar de escribir tanta resaca que pocos denuncian. Ahora hasta me gira imperioso un título: “Tinta de especies libres que vuelve…”

Juan venció el letargo que encalla con el miedo.

lunes, 12 de mayo de 2008

¿Qué es lo que se pudre?



Donato había hecho la pregunta, con el sigilo de un león, parado en su vieja esquina del pueblo. Es como mi bar, decía acercándose al asiento cercano; gracias a Lucinda enamorada de las plazas, que en su vereda había puesto un banco donde pensar cómo tomar camino, plaza, vida y ser mujer sin que le rasparan el rótulo y se lo volvieran atrás. ¿Atrás del hombre o atrás del hambre? Discurría.

Entonces, él se sentó, sacó su bandoneón y largó como cada tarde su concierto.

No sabía por qué no había nadie en el pueblo, sólo Lucinda un mate y esa súbita frenada fuera de ganancia, ya que nadie corría en la pacífica calle de tierra. Alguien bajó micrófono en mano, una verborragia sin emanación a cordura surgía del personaje. Preguntaba sin aire entre medio, quería saber de la carne al asador, quería primicia, queja, apoyo de ficción. Quería idiotas sin pensamiento, y repetía algo de tener un oro verde y una multitud en las rutas.

Lucinda calló, regó sus malvones de la verdad y Donato guardó su bandoneón. Pensaban: para hablar hay que saber de que se habla, o ¿todo es santo y castigo?.

Ambos iniciaron contra pregunta y reflexión, con la poca palabra llena de savia como turgencia de los árboles del pueblo: ¿Ud anda mendigo de dignidad o de mentiras? Parece un hombre de bares con café en palabras frías. Habría que interrogarse qué es tener, a los ojos de las miserias. Los necesitados que acucian futuro, aprenden como afilar el hacha para seguir la poda y no convertirse en hielo de los inviernos. Pero no tiran el árbol, sólo calientan el cuerpo para subir la cuesta buscando lo que se pierde y nos pierde. Sólo hacen la hoguera y reparten la sopa, siempre se cuida el bosque y se persigue trabajo.

Pero grábenos, publique, grite, muestre lo que le dijimos y a esta calle; solamente escuche luego, el murmullo del suelo que pisa…

Alguien con micrófono arrancó su auto despacio, llevaba esa pregunta del músico de esquina en su silencio.: ¿qué es lo que se pudre?, había repetido Donato. Y no sabía si apretar el acelerador hasta la ruta entre campos extensos de soja, o volver a compartir un mate y debatir sobre quién se está pudriendo y quién se pierde.

lunes, 17 de marzo de 2008

Camino de hormigas


“Hay amores que se vuelven resistentes a los daños,
Como el vino que mejora con los años,…

Hay amores que parece que se acaban y florecen

Y en las noches del otoño reverdecen"...
(del film "el amor en los tiempos del cólera")




La vida es un naipe de doble cara.
Jorge había terminado su programa con esa frase, el intentó ponerle su sátira genuina; pero esta vez no la largó al oyente profesionalmente, se le quedó prendida a él.
La traía colgando de sus sesos desde la noche de insomnio, en ciertas ráfagas de duermevela se le habían venido encima naipes como moscas, tarántulas saltando por la almohada y otras ampulosas como puertas de hierro le cerraban el paso. Las restantes eran enormes sequoias que repetían su propia risa, se vestían de él, lo cercaban mostrándole la paradoja de que pueden las cosas parecer un juego; pero siempre se alzan en mascarada y nos ponen al descubierto.

Salió de la radio intentando no saber a que se debía su alteración nocturna, y como queriendo huirle a las imágenes frescas; se preguntó: ¡a dónde van los besos cuando los soltamos?

No pudo abrir el auto, caminó hasta Las Catalinas, sabiendo que buscaba viejas cosas que ya no están; se sentó en una plazoleta, había hormigas en el pasto.( le zumbó una voz como de hoy: “viste , las hormigas se comieron las margaritas”.Sí, era aquella plantita de la feria que le regaló a los quince años; ella era, una pureza de margarita, los besos descubiertos, su primer ardor de hombre; el deseo inconcluso.
Me voy a vivir a Israel con mis viejos. Un ciclón…Y pasó. La partida. El simulacro de olvido.

El dolor ahora afloraba reciente…de 30 años atrás.
A veces todo se guarda se apila y uno cree haberlo vivido todo. Jamás pensaría volver a sentir chinchines de la pelotudez adolescente, que le endilgaran sus viejos y que burla hoy de sus propios hijos. Y sí, se confiesa, de eso hago migas riéndome más de una vez, ironizando a invitados u oyentes.

Anoche los sentí, cuando salía de la cochera y esa mujer con un ramo de margaritas se puso a la par diciéndome: “a estas las salvé de las hormigas"


La vida, sí que me la cobró en crudo. Puta madre, como sudé en un segundo reconociendo su voz ante los ojos caramelo. Acabo de establecer que nunca, se habían ido de mí. ¿Qué hago ahora con el reverso de mis naipes?.



fotografía de daniel muchiut (foto taller chivilcoy)

sábado, 15 de marzo de 2008

La fonda está cerrada, váyase!



Y se quedó, en la negra sombra del costado. Pura calle de tierra en la penumbra, metiéndose en las alpargatas ajadas.
Esa noche era para un trago, algo que de uva oscura le pusiera paisaje a las tripas.

Es que un hombre de llanura, necesitaba el cardo, el aire de los álamos y el gestual chistido en la lechuza.

Él se creía, que lo urbano era destino; que había ruidos alumbrados, faenas con sensatez y un obelisco. Si, él se creía, que allí estaba el tiempo que de campo había perdido; conocer los huracanes de autopista y una mujer que le floreara los días en su ascenso. Pero no. Encontró piedras cementadas en corridas, pobreza apurada e injusticias de bolsillo abultado. Parecía que nadie convivía mirada extendida.

Hacía 10 minutos bajaba en la estación del pueblo, puso un pié en el andén, y encontró aplausos en el aroma del hinojo bordeando los rieles. Un coro ancestral poniéndole polvo y yuyo para recibirlo alfombrado.

Si, necesitaba el trago, no por angustia; por inminente: agasajar regreso.

Le llegó unos pasos de colonia fresca, y escuchó: Antonio volviste! acompañamos unos mates?...Era Emilia, terminaba de vender sus dulces y volvía a la chacra: Aquella; a quién escribiera versos un día, viéndola en el trajín de sacarle monedas al peral. Por fin el trago, de nuevo el campo, un mate, la siembra. Y en Emilia, su destino.




en homenaje a mis abuelos

foto :daniel muchiut-http://www.fototallerchivilcoy.com.ar

martes, 12 de febrero de 2008

Continua mente, de la MIRANDA


Ni coordenadas ni azahar, fallas del tiempo .Se encontraron de frente fuera del agujero negro .Exótico medio en el que estaban paradas. Un pico de águila inmenso (de pié en él estaban volando)
Ella era ella.
Pero eran dos: Juana de la Miranda, sevillana y Juana Miranda, argentina.
Viajaban mirándose sin poder hablar. La una se preguntaba de la otra, a la vez que se estudiaban poco a poco.
El ave tan inocente en su vuelo, gigante en ese espacio, pareció decidir: se inclinó rozando el asfalto imitando un aterrizaje. En ese juego las mujeres cayeron.

Cambió el escenario.

Ambas caminaban, se dijeron a sí mismas "esta otra tan disfrazada y perdida, al menos camina como mujer normal"
Pararon a la par...Juana la argentina tenía solo una mínima enagua traslúcida… La sevillana un montón de telas apretadas a corsette. Una descalza la otra con botas altas inculpadas de cordones.
No pudieron más:
quién sos , de dónde salís así
quién eres mujer como te animas a salir de ese modo

Se dijeron sus nombres...sorprendieron más .Las preguntas caían como granizo: fuertes, golpeando; como haciendo huecos para verse adentro...Edad, procedencia, qué telas tenían sus ropas, sus pies, el cabello y ese preocupante parecido como espejo que tenían .No había forma de comprender; pero se entendían aunque usaban palabras tan antiguas o liberales según la que hablara. No. Decían, y se espantaban se alejaban se volvían; todavía no llegaba el atrevimiento de tocarse.

Juana Miranda era expansiva decidió contar como apareció sobre el águila...estaba en su cuarto puro verano no aguantaba el calor ,subió a la terraza de su edificio en el piso 33 allí se encontró con un tipazo vecino que la daba vuelta y se refrescaron en la pileta compartida .Después la charla , un pucho las gotas bajando , la noche por techo hicieron de las manos un lento concierto...el reconoció sus párpados que parecían pegados a los muslos...ella viajó mansa en el tren de sus vértebras .Sudor con vapor más que cómplices ...al fin emprendieron el vuelo....se elevaron ,ese Buenos Aires del 2007 era una cuna de luces , que empujaba hacia arriba un piano con Piazzola , envolviendo el tiempo...amaban...a cinco puntos del infinito.....
Se perdió por sus pechos el abrazo del hombre y se perdió ella sintiendo un beso erecto en la entraña. Creció un túnel desconectado atrapando esencias…
Hasta el pico del águila....sola.

Se sentó .Aún en la presencia del orgasmo, evocó sin comprender ese suceso mientras armaba un ovillo con su cuerpo de silencio y los pezones acusando.

Juana de la Miranda...sentía fugarse su aire...sus ojos abrían, casi estupor casi lágrima .Abrazó apenas a su casi ya compañera…retrocedió enseguida .De espaldas con pudor se empujó a contar lo suyo.
Era media noche, en su casa solariega todos descansaban de temprano; menos ella, el calor era imposible .Aflojándose un poco las ropas decidió salir al parque...no se había animado a quitarse demasiado por si algún grupo gitano habría acampado cerca, solían hacerlo en su Sevilla bulliciosa de 1807 .Caminó hasta la alberca...se metió vestida. Tenía que secarse para entrar a la finca. Pero también había un hombre en el agua que salió con igual propósito, se enfrentaron en una curva del sendero. Ella se había alborotado pero en su recato y temor no podía ejercer un paso....él se presentó como Mauro con voz calma que tranquilizó a sus pies .Por lo que siguieron andando, hablaron de sus hábitos distintos, de las sierras que rodeaban el sitio, de los perfumes que viajaban la noche hasta que subieron a una de las cimas Morenas
Las ropas pegadas un beso en la mano... estrella perdida atrapó el abrazo y hubiera muerto sino seguían...
Le costaba continuar el relato, solo agregó que ahí tan alto sintió como nacían sus pechos, como un filo de hombre la conocía....y volaban .Los dos conscientes que amaban....a cinco puntos del infinito.
Se colaron en un túnel peregrino comunicándose esencia…
Hasta el pico del águila... sola.

Se apagó la voz.... sus manos cubrieron el pubis....se sentó junto a su siguiente vida dos siglos después…
y entonces el abrazo de las dos fue prolongado y comprendieron.....

Solamente, la confusión fue del tiempo.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Será de un 2006 en más…




a Violeta Cielo


Eva, que me seguirá un día, será guerrilla, reina, seda, amor, y el agua.

Tendrá el posible de las musas y las lobas. El horizonte con fronteras de sus pasos llegando al arco iris.

Vestirá el gesto de mis hijos, las pasiones, las pancartas, la terquedad de no dejar de perseguir toda utopía.

Eva no cederá.

Eva pondrá cuero.

Eva volará más lejos que su madre/padre y la madre de su madre/padre.



esto fue escrito en 2005
ahora tiene fecha de nacimiento 23-12-07 y nombre
y sé que mi primer nieta es de mi hija,gracias sangre mía...

sábado, 22 de diciembre de 2007

Perfumes invisibles




Antes, antes de ese amanecer; ella lo sabía o lo creía, o ambas cosas.
Él era el mito, la caja de música constante

Cuando lo conoció pasaron horas de lluvia y manos profundas, paraguas comprado y frases seguras. Tanto.

Él no usaba perfume, desnudo descubría un aire fresco debajo de sus brazos.


Intrascendentes y circunstanciales las galerías Pacífico, ponían una luna llena plástica y consumista; al explayado balcón. Así era el primer encuentro artificial y natural. Mundanal de shoping y de pasos de show. Parecían Bonnie and Clyde de tiempo flamante, en un Buenos Aires indiferente. Sólo cuando él acercaba susurros a las gotas de esencia en su nuca, un oasis ocupaba lo urbano en punto y aparte.

Huían siempre huían de sus algos, sentidos o inventados; pero no era cuestión de darse cuenta. El engaño era no dejar pasar la gemelidad de las palabras. Y hubo trechos sin perfumes que giraban mejor que cualquier voz y gemelaban de verdad.

Cobró espacio transcurrido, un sin verse. Los perfumes desvanecen o quimeran, o se tornan dueños de las cosas en otros ornamentos. Asombros cobran cuentas, revelan que una evocación no perdura igual, en el ser bálsamo de las personas.

Después de aquellos amaneceres, en la única vez que se hallaron de nuevo, ella cerraba el mito; percibiendo el piso real. Él no sería quién volviera al perfume de su nuca.
Ahí fue donde comprendió una frase anónima que alguien le diera como disparador:
"A veces el tiempo tiene perfecciones y miserias hasta en los más ínfimos actos de su transcurrir."

domingo, 16 de diciembre de 2007

“Halló cartas en una alcantarilla”…






Había sido ciudad de mitos. No podía recordar nada más que los días después donde ya no era.

María ,escritora y Pablo, periodista, eran extranjeros; fueron allí en busca de datos distintos cada uno. Pero así como circunstancialmente cruzaron sus pasos al llegar. Así causalmente siguieron juntos, en el desaliño abandonado, que sólo les silenciaba secretos sin moverse ya nada.

Resultaba riesgoso, para mantener la calma, aventurarse a descifrar la utopía sedienta de llenos que parecía gritar el vacío. Percibían que un efecto “limpieza profundo” de rastros se había efectuado, donde nada tenía que perdurar para ser testigo y menos testimonio.

Irse era inminente, las cuevas del pensamiento se estaban cargando demasiado. Un giro, una zapatilla que se frena y la revelación que los detiene, baja la vista. Casi normal, aunque algo corrida, una alcantarilla denunciaba que lo urbano estuvo ahí; junto con esa bolsa pequeña, impermeable, bien atada, sobresaliendo incierta en el extremo deslizado.

La necesidad del indicio movió las manos, levantarla abrirla vaciarla fue arrebatante; casi sudando, casi como espías detrás de una cortina íntima. Un manojo de cartas cayó ante sus ojos. Exacto instante en que comenzó a lloviznar, mientras leían nombres tras nombres, remitentes, sucesos, amores, noticias del lugar que había sido. Sin darse cuenta empezaron un alejarse del sitio que tomó vida. Regresó el ruido, palabras risas notas.

Cuando subieron al auto estaban convencidos, ciudad hubo, era ella la que lloraba, no lluvia. Ya no había vacío. Y al fin había recordado la geografía de quién fue y desde los destinos de esas cartas volverían, había logrado denunciar su destrucción.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

¿Cuánto cuesta?





Hay quienes preguntan, por escasos, y otros, por excesos, jamás preguntarían.

Renata, pertenecía al primer estrato, ¡Ja! Sí, debería reírse satisfecha la narradora; en ciertos casos, al fin, se está primero; sino sabría que hoy no es verdad real, sólo un capricho literario. Pero alguna vez…alguna vez podríamos proscribir estas pirámides que mucho tienen de aquellas, las del Nilo…
Le alcanzaba, era como encontrarse su digna adentro. Pagó. Volvía lisa, por un rato, su áspera no maldecía desde el monedero.

Llegó. Genaro cargaba batifondo, golpes clavos ritmo inquieto y apurado; un adagio andante allegro vivace, se anunciaba por la casa.
Los dos en sorpresa, los dos en asombro. Dos regalos, para quien sería una identidad reconocida. Ellos eran uno solo en coordenadas y dos cuando les brillaba el silencio y sus afanes necesarios.
Desenvolvió su paquete, él dio su último fine enmartillado. Se descubrieron, una tela sabanitas de crío ella, cuna él; y un “para el que viene” a todo unísono. Los dos lo confirmaban.
Tendrían el hijo en unos brazos más de lunas. Serían, un acompañarse juntos de tres; por pasos, en guía hacia la acrobacia propia. Había proyecto y manos artesanas. Había presente y apetito de futuro sin cautivos.

Eran dos de esos, de la sana costumbre, sabían lo que cuesta. Querían y podrían.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Autenticidades







Estaba vestida de damasco, sabía a damasco, con el blanco del jazmín regando escote.
Había jugado con plumas; que el roce los ojos, que el verde el pezón y los mantones deslizados.
No le hacía falta canción que la bautizara señora de todas las putas, ni felicidad ® que por comprada le daría las agriedades de aditamento artificial. No, tampoco era necesario un amor inteligente o sometido, mentira de la cultura y del buen dios.

Era mujer como cualquiera de su género, de nombre nombrado al nacimiento, tanto podría ser la Magdalena o María, pero siempre la sabedora de que el destino es el destino.

Y ahí estaba en complicidad aún en ausencia, con su amor surgido impredecible, trabajado. Único. Con los trenzados de alejarse nunca demasiado ni secarse su aljibe por excesos. Ahí estaba. Entre sábanas urdiendo la lectura en soledad de a veces, o rompiendo las bolsas de las fuentes con su hombre, cuando se olían en presencia.

Y algunas, sólo algunas noches, simplemente cuando el silencio sin razones, provocaba. Desvestida del damasco, esa mujer se masturbaba.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La iniciación

Ella tenía su nombre de documento, era una mujer en lucha; pero entre su atadito en la cintura, había un cartoncito .Un boleto de tren, ese que levantó, cuando era una niña aún, en la estación más próxima a El impenetrable y estaban volviendo a los montes que dieron nacer a sus padres.
Lo había tirado una mujer extraña, que la atrajo como una estrella sola, en medio de un cielo nublado Tenía la bruma a su alrededor, la exaltación del fuego que despedía, acaloraba el anden, como si fuese saliente magma de las entrañas de la tierra. Sintió que alguien la llamó "Simple mente”. Se sorprendió que la tremenda imagen se diera vuelta, extendiera una mano al horizonte, que parecía ser el único presente de donde venía la voz. Cuando se preparó para presenciar un acto como agorero, como esos que inventaba en sus juegos, el andén se vistió de arco iris un segundo; se posaron todas las palomas de los techos en cada franja y un trino de campanas impulsó a su nariz un aroma que penetraba. Inmenso. De azahares de naranjo.
De pronto ya no quedaba nada en el andén. Miro a sus padres, a los demás viajeros nadie puso cara de ¡Oh...Virgen santísima! Nadie se estaba persignando espantado. Se dijo es tuya la visión, ¡te han aceptado!
Levantó el boleto y detrás escribió: te bautizaron " Simple mente".
Supo que nunca saldría de El impenetrable, y que las tierras a donde iban serían su rueda, su fogata.
El lugar donde sus juegos se doblarían para recibir a la wichi, simplemente, que ya era.
No le dio la mano a su madre.
Un paso firme la sacó del andén. Tenía sus dedos en la cintura donde colgaba su bolsita de hierbas silvestres que la atrajeron de siempre; mientras una niebla tibia la seguía anaranjando poniendo silbos por su boca.
Era solo placer de cinco sentidos. Apreciación de tribu, que la nombraba "Simple mente".
Quedaron atrás los rieles. Paralelos. Brazos. Los de sangre la estaban esperando.

La confirmación...
Fue por parajes de tierra polvorienta.
El carro casi retirado de girar por los años quietos debajo de un tinglado de ramas secas, intentaba el apuro de pasar los vados agrietados. .Nada daba resultado no había agua ni en los picos de los colibríes. Sus familiares mencionaban acobardados un extraño cultivo compulsivo, como causa de pérdida de vegetación, sequías o torrentes por súbitas lluvias que todo lo llevaban. Soja era el efecto que se veía alrededor.
Simple mente, ausente del espacio árido, apretaba preguntas y respuestas a sí misma: Lo viste todo. Te asombró pero ¡sucedió! Me siento entrada a la heredad que me pertenece; como si un gesto de aquella mujer me hubiera crecido.
Sí. Cuando tomé el boleto vi mis ropas cambiar. Mi cuerpo ocupa una historia legada de siglos.
Algo tendremos que hacer juntos este pueblo y yo; por que la tierra vuelva a florecer monte y hermanos con vida.
Percibo.


Percibe hoy, que con su comunidad andan aullando, simplemente por todo, todavía.





gracias a
Elena Poniatowska (México)que con su personaje Lilus Kikus inspiró el nacimiento de la niña de este cuento con su propia idiosincracia y realidades difentes.


domingo, 11 de noviembre de 2007

Secreto de putas



vete con dios-me dijo con un rictus de tristeza, y volvió a su
vida real
-
...(“historias de las putas tristes” de g.garcía márquez)


Su vida real, ¡era esta su vida real? .Pura, la griega, que seguramente ya nadie recordaba en Milea; allá donde quizás su vida había sido real, allí donde su nombre es Aikatharina Milabas. Cuando llegó, la costa caribe la envolvió en un arco iris desconocido de palabras, pieles, destellos, follaje y olores.
Diez años habían pasado desde que la siguió del puerto, Engracia, menuda entonces para sus cuatro años; sus dos ojos como caracolas de miel le bailaban tan grande que Aikatharina había sentido que la recolectaba su colmena interior como bienvenida
Hoy era Pura, de tanto explicar el significado de su nombre, eligió quedarse con él.

Engracia también había elegido esa mañana y la bendijo. ¿Acaso las madres no bendecían a sus niñas cuando se casaban? Eso había sido ojos miel para ella (secreto de putas). Ambas lo sabían, ni la una ni la otra tenían alguien de su sangre conocido. Ni la una ni la otra tenían claro su designio. La Milabas soñaba ser arcángel de su canto, aquél viaje creyó abrirle las puertas de la ópera. Pero la gran mentira era la vida, y el director de orquesta un vende muchachas desprovistas. Al fin ella también había elegido: cantar para ella en las mañanas y ser su propia dueña por las noches; antes que un hijoeputa se enriqueciera de su cuerpo con excusas de ubicar su voz.

Así fue puta, fue ama de su cama, crió a Engracia preservándola. Pero Benito Batista, el sí era un señor decían, diez años saciándole el deseo, él pagaba y todo en regla.
Jamás pudo pensar que desde entonces; su mente en desfasado se había calentado con Engracia, se había enamorado con Engracia, se había acostado con Engracia siempre en su cuerpo, en el de Pura, y le pagaba.
A medida que Engracia formaba sus pechos caderas, su sonrisa dulce más envolvía.

Esa mañana en un abrazo interminable había subido al barco con un gracias madre en la boca. La bendijo como si casara con su propio regreso. Volvía a Grecia por ella. Olería Milea por ella. Sería budza por ella; como Pura ahora era puta por todas las Engracias ingenuas que ataca el desorden del orden mentido. Ya volvería.
Ya volvería Pura también al mediterráneo, quizás cenizas, pero ahora no urgía; tenía una hija a quien proteger.

Comenzó a ordenar la anarquía de su cuarto. Se dijo, carajo acá no más.
Benito había quebrado a su paso todo, hasta los espejos. Vociferando su lujuria perversa cuando supo que Engracia se había ido.
Pura no necesitaba los espejos, por fin sabía quién era y a qué había venido al nuevo mundo
Sería ella ante el hombre que la ame sin paga y sin reflejarle a ninguna otra mujer.

jueves, 8 de noviembre de 2007

“Para Elisa” para Laura…


Muerdo del anzuelo, y vuelvo

a empezar de nuevo, cada vez…

"costumbres argentinas"

andrés calamaro



Se puede caer. María tiene tesón. Los circos y las costumbres argentinas se parecen. Corrientes de abismos, resbalarse de las cuerdas con red, sin red; resistir.

Y ella vuelve a trepar. Juan sabe que tiene una tercera dimensión en su cuerpo, que la comunica desde un raro sustancial, incluso con Beethoven que le liga desde Para Elisa: el trance, la seguridad de que alguien ofreció esa música para ella, por eso la deja fluir bajo la carpa del circo. Sabe que no volverá a caer.
Por que María no tiene a nadie, se hizo familia del circo, por eso busca respuestas desde el trapecio. Sabe que por el aire están los secretos de su infancia y por el oscuro agujero negro de la caída, la revelación de por qué no sabe quién es.

Aprendió a ser, de bebé a niña en una casa hosca, mandataria; llena de palabras escondidas ausente de respuestas. Decían somos tu familia y no había un puto abrazo que lo confirmara. Percibía un odio en cada orden, mientras le repetían no serás germen de semillas fermentadas. No entendía. Y apretada en tanta represión, la adolescencia la empujó escape. De trenes a rutas, de pueblos a fronteras, de equilibrios al diario que pedían empleada para boletería de un circo. No era un gusto estar inactiva detrás de una reja, algo en sus genes la repelía. Por eso rogó a Juan le enseñara a volar, nada en miedo, siempre en búsqueda.
Su número alternaba de fondo la música de sus musas, Claro de Luna sonaba esa noche por primera vez en Buenos Aires de nuevo; bajo la carpa del cirque Soleil.

La fama del espectáculo era mundial. Demasiado caro para Chicha que deseaba llevar a los nietos que le llegaron después de aquello. Fue con ellos a ver los carteles, la fanfarria de atracción en la puerta; la actuación había empezado; se oía a Beethoven desde adentro.
Recordó a Laura, cuando embarazada pasaba las tardes ante el piano enamorada de su música, acuciando el miedo que nunca imaginó tan monstruo. Nunca más supo de ella y su nieta, siempre presintió una niña. Corrió, corrió tanto entre cuarteles, gobierno e iglesias. Nada, mentiras de una época que la trituró como si hubiera caído de ese trapecio de la foto. Tenía en el bolsillo unos folletos que prepararan en la sede de Abuelas, con sus compañeras de búsqueda y de resucite; los sacó y comenzó a repartirlos impulsada por las notas que oía, algunos los tiraban sin mirarlos en esa indiferencia que muere la calle últimamente.

Terminó su rutina, ese día necesitaba ver el claro de luna afuera, ingente, llena como escrita de presagios. Levantó un papel distraída en la contemplación, Juan se puso a su lado, siempre Juan a su lado; miró las manos de ella y por curiosidad leyó el texto en vos alta. Causalidad.
Fue una sonata, una sinfonía un concierto por todos los parlantes inéditos de las bocacalles.
Al día siguiente fueron. Otro vértigo otra cuerda, ahora sí la ansiedad, el miedo de no tener certeza y sí.
Fechas, coincidencias, ADN.
Era Elisa su nombre, la hija de Laura, la nieta de Chicha.

El circo y las costumbres argentinas, la llevaron con Beethoven a saber cuando un abrazo es familia; siempre con Juan a su lado: su amor compañero.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Contra el muro



Detrás, detrás, detrás; caballo y galope atacado; delante, lante, lante en los ojos de Inot. Un flash, dos flashes, tres y más y más…, cada árbol un bosque se juntaba en su propia estampida. Se decía en esa especie de vértigo delirio: sos Inot, veloz, saltar, saltar, muros, saltar… (todo era un rugido latir del galope)
Si alguien chocara al paisaje, igual no podría con él, solo se veía la línea de una carbonilla negra casi volando detrás, casi empellando delante; que zigzagueaba y se descorría como una mina de carbón abierta por el vientre.
Inot llevaba la búsqueda, el evite de pérdida adentro, la consigna de ser de acero, resorte que pueda; mientras la voz…la voz…picaba en aliento su martillo de oído…más Inot…más Inot

Allá el muro, oscuro humedecido intenso; espada hacia arriba, montaña de ancho. Sin siquiera plantearse ser traspasado, se transcurre en poder de infranqueable, se deja seguro.
Después la cueva, la reja, el tiempo de aura de aparición en hembra; morada cerrada por odio de celo. Allí Surindia solo permanece, sabe que se brilla en luz que se muere encierro. Flamea y refleja cintura cadera pechos gacela, con olor a cruda. Sobrevive. Gracias a la voz que le susurra entre un rayo de armonías que salen de sus manos. Porque Surindia es maga puede sonar chinchines en su boca, hacerse vestido con los pétalos, perfumar su cabello con los ojos, pintar la cueva con sus piernas…saldrás Surindia…sólo espera

Dos voces se pararon sobre el muro, lo acusaron en hueco de sus timbres…sos de lluvia…fundite cause
En el preciso instante que caballo e Inot emprendían el salto homicida de estrellarse; sólo lluvia abrió paso al decidido; sólo lluvia movió barro desvirgando los barrotes, sólo lluvia mojó el cuerpo de Surindia.
Se puede, podemos, con los muros.
Sólo lluvia vio el abrazo del jadeante y la señora de la calma, bajo el cielo de esa noche con dos voces.



viernes, 19 de octubre de 2007

Tributo popular (r/evolucionario)





Saca que saca chispas, la cumbia en el parlante.

Chorrea el sol, anuncia, aunque hay invierno rezagado por la calle, varias sombras se desatan. No necesitan la perfección de sus contorneos ni un coreado de alta fama.
Van queriendo ser. Bailan fiesteando la tarde, un carro, un tren improvisan bailanta. ¿Quién escucha? Y el silbato desde la estación contesta, ¿qué color? Y explotan a risas juntas: ¡un rojo!

Che Rulo colguemos el pasacalle, ayudá!, mi sombra ya sube escalera. La escriben, la tienden.
La Miya le suma sus cerrazones chinescas, aparecen pájaros, elevan la tela; la Colo sombrea un pañuelo, recibe, despide, alegra el propósito.
Tan seguros, compactos; adentro de lo soleado, inspiran respeto, hasta les piden permiso los transeúntes para pasar entre ellos.
Listo. Se explayó el pasacalle; y el parlante sigue poniendo los gritos de flores en la gala.
Leela vos Loqui. No me jodas, lo de loqui no me cae, bautizame en grande: loca de lunes; así, sí me va.
¡Leo!: Bienvenidos a la calle de los permisos. Y cada sombra salta, se apropia de sus cuerpos, aplaude y ríe.

Ahora se sienten ellos.

viernes, 5 de octubre de 2007

Gemelos







Y si, yo lo parí, dijo Casildo. No estaban muy lejos del poblado donde se arreglaban los conchabos por temporada; podían no haberle preguntado nada. Entre esa tierra roja del camino, a veces abrir la boca era lanzar serpentinas teñidas del paisaje y alguna quedaba raspando adentro.

Pero dos comadres con el peón que echaran los Ledesma, se intrigaron. Le dispararon la burla primero aunque querían saber la razón de lo dicho. En las pelotas no se gesta un crío don, y usté no tiene pinta de mariquita pa andar soñando maternidades.

Casildo, con arrugas y achaques, llevaba su cara tan ufana como su gesto cargando al niño. Sonrió como quién se toma tiempo, ante los curiosos; sonrió como todo padre lleno de orgullo, sonrió cuando dijo pausado. Metí la mano, lo acomodé y en un pujo de resto de la pobre diabla; lo traje al aire, corté la tripa, lo envolví en el poncho .Le di la bendición a la madre cuando ya no estaba en este mundo, donde sola su cuerpo tenia por familia.

Les dije, lo parí. Anduve de montañas a papeles de abogados, de jueces a señoras agrias de patronatos de menores; hasta que con mi mujer entendimos y peleamos desde lo natural que es lo más sano. En lo que llaman lo legal, entraba el asco, la discriminación a nuestra humildad y la pobreza. Ni que hablar que nadie se paraba a pensar en el niño. Nosotros somos safreros, viajamos a pié como ustedes de predio en predio, sin domicilio conocido nos registraban en tanta planilla que ni para remate sirvieron.

¿Y consiguió la tenencia? Preguntaron los curiosos de antes, ahora turbados por el amor incondicional sin valores de mercado; esos que ponen precio a la caña de azúcar y determinan el magro pago a destajo que siempre reciben.

Casildo se paró, esperó que se acercara su mujer, Juana venía retrasada con un bebé de pocos días en los brazos. Sólo cuando pasó su brazo por los hombros de ella contestó. Sí, somos grandes ya pero no teníamos hijos, por esto de andar errantes; y en esta corta vida que se alarga en sucias trastadas de política y donde nuestros brazos se repiten en los siglos para ser los trastos acopiadores de los altos ingresos que esas gentes se gobiernan y se pagan. Entonces nos dijimos y si alargamos nuestra historia de pasados en este presente rudo repetido de cansancio y dejamos al futuro dos crías con la fuerza que podamos enseñarles; y quizás de los fracasos de ser ambulantes de los días de cosecha a cosecha, de sí patrón a sí patrón; dejamos dos hombres que se animen a decir No cuando sea necesario y crezcan motivadores de juntarse grupo para reclamo y proclama.

Una noche oscura hicimos el amor, sabiendo que esa era la señal, la pachamama hacía que veía nuestros genitales casi cansados del todo. Nació el Ernesto, prendido ahora al pecho de su madre; parió sola en el monte con mi ayuda. Cuando fuimos a anotarlos eran gemelos, los que habían nacido, dos cumpas de la cosecha pasada fueron los testigos del parto. Firmaron como lo legal manda.

Si, tenemos los papeles, Ernesto y Fidel, este que cargo de ojitos vivaces y mi sonrisa es un poquito más grande por rarezas de la naturaleza nomás... Así que la patrona y yo parimos juntos y a la par dos hijos.

Y los presentó a todo el grupo que como enfrentado a la utopía de lo posible para sus propias proles, siguió caminando con la sonrisa contagiada de Casildo (esa que dice más que un pensamiento y sirve para tomarse tiempo para contestar lo justo). Iban detrás de la familia recién conocida, cómo si fueran siguiendo cimientos en cierne; referentes nuevos de una lucha social que sabían, deberían emprender en tiempo.